El Santo salió dormido, pagó carísimo sus errores propios y con inflación los del árbitro. Perdía 3 a 0, pero en una nueva muestra de carácter y juego igualó y demostró que está vivo.
Pons ya marcó el 3 a 3. Figueroa corre a abrazarlo. La foto es de Oncegol.com.ar
Tomá aire y respirá. Si es la razón de tu vida, la que te deja al borde de la muerte y de un zapatazo te devuelve el alma al pecho. Si es la historia que tanto conocés, la frase que tu amigo empieza y vos terminás. Porque si no se sufre... no es San Martín. ¿Y si se dejara de sufrir? ¿O hay algo en las formas que vale todo lo vivido esta noche? Claro que lo hay, más vale que cada fecha es un aprendizaje constante, por supuesto que llegarán los analistas más fríos por otro canal, pero hoy, ahora, en este momento, respirá, y escuchalo a Tino Costa, miralo a Tino Costa, porque en la selfie grupal capaz que no se ríe, pero en este momento les está dedicando una carcajada interna a todos los que festejaron el 3 a 0 y se olvidaron, porque todos nos podemos olvidar, que esto es San Martín y que, juegue en la Liga o en la A, siempre luchará hasta el final, hasta este final con forma de Pons y si entraba la de Franco Costa se bocineaban las calles y vamos a hacer una sola nomás.
¿Alguien te quiere venir a decir que este empate no vale? ¿Que no se festeja como un triunfo? ¿Que simbólica y anímicamente no vale más que incluso si hubieras ganado 1 a 0 con gol de Bieler al minuto de juego y resistiendo con aguante todo el partido? Es pregunta, lo debatamos. Porque en un momento los defensores de Patronato tenían camiseta violeta y el aura de Galeano merodeaba el área del concejal que ataja, ¿o no? Que se enojen los que viven enojados, pero Patronato goleaba a San Martín con jugadores que brillaron en sus épocas y que ahora volvían a lustrar la chapa nada más y nada menos para hundir la primavera de Ciudadela que significaron los triunfos a Racing y San Juan y el empate en Córdoba. De este 3 a 0 del primer tiempo, de este entretiempo de incertidumbre, de furia, de celular contra la pared, de patada al gato, ¿quién se iba a recuperar si terminaba así? ¿Vos? ¿Vos? ¿Y vos?
San Martín pagaba carísimo un viejo error que le costó la salida a Forestello y la adaptación a Coyette: salir dormido a jugar un partido clave, entregar todo un primer tiempo, carecer de reacción ante el primer golpe, y dejar en claro que falta peso en AFA porque no te pueden poner un impresentable que dirige sus primeros partidos para una final de seis puntos que te puede sacar de los cuatro equipos en rojo si ganás, dejar todo como está si empatás, pero si perdés con quién te vas a quejar. Porque hasta resignación pareció verse en los primeros 45 minutos: está bien, te durmieron con una pelota parada, pero te metieron la mano en el bolsillo ¿y no pasa nada? Hasta la cara de Carranza ya convertido el segundo penal parece la de un tipo que sabe que contra el sistema no puede, que claro que tiene que corregir y ordenar a los propios, pero si encima la manguera del bombero se abre sin descaro para la inauguración de la pileta en Paraná, se hace difícil. Y si después le cobran una mano a Acevedo que no fue (salgan ahora los caballeros del balompié a destacar que no insultó ni escupió a nadie después del segundo penal, ¡eh!), ya se hace casi imposible.
Pero como dicen los amigos de la página partidaria, esos que saben: Esto es San Martín. Y lo imposible dejáselo para los santos patronos. Primero creé que Bieler vuelve a ser el capitán ese que te gusta y que se hace cargo del penal que marca el principio del sueño de la hazaña y lo mete: es un gol que no gritás tanto, pero que mirás el reloj y van 15 y faltan 30 y a ver qué pasa, y lo que pasa es que Coyette metió mano desde el arranque y ahora, después del descuento, se empieza a ver otro equipo, el que ya viste en Ciudadela, el que va al frente cueste lo que cueste, el que te emociona con Acevedo de cabeza, con Maxi hasta que duela, con Altuna de vuelta, con los que ascendieron y a veces el fútbol tiene esas cosas, pero no hay tiempo para tantas reflexiones.
No queda tiempo para seguir con las reflexiones porque la pelota le viene a Tino Costa que tiene un segundo de frialdad para pararla y el fuego eterno para que ya sí lo grités, porque cómo no lo vas a gritar si todavía no apareció Pons y ya lo ves, y se desdobla Caco, y Tino es el conductor de este sueño, el que tanto esperabas, al que sólo tenés que dársela, y encima aparece Purita que está por explotar en un lateral y desde ese sector se la peinan a Luciano
Pons, el que tiene un pedazo de historia personal para contar pero eso será en otro momento, porque ahora estás abrazándote al que tengas al lado, porque te emocionás, porque cómo se puede sufrir tanto la reputísima madre que lo re mil parió, hermano, pero ahí está, gol de San Martín, vive San Martín, resiste San Martín, aguanta San Martín, sueña San Martín. Sueñe, San Martín.