El partido se moría y Argentina se quedaba afuera del Mundial en primera ronda, pero
Marcos Rojo tenía otros planes. Se metió en el área y conectó de derecha un centro de
Gabriel Mercado para hacer delirar a los millones de argentinos desparramados por todo el mundo.
En Rusia, muchos, la mayoría dentro del estadio. En otros países del extranjero, otros tantos, todos los que por una u otra circunstancia están lejos de casa. Y reunidos frente a las pantallas de acá, las familias, los amigos, los compañeros de trabajo, y también los que se animan a los fan
fest.
En el parque 9 de Julio, la municipalidad capitalina instaló una pantalla gigante que congregó a una multitud, que siguió a puro nervio las alternativas del encuentro, y que deliró a más no poder con el gol que definió la historia, y cambió nuestra suerte: