El equipo de Forestello recuperó el juego y la agresividad que lo caracteriza, pero cuando tuvo todo para ganar casi se queda sin nada. La importancia de Acevedo y las señales de un resultado que suma.
Lucas Acevedo celebra con Matías García el empate. Vale. La foto es de CASM Oficial.
El empate de San Martín vale, sirve, suma. Sí, no fueron los tres tan buscados como merecidos, pero tampoco fueron la nada, el cero. El empate de San Martín vale, sirve, suma. Y lo demuestra el festejo: cuando el gol del empate en tiempo de descuento se celebra, se festeja abrazándose con el compañero, cuando eso pasa en lugar de tirarse al fondo de la red, pelearse con el arquero rival, buscar la pelota y correr hasta la mitad para apurar el juego, queda claro que sí, vale, suma, devuelve algo de todo lo que dio el equipo esta noche en Ciudadela, esa entrega que no se negocia y que se aplaude.
En la tabla es el mismo punto que el logrado contra Unión, pero con un sabor muy distinto por las formas. Sí, de nuevo, es cierto, claro que es cierto: no, no alcanzó para la victoria, todavía no alcanza, pero es el punto que premia el camino de la recuperación. Es el punto que nunca quiso San Martín y así lo demostró desde el comienzo, con las sociedades de ataque: por derecha Gonzalo estandarte con el pleno de la noche Abregú, por izquierda Espíndola abanderado y Maxi-Caco escoltas. Y fue el medio con Arregui, a veces solo en el mediocampo, el sector que extraña a Galeano, pero con más marca y coraje para bancarse la parada.
Es el punto que San Martín hubiera podido romper desde el primer tiempo, el triunfo que empezó a merecer cuando Matías García desbordó por izquierda y el Taca, justo el Taca, la tiró arriba del travesaño, allá arriba, a la tribuna donde todo volvió a la normalidad y se dejó en claro para todo el país por qué es rojo y blanco el color de la fiesta. Si el resultado no se sumó a esa fiesta que esta noche fue Ciudadela fue porque Arias, el arquero de Gimnasia, se llevó el premio a la figura del partido, tapó y descolgó todo y bancó los trapos cuando el equipo de Forestello volvió a ser el equipo de Forestello, el que marcó el camino al ascenso, agresivo, rápido por las bandas y con el gol al caer, como en los pies de Emiliano
Purita, el que no iba a jugar y entró, todavía muy prolijo con la camiseta por adentro del pantalón para convertirse en la figura de la noche: al ex Ciclón le faltó una pizca de suerte o de calma para abrir como campera al marcador.
Forestello ya había sacudido el banco cuando salieron Espíndola y Nico Giménez, sin aire en el tramo final del juego. Figueroa volvió a mostrarse como una opción de ataque, pero el único ataque a punto de llegar fue al corazón, al bobo, y pasale el Lotreal al de lado que se le va la presión a las nubes cuando el uruguayo picante que no es Silva sino uno que también tiene sangre armenia cabeceó desde el borde del área y encontró ¿mal parado? a Arce para sacudir la red. Como el dólar, a los 40 producía un golpe en Ciudadela del que no se salía si no aparecía el hombre de la noche, el que eligió festejarlo.
Lucas Acevedo es la figura de San Martín en este comienzo de la Superliga. Es uno de los primeros que firmó su renovación y cuya titularidad nunca estuvo en duda. Llegaron muchos refuerzos y entre ellos hay marcadores centrales pero en el fondo San Martín hay una garantía: es el mismo que mide un metro noventa y cuatro, el más alto de todos, el que llevó arriba los brazos contra Sarmiento para volver a Primera, el que nunca los baja como esta noche y por eso fue a buscar ese pase al área, ese centro a la cabeza de Matías García para gritar hoy, para tener algo hoy, para no quedarse con las manos vacías, con Boca en el horizonte y otro resultado duro en la Superliga. No, no son los tres puntos que San Martín esperaba, para los que se preparó, los que debió tener, pero es el que marca el camino, el que debe marcar el camino de la recuperación, el que debe dejar en claro que esta es la forma, que mejores resultados, con festejos más completos, van a llegar. Así, de esta manera, tienen que llegar.