El Monumental fue una fiesta en un partido áspero, duro, bien de Libertadores de los 60 y 70.
Foto: gentileza de Rodolfo Lobo, Soy Decano.
Una noche cien por ciento de Copa Libertadores fue la que se vivió hoy en el estadio Monumental, en el sufrido, trabajado y muy festejado triunfo de Atlético Tucumán sobre Peñarol por 1 a 0.
Lo vivido hoy en el José Fierro fue digno de los duelos entre argentinos y uruguayos desde los comienzos de la Copa. Pasaba allá por 1964 y 65, en las finales, con el Independiente que comandaba Roque Avallay superando a Nacional o al mismo Peñarol. O los mismos grandes del fútbol charrúa contra River y Boca, también esas décadas y por fines de los 80. Esos partidos duros, trabados, donde se veía mucha fricción y poco fútbol. Lo único que importaba era poner, poner, poner y ganar, como sea. Y así fue hoy.
Ricardo Zielinski entendió el partido que se jugaba y le transmitió a sus muchachos a la perfección cuál era la idea: a cara de perro y con el cuchillo entre los dientes. En la defensa tuvo puro huevos y corazón. Yonathan Cabral y Rafael García reventaron cuando tenían que reventar y salieron jugando cuando se podía. Por arriba fueron una garantía y solo se sufrió por costumbre, porque esto es Atlético: sufrir para gozar.
La tarea de los laterales merece un párrafo aparte, con descripciones por separados. Cristian Villagra fue amonestado en los primeros minutos y supo, aun así, arreglárselas para detener al carbonero que pase por su sector. Golpeado, cansado, extenuado, el Kity fue pura entrega y sacrificio durante los 97 minutos que se jugaron. Qué decir de la labor de Gabriel Risso Patrón, cada día más jugador. Dejó de ser el “pibe” para ser el “Gigante”. Metió, metió y metió hasta con una amarilla encima. No le importaba nada. Estuvo cerca de marcar, pero se fue por arriba del travesaño… era para cerrar el estadio.
Los hombres del mediocampo también jugaron su partido especial, con un Nery Leyes bien activo para cortar y un Gervasio Núñez que sacrificó su estilo exquisito para correr y luchar. Lo del Guillermo Acosta ya no sorprende. El Bebe es el motor del equipo en cualquiera de las funciones que le toque cumplir.
Foto: PUCAT.
También fue sobresaliente la tarea de Leandro Díaz, que se sacó las ganas de ser una de las grandes figuras y de salir aplaudido desde todos los rincones del Monumental. Tuvo la apertura del marcador en el primer tiempo, pero el remate terminó siendo débil. En el complemento tuvo la revancha y no la desperdició, definiendo a lo grande, tras una pared con Acosta.
Atlético ganó un encuentro trabajado y complicado. Esos que se disfrutan el doble y que la gente valora más. El José Fierro fue una fiesta en la última jornada internacional en el semestre. Los hinchas deliraron en las tribunas y frente al televisor en una noche Copa, una noche loca.
Foto: Rodolfo Lobo, de Soy Decano.