FALTAN 4 DÍAS

Maxi Martínez deja todo para lograr el ascenso: "Doy la vida por San Martín"

De chico iba a la Bolívar con su papá Ramón, gritó los goles de Campodónico y se fue de All Boys para alentar al Santo en la consagración de Catamarca: "Hace un año y medio lo vivía como hincha, ahora sueño repetirlo como jugador". Nota al fanático que juega en el Santo.

26 Abr 2018 - 18:57

Maxi Martínez, alma y corazón de San Martín.

Tenía 15 años Maxi Martínez cuando Campodónico sacudía las redes dos veces en un par de minutos aquella noche del lunes 26 mayo de 2008. Ese día estaba pegado a la tele, viendo el ascenso a Primera por TyC Sports. Y ese día, cuando Beligoy dio el pitazo final, ese día se abrazó a su papá Ramón, el cultor de esta pasión que siente por San Martín. "Mi papá siempre me llevó a la cancha. Empezamos yendo a la Bolívar, después nos pasamos a la Pellegrini y ya cuando jugaba iba a la platea".

El recorrido como hincha de Martínez sigue la tradición de muchos y la rotación que llega con los años: primero en el quilombo de la hinchada, después un poco más tranquilo pero igual de apretado en la popular de costado y ya más grande sentado. Pero la pasión no cambia. Ni aún lejos de San Martín: "Para el último ascenso de San Martín contra Unión Aconquija, yo jugaba en All Boys. Me vine de Buenos Aires. Ganamos en Catamarca y ascendimos. Yo estaba en la tribuna. Pensar que hace un año y medio yo estaba ahí y ahora tengo esta posibilidad como jugador, dentro de la cancha, es una emoción inexplicable".

Son las cinco de la tarde de este jueves y Maxi Martínez acaba de levantarse de una siesta reparadora. No hace falta, pero lo mismo se le pregunta con qué estaba soñando. No hace falta, pero lo mismo le contesta a eltucumano.com: "Te juro que estaba soñando con el partido del lunes. Terminaba con el pitazo final del árbitro y yo me tiraba en la cancha, llorando. Todos los días sueño con lo mismo".

El Ciruja que Maxi lleva adentro le sale por todos lados. Cuando entrena: "El lunes estábamos en la práctica mientras jugaba Riestra-Aldosivi. Pensábamos y preguntábamos cómo iban. Cuando nos dijeron que ganó Riestra, pegamos un salto en plena práctica y estábamos tan felices que le dijimos al profe que hacíamos 20 pasadas más". Cuando camina por las calles: "Todos los hinchas estamos iguales. Salgo a caminar por el centro y me piden una foto, me dicen que todos juntos podemos, te empujan a dar todo". Y cuando juega: "Contra Los Andes todos se acuerdan cuando me tiré de cabeza contra el botín del delantero para que no se vaya. Eso es lo que siento, así lo juego, yo por San Martín doy la vida". Esa entrega por los colores y la causa la demostró también desde que se recuperó de una lesión que arrastraba, agarró la titularidad en Corrientes con el triunfo contra Boca Unidos y no salió más. 

Hay dos detalles antes de cada partido que no se le escapa a ningún hincha: Maxi es el primero en salir, con la cabeza en alto y el pecho inflado, y luego posa para la foto del equipo con actitud de guerra: "Sí, es verdad. Son detalles. Los compañeros me dejan encabezar cuando salimos a la cancha y en ese momento siento, quiero transmitir: "Aquí estamos nosotros, somos San Martín".

Faltan cuatro días para que estos jugadores salgan a la cancha por última vez: la ansiedad se siente a cada momento, en cada paso, en todas las redes sociales, en cada práctica, en cada pelota, y en la fe. "Dios está conmigo. Siempre voy a misa los domingos aquí, en la capilla de Alderetes. Dios no me falla nunca y me acompaña. Este lunes espero que me acompañe nuevamente", cierra Martínez, quien esta noche y hasta el lunes volverá a soñar otra vez con el pitazo final de Beligoy, con él tirado en la cancha, emocionado, con él abrazado a Ramón, como hace diez años, como desde chico en la tribuna de la Bolívar, como siempre.

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