ANÁLISIS

San Martín, la gran final y el último pedido de los hinchas

El Santo volvió a entrar dormido al partido, sufrió con un penal inventado, fue superado por un rival que no tiene más y, pese a todo, estuvo cerca de empatarlo. El aprendizaje de cara a la revancha en Ciudadela para dar la vuelta que todos los Cirujas se merecen.

27 May 2018 - 18:36

Los hinchas de San Martín reventaron Junín y esperan la vuelta en Ciudadela. FOTO Graciela Cardozo.

San Martín, los hinchas de San Martín, no se merecían esa última imagen de la primera final que por suerte ya terminó en Junín: la de ese centro de mierda que Busse le mandó a nadie, absolutamente a nadie cuando todos habían subido a buscar el empate y pif, a las manos del arquero, y paf, la cachetada a la última chance de empatar los primeros 90 minutos. O la de la imagen anterior del otro tiro libre, el del Taca, justo vos, Taca, vos no, Taca, con todos en el área y bumba, derecho a la tribuna local. No, la última imagen la dejaron los que estaban ahí, los que dejan todo, los que también juegan, transpiran apretados, y nunca se quejan, amontonados, desbordados, más incómodos que Benegas con Passerini, los que ya habían estado en Adrogué, hasta subidos arriba del techo de chapa para ver a San Martín, y ahora en Junín encajados como un tetris después del tetra, en una tribuna chica, en una categoría chica para San Martín y ellos ahí, viendo al equipo otra vez dormido en el arranque de una final.

Porque las comparaciones son inevitables, porque San Martín ya había dejado pasar una final contra Brown, agrandando a un rival que dio todo lo que tenía durante el primer tiempo y si después no dio más es porque, al igual que Sarmiento, ya no tiene para más, otra vez con Acevedo metido en una jugada polémica, en un penal que no fue, más vale que no fue, pero que no puede desviar la vista sobre cómo llegó esa jugada que cobró Delfino, con errores conceptuales en la marca como el gol en esa final de Adrogué, o en la cancha de Flandria, con delanteros mano a mano en el área, a veces solos, errores que no se corrigen, y que se tienen que corregir porque ya no hay más tiempo. Porque no queda otra, San Martín, porque es como cantan los hinchas que viajaron a Junín: “El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”. Pero con la canción no alcanza.

Más allá de la injusticia del penal que inventa Delfino (y que no es menor en una instancia que se define por detalles), regalar 45 minutos de 180 es mucho. Y no es un regalo en sí. De hecho es todo lo contrario: es llegar con las manos vacías a una fiesta inigualable que hay en las tribunas, con un viejo de 90 años bancándose un viaje en semicama, con miles y miles dejándolo absolutamente todo para estar ahí, peleándose con la familia, vendiendo la camiseta, la moto, endeudándose. Esa actitud de San Martín en el primer tiempo pone en riesgo todo un año de trabajo donde San Martín ya ha demostrado ser el mejor equipo de todos, mejor que Aldosivi, mejor que Almagro, mejor que Adrogué, mejor que todos los que quedaron en el camino, y mejor que Sarmiento, pero que el próximo domingo tiene que demostrar, como dice la canción, que salen a ganar, que quieren salir campeón.

¿Quiénes llevaron a San Martín a esta instancia decisiva para volver a Primera? Lo llevó Forestello con su cambio de mentalidad. Lo llevó Bieler con sus goles. Lo llevó Galeano con su revolución en el medio. Lo llevó Matías García con su talento. Lo llevó Gonzalo Rodríguez con su desequilibrio. Y si hoy San Martín no se llevó nada de Junín fue porque los encargados de marcar la diferencia no aparecieron. Porque hay otra imagen que resume la primera final contra Sarmiento: Caco haciéndole un sorbito a la botella de agua en el banco de suplentes al lado de Gonzalo. Saben lo que está en juego, son los que han brillado en distintos momentos del campeonato, y saben que esta tarde estuvieron ausentes.

Hubo bronca en el vestuario de San Martín al finalizar el partido. Hubo fe en las tribunas cuando se terminó el encuentro. El técnico y los jugadores criticaron al árbitro. Los hinchas, en cambio, no dudaron: “Lo damos vuelta en Ciudadela”. Se quiere dar vuelta la página sin revisarla. Y teniendo en cuenta lo importante que está en juego: suena a error no revisarla, no mencionarla, no reconocer que Sarmiento fue superior a San Martín en el primer tiempo, y aún así y todo San Martín pudo haberlo empatado si entraba la de Taca o la de Costa, eso te tiene que dejar una enseñanza, así sea la última, hermano, por el amor de Dios te lo pide tu gente, la que nunca te deja solo, la que cree en vos, la que va a agotar las entradas este martes, la que ya no puede esperar, la que viene aguantando mucho tiempo: para volver, San Martín tiene que volver a ser San Martín, con Arce, con la dupla central, con Altuna, con Galeano, con Caco, con Gonzalo, con Taca. Para dar la vuelta, hay que dar vuelta la página. Es la última página. No quedan más. Pasaron 90 minutos. San Martín pierde 1 a 0. Quedan 90 minutos. Tiene todo para darlo vuelta. Tiene todo para dar la vuelta. A esta altura del campeonato, no quedan dudas de quiénes la merecen.


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