Es de la calle y para con el Mencho, Ángel y la banda de Floresta: "La Policía no lo dejaba entrar, pero se las ingenió". La historia del amigo más fiel que ladró en la Rondeau y Pellegrini.
Ahí está Chabal, fiel junto al Santo. La foto es de Republik de Ciudadela.
El tema es así: hace veinte días que San Martín no jugaba en Ciudadela y el Mencho, Ángel y la banda de Floresta arrancó la previa en la Lamadrid al 2500. Canción va, canción viene, la melodía de cancha tenía un intérprete de fondo, aprendiéndose la que dice: "Cómo olvidarme de aquel día, conocí Ciudadela el amor de mi vida...", acompañándola con sus ladridos porque Chabal es un perro, el perro que desde este domingo alienta a San Martín en la popular.
"Estábamos con los muchachos y Chabal. Siempre vamos caminando a la cancha y el perro nos acompaña, va con nosotros, pero nunca había entrado. Llegó con nosotros hasta el pasaje Boulogne Sur Mer donde paramos antes de entrar a la cancha y no se quería ir. Entonces llegó hasta la entrada de la cancha, hasta la puerta de la Pellegrini y Rondeau por donde entramos nosotros, pero la Policía lo echó", relata Ángel Ibáñez, en un paréntesis de su trabajo como servimoto, y amigo del Mencho, donde Chabal duerme la mayoría de las noches, porque es un perro de la calle, y como calle que tiene, se las ingenió para entrar.
"Los policías lo echaron a Chabal porque estaba por agarrarse con los perros que están con ellos. Es un perro de la calle, es peleador con los otros perros, pero con la gente es muy buenito. Se lo querían comer los perros a Chabal entonces vimos cuando se fue y entramos a la cancha. Lo que no sabíamos es que iba a volver", relata Ángel.
Y agrega: "Se conoce las calles de memoria: a las cinco de la mañana se levanta el Mencho para ir a trabajar al Mercado. Apenas abre la puerta de la casa, Chabal se pira a la calle. Quisimos conseguirle que alguien lo adopte, pero el perro no quiere saber nada. Los vecinos le dan de comer: alimento o lo que haya. Pero a él le encanta andar por la calle. Yo que ando en la moto lo veo por todos lados: por el Hiper Libertad de la Roca, por el barrio, por todos lados".
Entonces, después de que el policía lo echó, Chabal se fue a dar unas vueltas por el estadio, miró de reojo las parrillas con todo el humo de los choripanes, tal vez amagó con pegar un tarascón a un parrillero o a un criollo, pero en vez de volverse a Floresta metió media vuelta, le tiró caños a todos los hinchas, a los policías y ahí estaba, en los pasillos de la Rondeau: "¡Mirá, Mencho! ¡Chabal! ¡Eh, Chabal! ¡Qué grande, Chabal!". Pero Chabal no se iba a quedar ahí nomás, entre la gente, viendo zapatillas mientras del otro lado del alambrado hay una pelota y en minutos juega San Martín contra Colón.
"Cuando lo vimos no lo podíamos creer. Y empezamos a gritarle a todos: '¡Háganle lugar a Chabal, che!' Nosotros estábamos bien arriba, en el codo de la Rondeau y Pellegrini. Y cuando nos vio Chabal empezó a subir los escalones y ahí se quedó: con nosotros, viendo el partido", relata Ángel, quien con los amigos de Republik De Ciudadela compartió la publicación de Chabal: "Ni los cohetes lo asustaron como a otros perros. Este es un perro de la calle, raza guau guau, y se la banca Chabal. Nunca había entrado a la cancha, ya le vamos a conseguir una camisetita. Ahora que se hizo famoso tiene que volver. A Chabal ya tienen que dejarlo entrar".