INOLVIDABLE

La historia detrás del grito: Corcho Rodríguez y el último gol para su madre

El relator de Metropolitana dejó la vida en los goles de San Martín, pero fue en el tanto de Galeano cuando conmovió como nadie al pueblo Ciruja. Mirá los videos y por qué se viralizó su grito en todo el país.

08 May 2018 - 19:52

San Martín es una montaña de felicidad sobre Bieler. Fue cuando a Corcho se le rompió el micrófono. Foto de Esteban del Santo.

Las historias detrás de los grandes relatos del fútbol empiezan antes, mucho antes que en ese glorioso momento que la pelota infla la red. El último ejemplo, el más épico y reciente es el grito ya inolvidable que pegó Corcho Rodríguez cuando Juan Galeano le dio con alma y vida y desató el llanto de todos los hinchas de San Martín y del propio relator que rompió el micrófono en el empate de Bieler y terminó gritando el último con el teléfono pelado, con el mismo teléfono donde recibió hace un par de años un llamado desde el hospital. “Era mi vieja, un domingo. Me pidió que fuera a visitarla”.

Ese domingo Corcho fue a visitar a doña Teresa Juárez, su madre, ya en la sala de terapia intensiva: “Hijo, vení, pasá. Aquí les dije a todos que sos relator en la radio. Quiero que me relates un gol”, le pidió. “Yo le dije a mi vieja: ‘Pero mamá, estás loca, estamos en la terapia, ¿cómo voy a gritar un gol aquí?'", recuerda Corcho, y se le estruja la garganta, y cuando esto pasa, no hay ningún secreto de relator para continuar. Entonces hace una pausa y sigue: “No me hizo caso y me pidió que le relatara un gol, un gol de San Martín, un gol de San Martín en la cancha de Atlético, en el arco de la calle Chile, sobre la hora, un centro del Ratón Ibáñez y cabezazo de Balvorín”.

Rodeado de enfermeros y pacientes internados, Corcho supo que ese era el último deseo de su madre fanática del Santo. Tragó el dolor, aclaró la voz y relató: “Minutos finales en el Monumental, avanza San Martín, viene el centro del Ratón Ibáñez para Balvoríiiiiiiiin… ¡Goooooooooooooooool! ¡Goooooooooooooooool! ¡Goooooooooooooooool de San Martín! ¡Rin, Rin! ¡Lo volvió a llamar el gol!”. En ese momento, su madre gritó el gol, el gol que le había inventado su hijo, un centro soñado, un cabezazo que su madre vio, festejó y lo despidió con un beso y un abrazo: “Se me murió dos días después”.

Ya se había emocionado Corcho cuando volvió a relatar un partido real después de aquel domingo. Fue en Salta, cuando el Ratón le convirtió a Gimnasia y Tiro. Ya se había quebrado en el grito imborrable de Agudiak. Pero nunca como ahora, por radio Metropolitana y "El equipo Metro Sports Teresa Juárez", nunca como este domingo que tuvo a su madre presente en cada gol, como en el de Costa: “Esperá que se viene la contra y se viene San Martín, sale Perafán, tocala atrás, tocala atrás, ¡tocala atrás la puta que te parió! Viene… ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡Del Santo! ¡Goooooool! ¡Gritalo, Tino! ¡Gritalo, Rulo! ¡Gritalo San Martín, gritalo Ciudadela! ¡Vieja Querida! ¡Gol del Santo, el descuento, vamos Santo, pueblo Ciruja, gol del Santo la puta madre, se viene el descuento. ¡Gol del Santo!”.

O en el segundo grito, el de Taca: “Costa que viene, amaga por acá, amaga por allá, la mete para Matías García levantará el centro, dos hombres que ingresan por ese sector, queda boyando para Busse, por acá lo espera Martínez, lo espera todo el mundo, levanta el centro… ¡Goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! ¡goooooool! De tu Santo, ¡Vieja Querida! ¡De tu Santo, Viejo Querido! ¡Gol de San Martín, gol del Santo, gol del Santo, la puta madre! Gol de Bieler, ¿por qué tengo que sufrir así? Gol de Ciudadé, ¡gritalo donde quieras que estés, Gareca! ¡Gritalo Viejo, a vos te digo viejito mío, ¡para que la ilusión siga intacta! San Martín acaba de empatar a través de Bieler, de cabeza, en el minuto 37, San Martin 2, Dálmine 2. Y el corazón se me detuvo”.

En esos relatos hay recuerdos, nombres, situaciones, Tinos, Rulos, Garecas, oyentes que le piden a Corcho que los nombre, que les dedique el gol durante la transmisión, a metros suyo en la platea o desde el interior profundo de Tucumán, donde solo la radio llega y se mete a las casas más humildes donde cuelga una camiseta, sentimientos a flor de piel, una identidad bien arraigada a lo popular cuando Corcho tenía 7 años y vendía gaseosas en la cancha, en Ciudadela o en el Monumental, escalones arriba y abajo, la Pellegrini o la Laprida, la Bolívar o la Bolivia, la Rondeau o la Chile, no importan los colores, todo para ayudar a la familia, un pequeño vendedor al grito de “¡Hay Coca, Coca!”, con los billetes doblados y metiditos entre los dedos, todo un esfuerzo coronado esos domingos a la noche: “La vez de la semana que mejor comíamos, con todo lo que recaudábamos vendiendo. Como la vez que más vendimos en la final de San Martín contra Chaco For Ever: juntamos billetes y compramos nuestra primera tele blanco y negro para toda la familia”.

Luego de vender gaseosas y también agua en los cementerios, sí, para las flores, sí, todo lo que sume, Corcho se iba a los estudios de LV12 para escuchar en vivo al gran Jorge Bilotti junto a Cristina Ruesjas y luego se cruzaba de dial a LV7 para seguir a Marián Martó. “De ellos aprendí mucho, estudié Ingeniería, pero ya me metí a Ciencias de la Comunicación y hace 20 años que relato. He conocido todo el continente siguiendo la campaña de Boca, he gritado el gol inolvidable de Zampedri en Quito, el de Leandro González a Boca, y los de San Martín, siempre con mi vieja en la cabeza, como el gol de Gonzalo Rodríguez en Andalgalá, el de Agudiak, los del Ratón... sólo me falta gritar el gol del ascenso a Primera del Santo”.

A la espera de que llegue el gran día, Corcho se despide y reconoce que ningún grito trazó tantas fibras emocionales como el último gol que gritó, el que le tocó tanto ese corazón que se le detuvo y se le rompió en llanto con el gol de Galeano, el que se viralizó en todo el país, a través de la televisión y de las redes sociales, el del llanto y la dedicatoria a su madre: “Señoras y señores, la mete para la última, toca el centro… ¡No puede ser! ¡No puede ser lo que acaba de pasar! ¡No puede ser, te lo juro! ¡Goooooool! ¡Goooooool! ¡Goooooool! ¡Goooooool! Al minuto y medio, ¡el milagro, Vieja! ¡Goooooool! ¡Goooooool! ¡Goooooool! ¡Goooooool! ¡Goooooool! No podías fallarme, Vieja Querida, te lo dije, viejita querida, la puta madre (llorando). ¡Gol de San Martín, Vieja Querida! ¡Gol del Santo, tu Santo, gol de San Martín, Vieja Querida, gol de San Martín! Aquí en la Ciudadela se empata de esta manera y seguí participando, seguí tirando malas ondas, acá en la Ciudadela acaba de convertir, señoras y señores, tres para el Santo, tres para Villa Dálmine”.  



Corcho Rodríguez (medio), junto a dos colegas en Ciudadela.-

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