Lucas, Nahuel y Gregorio esparcieron las cenizas del fanático Decano en el césped de 25 de Mayo y Chile: "No lo pensamos dos veces, era lo que él quería". Fotos y video de la historia de un amor inmortal.
Luis Raúl Soto, Víctor el Negro Morales, el Mono Campos... Recuerdos imborrables. FOTOS Familia Soto
“Siempre te voy a alentar / porque al Decano siempre lo sigo / De corazón, yo vengo a verte / Te alentaré hasta la muerte / Yo voy con vos adonde vas / Y cada día yo te quiero más”.
Luis Raúl Soto está de pie en el sector 1, cantándola. Está pegado al alambrado por entonces cuadrado, sacudiendo ese alambrado y gritando con fuerza, cada vez con más fuerza a medida que ahí viene, que ahí viene Atlético, asomándose por la boca del túnel, y que explote el Monumental.
“Sí, sí, señores / Yo soy Decano / Sí, sí, señores / De corazón /Porque este año / De 25 / De 25 / saldrá el nuevo campeón”.
Luis Raúl Soto ahora está adentro del Monumental, pisando el verde césped de la cancha. Faltan unos minutos para que empiece el partido, pero hay tiempo para una foto con Víctor Hugo Morales, con el Mono Campos y la Loma Negra, la camiseta Unisport inolvidable de los 90. A Luis se le abren las puertas del Monumental desde siempre, pero por entonces se daba gustos como sacarse foto con los cracks de aquellas épocas gracias a su trabajo como administrativo en el club.
“Y más hoy yo te vengo a decir / Que el día que me muera desde el cielo alentaré / Porque todo lo que siento seguro lo he de llevar / Porque dentro de mi alma tu estarás…”.
Luis Raúl Soto ahora está en su casa con su familia, viendo por Fox cómo Lucchetti hace que el mundo se detenga y ataje la pelota del año. “Mi papá conocía mucho de la historia de Atlético. Pero siempre me dijo que nunca hubo un arquero como el Laucha”, relata Lucas, su hijo, quien abre su corazón Decano para contar la historia de su viejo y glorioso padre, cuyas cenizas descansan desde diciembre en el césped del Monumental.
Luis Raúl Soto falleció, a los 59 años, el 27 octubre. La familia está despidiéndolo en Flores. En un momento determinado de la noche, su hijo Lucas, su sobrino Nahuel y Gregorio, hermano de Luis, se juntan para ultimar detalles y cumplir con el sueño del padre, del tío, del hermano, “de mi amigo”, como le decía su propio hijo. “Esparcir sus cenizas en la cancha era un comentario que mi tío Luis hacía al pasar. Se lo hizo a mi primo. En ese momento mi viejo agarra y nos dice que vamos a hacerlo, así se hizo”, cuenta Nahuel, sobrino de Luis.
“La cremación y que sus cenizas estén en el Monumental fue algo que no lo pensamos dos veces. A veces mi vieja le decía a mi viejo: ‘¿Vos de quién sos?’. Mi mamá esperaba que le respondiera ‘De vos’. Pero mi papá siempre le respondía: ‘De los decas’. Fue un tremendo fanático, durante los partidos movía las piernas como un jugador, parecía que él definía las jugadas. Un día se golpeó fuerte las rodillas. Medía 1.90, era alto como yo”, lo recuerda Lucas, con las pausas necesarias que merece la emoción.
El último partido que vieron juntos los Soto fue la semifinal contra Rosario Central, por la Copa Argentina. A Luis Raúl le gustaba mucho este equipo, el del 2017 inolvidable. Pero también remarcaba errores y destacaba virtudes: “Cuando ya no podía ir a la cancha, teníamos una cábala. Después de cada partido, me llamaba y yo le contaba cómo se había vivido el partido desde las tribunas. Me decía que el equipo adelante era una Ferrari, atrás un Fitito, y la chapa patente era el Laucha”, recuerda Nahuel, quien no pudo volver a la cancha para ver a Atlético por unos partidos, pero retomó valor y coraje y viajó junto a su primo Lucas a Mendoza.
Bajo ese cielo mendocino, bien celeste y blanco, los primos Lucas y Nahuel se acordaron de Luis Raúl todo el tiempo: “Fue muy difícil. Lo vivimos con mucha emoción, a moco tendido. Era su sueño, seguirlo a Atlético a todos lados”, se emociona Lucas, quien fue el encargado de tomar aire y encargarse de entrar al Monumental sin hinchas, en un profundo silencio ante la familia, un Monumental testigo del momento cumbre: Lucas esparciendo las cenizas de su viejo en el arco de la Chile, en el área donde el mismo Luchetti coronó su noche de gloria, donde ahora Lucas, acompañado de su sobrinita pelirroja, termina de cumplir el sueño de Luis Raúl. Es en ese momento que aparece la hinchada. Es la hinchada que conforman todos los hinchas que legaron el sentimiento, la que alienta desde el cielo, la que recibe a Luis Raúl y empieza a cantar, todos juntos, otra vez: “Viejo y Glorioso Decano / De corazón sin igual / La banda te lo agradece / Y te alienta hasta el final”.