El equipo de Coyette volvió a necesitar un gol en contra para despertar y dar vuelta la historia hasta que un descuido fatal lo dejó sin tres puntos fundamentales. La gran pregunta que deja el empate contra Tigre. Mirá los goles.
Lucas Acevedo volvió a ser una de las figuras del Santo y marcó el 2 a 1 parcial. No alcanzó. FOTO TÉLAM
Ya es un clásico: San Martín necesita un cachetazo para despertar, para reaccionar, para demostrar que está vivo, que va a luchar. Que algunas veces no le va a alcanzar para nada como en aquella lejana siesta en Mar del Plata contra Aldosivi, que otras veces le va a permitir empatar un partido increíble como la noche de Paraná ante Patronato, que otras le va a servir para darle vuelta el partido a Racing y también para ser el más feliz de la provincia con el 3 a 2 en el clásico. Pero esta tarde esa reacción deja otro sabor: el agridulce del empate final.
Si hay algo que ha mantenido el equipo de Coyette en este comienzo de 2019 es eso: la capacidad de reacción. Ahora, para reaccionar tienen que pasar minutos de inacción, como en pausa, hasta con otros tiempos para luchar cada pelota y quietud como en el gol que significó el cachetazo: Cachete Morales adelantado, aprovechó la siesta defensiva, habilitó a Montillo y gol de Tigre. Otra vez: como contra Racing (1 a 0 abajo), Patronato (3 a 0 abajo), Atlético (2 a 0) y hoy (1 a 0 abajo), hay equipos que sin carácter se caen, terminan de caerse, dejan que el partido siga su curso, se bajan las medias y chau.
Pero el Santo nace del golpe: Coyette se da cuenta que así no va y como contra Atlético mueve las fichas que tiene que mover y manda a Nico Giménez, fundamental para torcer la historia. San Martín es un equipo que se contagia de lo malo como lo hecho en el primer tiempo y de todo lo bueno que tiene como en la mayoría del segundo: el único parejo hasta el momento había sido Droopy Gómez, molesto cuando Pons no lo entiende, cuando Viola no pica y surge la pregunta inevitable: ¿cómo no va a jugar Bieler?
Giménez entra fresco y contagia a sus compañeros: llega rápidamente el empate a través de la figura de la cancha y es totalmente otro equipo. Crece la figura de Vitale en el mediocampo, Matías García se suelta, Giménez sigue lúcido y Tino Costa maneja los tiempos y las pelotas paradas. Caco se equivoca en un contragolpe clarísimo, pero eso no lo desmorona a San Martín: cuando está en sintonía, no se cae si no entra. Y así sube otra de las cartas fuertes que tiene este equipo para soñar con mantener la categoría: ya es totalmente superior a Tigre y vaya, Lucas Acevedo, glorioso otra vez en las alturas.
Hasta Prediger parece vencido, entregado. La cancha es un murmullo, una olla a presión. San Martín maneja los tiempos, Tigre no hace pie, pero Coyette manda a Schmidt al fondo, y cuando todo indicaba que los tres puntos de oro volvían a brillar como la estrella que ilumina la nueva camiseta, sobre el final se apagan las luces: entre Carranza y Nicolás Giménez no pueden sacarla, el reloj marca los 45 minutos del complemento, y la carambola que no había beneficiado a Pons en un flipper anterior, ahora llega a los pies de Silveira: "¡Sacala!", putea Coyette sobre el final. Justo al ingreso que había sacado adelante a San Martín con su fútbol, que lo había despertado del cachetazo, ese que duele, que despierta, pero que esta vez, con luces y sombras, terminó en el resultado que no alcanza.