El equipo de Forestello extrañó a Bieler en la puntada final. El Santo tiene vuelo propio, pero no pudo pegar el despegue definitivo en el campeonato. Quedaron todos los equipos juntos en el sueño por el ascenso.
San Martín empató ante una multitud. Foto CASM Oficial
Las cartulinas rojas y blancas armaron un mosaico inolvidable con el último rayo de sol iluminándolo. Son las mismas cartulinas que, durante el primer tiempo, los niños agarraban con todo su ingenio y las transformaban en avioncitos rojos y blancos para surcar el cielo del partido. Valga la imagen para resumir el clima de fiesta que se vivió antes del partido y que, con el empate sin goles, dejó la sensación de un vuelo postergado.
Porque este domingo Ciudadela se preparó para pegar el gran salto, distanciarse de los equipos de cabotaje y despegar hasta lo más alto, bien arriba, ahí de la Crema, a un punto del cielo. Ya desde el mediodía se respiraba clima de campeonato, de final. Las parrillas bien cargadas de carbón y choripanes, las latas de medio por todas partes y hasta un asado de las glorias del club en Balcarce. Ya en la platea estaban el Bomba, el Hueso, Cococho, Pichón, Troitiño, El Eterno, Jacinto y un pedazo de historia tan pero tan grande de San Martín que hasta entraron a la cancha con uno de esos parlantes tamaño grande por donde sonaban cumbias y chacareras.
Enrolladas las cartulinas para ver el partido, Gonzalo empezó en formato turbo y se anticipó a todos para quemarle las manos al arquero de Instituto, número uno en hacer tiempo y vender humo con los alcanzapelotas. Eso dejaba en claro que aquí el protagonista era uno solo: San Martín fue el único que quiso ganar, pero volvió a quedarse dormido y perdió el vuelo en el primer tiempo como le había pasado contra Almagro. Sólo Damián Arce era el único capaz de desequilibrar a una defensa con más dudas que un vuelo chárter.
El complemento, mientras los chicos tiraban los avioncitos rojos y blancos, Arce empezó a viajar acompañado: Galeano se desabrochó el cinturón de seguridad y Matías García empezó a pilotear la nave hasta llevar peligro al área cordobesa, cargada de nubarrones y turbulencias cada vez que la pelota cruzaba el área chica y nadie llegaba a empujarla. Porque fue al cuarto desborde entre Caco, Maxi Martínez y Arce que todos los pasajeros de esta ilusión se acordaron del capitán que faltó a la cita por amarillas: ¿y si esta noche estaba Bieler? Siempre es más fácil con el diario del lunes, pero quedó la sensación que con Taca en cancha el gol llegaba. Nico
Benegas no estuvo a la altura y si bien el ingreso de Pampu González aceleró el ataque, ni él ni Gonzalo ni nadie la empujó a destino.
Forestello también habló del diario del lunes. Dijo que le hubiera encantado despertarse mañana y verse ahí arriba, blanqueando totalmente sus deseos de liderar el campeonato desde esta fecha. Pero no fue a presentar ninguna queja por los dos puntos perdidos esta noche. Celebró el carácter de sus jugadores y coincidió con la última sensación que quedó flotando en Ciudadela: era el partido del despegue, sí, claro que sí, más vale que sí, pero ninguno de los otros equipos ganaron y la fecha sigue igual que antes, todos apretados como cuando la azafata nos dice que metamos la panza, nos abrochemos los cinturones y disfrutemos del vuelo. Un vuelo ante Instituto que tuvo la ansiedad de ese pasajero que tiene la posibilidad de subirse a un avión y tocar el cielo por primera vez. Pero un vuelo que, al fin y al cabo, no es el último: quedan cinco pasajes abiertos de aquí hasta abril y el destino lo define San Martín.