QUÉ FUE DE LA VIDA

Miguel Rimba, el ex Atlético que ahora quiere ser alcalde de su ciudad

El defensor colgó los botines luego de una exitosa carrera, escribió tres libros y se dedicó de lleno a la política. Jugó el Mundial de Estados Unidos 1994, y recuerda como si fuese hoy la ovación del estadio José Fierro.

04 Feb 2019 - 12:59

Foto de Julio Mamani Ticona

El ex futbolista boliviano Miguel Ángel Rimba las vivió todas a lo largo de su carrera como deportista. Defendió la camiseta de su Selección, jugó una Copa del Mundo, y también tuvo un recordado paso por nuestra provincia, donde cosechó algo más que buenos momentos. “Hay algo que nunca voy a olvidar. El día que todo el estadio de Atlético coreó mi nombre y me ovacionó. Es algo que llevaré por siempre en mi corazón”, explica desde La Paz, donde pasa el mayor parte de su tiempo por sus actuales obligaciones.

Retirado del fútbol profesional desde 2003, se recibió de DT en su país y se especializó en Portugal, pero nunca ejerció. Por el contrario, cambió los vestuarios y los botines por la ropa elegante, las oficinas y el contacto con el pueblo: publicó tres libros y se dedicó de lleno a la política. “En las próximas elecciones voy a postularme para ser alcalde de mi ciudad, en Riberalta - Benni”, cuenta en diálogo con eltucumano.com.

Su arribo a la administración pública llegó de la mano de la invitación del actual presidente, Evo Morales, y Rimba ocupó distintos lugares a lo largo de la última década. Fue presidente del concejo Municipal de su ciudad, viceministro de Deportes de la Nación y trabajó en otras entidades gubernamentales como la Lotería Nacional. Actualmente se desempeña en una programa que apunta al desarrollo piscícola, pero piensa que es hora de dar el gran salto. “Hice una buena carrera como político, y creo que es el momento de ser candidato. Aparte tengo muy buena relación con el pueblo, la gente nos quiere mucho, tanto como en Tucumán”, dispara con una sonrisa cómplice.

SALUDO. Miguel Rimba y Evo Morales, durante un acto protocolar.

De su paso por nuestra provincia se acuerda de todo, pero en especial de ese día de la gran ovación. “Fue en un clásico con San Martín, que ganamos 3 a 1”, apunta. La referencia es para aquella tarde que será recordada eternamente como “el día de la vaselina del Zurdo”, cuando Raúl Aredes selló el partido con una emboquillada memorable.

“Recuerdo que ese mercado de pases tuve muchas ofertas a nivel sudamericano, pero la posibilidad más rápida se dio en Atlético. Fue una decisión que tomé sin pensarlo dos veces, porque quería jugar en el extranjero, era una cuenta pendiente para mi ya que anteriormente se había frustrado mi incorporación a Boca, a la U Católica, al DC United y a otros equipos. Nunca me arrepentí de haber ido. Fui y demostré todo lo que en realidad habían creído en mi contratación”, se confiesa.

POSTAL. Arriba a la izquierda, Rimba forma con aquel equipo de 1998.

Vistiendo la celeste y blanca vivió tardes y noches cargadas de alegría. “Hicimos un año excelente, y coseché grandes amigos con los que aún sigo hablando. Con el Gato Cativa, con Sosita, normalmente estamos en contacto. Y he tenido la oportunidad también de volver a hablar con Fabián Bustos, el ‘Flaco’ Czornomaz y Nilton Pardal. Pero además de los muchachos, lo de los hinchas fue muy especial. Yo me sentí muy agradecido con toda la gente de Tucumán, porque me trató con mucho cariño y mucho respeto. Eso nunca se me ha podido olvidar”, añade.

AMISTAD. Cativa y Rimba siguen en contacto.

En ese instante se produce un silencio que rompe la fluidez de la conversación, y el tono de voz del entrevistado cambia levemente. “Me llena de alegría poder contactarme con Tucumán. Me siento emocionado en este momento, al saber que aquella gente va a volver a saber que ha sido de mi vida”, dispara.

A pesar de la distancia, Rimba ha seguido de cerca el acontecer Decano. “Me alegra mucho el crecimiento futbolístico que ha tenido esta institución. El pueblo tucumano se lo merece, es un pueblo muy querendón del fútbol y se merece que el equipo esté en esta instancia. Siempre le deseo lo mejor”, explica, antes de lamentarse por una mala jugada de los calendarios y las agendas. “Cuando Atlético vino a jugar en Bolivia yo estaba afuera del país. Me he lamentado mucho no poder ir a saludar a algunos compañeros que estaban en esa delegación, y me arrepentí mucho de no poder estar presente para brindarle mi cariño al equipo y a la institución”.

Pero antes de brillar en Atlético, Miguel Ángel estuvo en millones de pantallas de TV de todo el mundo. El 17 de junio de 1994, y con el número 4 en su espalda y en su pecho, fue parte del partido inaugural de la Copa Mundial de Fútbol de Estados Unidos, que enfrentó a Bolivia con el campeón defensor del título, Alemania. El cotejo se jugó en el estadio Solder Field de la ciudad de Chicago, y el jugador tuvo una misión para nada sencilla: intentar contener la potencia goleadora de Jürgen Klinssman.

MARCA PERSONAL. Rimba sigue de cerquita a Klinsman.

“Jugar un Mundial es todo lo que uno desea como futbolista. Si bien Bolivia había jugado antes dos Copas del Mundo, lo había hecho siempre por invitación, y esta fue la primera vez que se ganó la clasificación en la cancha. Fue una experiencia increíble, todo ese proceso fue maravilloso. Fue de lo mejor que me ha pasado en la vida”, recuerda con nostalgia.

Pero si Rimba ha conseguido todo esto a lo largo de su vida, como futbolista y también como funcionario público, se debe en gran parte al apoyo infinito de la familia. “Yo me casé muy jovencito, cuando tenía 19 años, y Sandra ha sido una compañera excepcional en mi vida. Hemos vivido juntos en Tucumán, hemos hecho grandes amigos también, y estamos próximos a cumplir los 30 años de matrimonio”, cuenta con orgullo.

La pareja tiene tres hijos: Miguel Ángel, quien además de ser ingeniero comercial juega como defensor central en un equipo de la segunda división boliviana. María Giselle, próxima a graduarse en la carrera de ingeniería petrolera, y el más pequeño de todos, Adolfito, un arquero intrépido y aguerrido que está próximo a comenzar el cursado de sus estudios superiores.

EN FAMILIA. Rimba, junto a Sandra y sus tres hijos.

“Tenemos un amor tremendo por Tucumán, y nunca olvidaremos el día que nuestro hijo más grande, Miguel Ángel, tuvo que izar la bandera Argentina por su desempeño en el colegio. Fue otro momento muy emotivo y que nos une para siempre con esa hermosa provincia”, cuenta antes de colgar el teléfono. Llega el momento de emprender un viaje a comunidades del interior boliviano para brindar unas charlas deportivas. “Ojalá pronto pueda visitarlos, sería un gran honor para mi”, se despide.

El día del clásico que Rimba nunca olvidará



Aquel partido del Mundial de EEUU 1994


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