ANÁLISIS

San Martín y el adiós a los que se fueron por la puerta de atrás

Los jugadores son esclavos de sus decisiones y el hincha no olvida ni perdona. Quiénes se ganaron el aplauso hasta el último minuto del torneo y quiénes no. Nombres y actitudes que no se negocian.

01 Abr 2019 - 22:09

Oliver Benítez, uno de los peores refuerzos del verano. Foto FoxSports.

Dos empleados del club se necesitan, por lo menos, para abrir y cerrar el portón principal de Ciudadela. El portón es enorme, alto, ancho, de hierro, negro y pesado. Y cuando está cerrado tiene una ventanita para ver quién golpea, quién quiere entrar al club, quien quiere llegar a San Martín, quién está a la altura. Y quién no.

Los días de partido, depende del clima que genere el resultado, a veces cuesta abrirlo y otras veces no. Han sido testigos del peso que significa abrir esas puertas grandes jugadores, por juego o por sentimiento, o por ambas virtudes que el hincha de San Martín históricamente ha sabido reconocer. Y otras actitudes que no.

A lo largo de los años, por ejemplo, notables, cracks, sacrificados, humildes, terrenales, sobrenaturales han entrado y han salido por esa esquina de Bolívar y Matienzo: el Capo Noriega caía con una Coupé Fuego, el colectivo de San Pablo lo dejaba cerca al Ratón Ibáñez, el Curita Molina llegaba en moto y antes, mucho antes, los que vivían en el barrio simplemente entraban a la historia de San Martín caminando. A pie.

Durante la recta final del ascenso, ese mismo portón ya esperaba abierto de par en par que los jugadores salieran con el torso por la ventanilla para abrazarse con los hinchas que los esperaban en las calles. Cuatro de esos jugadores, por citar otro ejemplo, esta noche, aún con el descenso consumado, pueden entrar y salir caminando por ese portón sin deberle nada a nadie, y con la frente en alto: son Lucas Acevedo, Matías García, Maxi Martínez, y adivinen quién más.

Gonzalo Rodríguez es uno de los jugadores a quien más se ha cuestionado por su nivel de juego y con justa razón, pero quién puede cuestionarle el sentimiento. Quién puede dudar de que le duele, de que lo siente, de que ha sido el más devastado cuando sonó el pitazo del final contra Boca. Es el mismo de los goles importantes para el ascenso, el mismo que esta noche se sacó un poco la bronca con ese bombazo seco contra todo lo vivido para poner el empate. ¿Quién puede custionarlo? ¿Vos? ¿Ustedes? Nadie.

Turbo siempre tendrá las puertas abiertas del club y, al igual que Maxi, es de los que se quedarán hasta el final, se juegue la vida o la dignidad hasta el último minuto de esta Superliga. Lo mismo que Acevedo, quien probablemente se vaya con Caco, pero nótese el gesto del 10 cuando Caruso iba a sacarlo, se arrepintió por la molestia de Gonzalo, y ahí se quedó jugando García, sin pedir el cambio, sin rescindir el contrato a la primera de cambio, sin colgar los botines, sin fingir lesiones, sin quedarse en casa en el momento más difícil. Otros jugadores no pueden decir lo mismo.

De los que llegaron para Primera, el único que tiene la llave del barrio para hacer lo que quiera es Tino Costa. Después, estén o no, nadie los va a extrañar. Han fracasado quienes los contrataron, pero lo que el hincha no perdona no es tanto el juego o no, un pase a la Pellegrini o uno bien puesto. Lo que no se perdona es a los que eligen irse por la puerta de atrás. Son los que tomaron esa decisión y de alguno de ellos es de quien menos se lo esperaba. Y eso duele. Suena a ingratitud y también a cobardía.

El primer portazo fue de Bieler, ya jugando en un club como Independiente del Valle un día antes que San Martín lo hiciera esta noche en La Plata. Pero de última, el Taca tiene el plus de haber sido el capitán y el goleador del ascenso a Primera, le dedicó la foto a todos los hinchas de Atlético y a pelarse. El tema es cuando de repente ves los 18 que viajan y en el arco debuta Pedro Fernández y al banco va Juan Jaime. ¿Y el capitán Carranza? ¿La voz de mando y experiencia? ¿Al que se le ha perdonado todo? Porque a Arce lo echaron por mucho menos del club, recuerden.

Pero el que genera hasta lo indecible es Arregui: justo él, el peleador de las causas justas, el que ponía la cara al comienzo de este calvario, el que en un par de partidos se ganó al hincha, el 5 que tanto necesitaba San Martín después de la traición de Prediger, el León con póster y todo, pero también el mismo que hace rato que amagaba con irse. Y si un jugador quiere irse y no se va también es un error dirigencial y de los cuerpos técnicos que han pasado por este último tiempo: dejalo ir. Si un jugador no quiere quedarse en San Martín, sea Arregui o cualquiera, hay que dejarlo ir. 

¿Para qué sirve que se quede en tu casa alguien que no está cómodo? Porque después del clásico empezó el conflicto: antes de Newell’s dijo que se iba a Grecia, después a Newell’s, después a Bolivia. Puso todo lo que había que poner contra Boca, pero nadie se olvida del partido contra Belgrano, de la ausencia ante Huracán, y de esta noche: ya había recibido la quinta amarilla que lo deja afuera de la última fecha contra San Lorenzo y encima la roja para todo el segundo tiempo y boom: gol de Estudiantes.

Es único sentirse representado por un jugador en la cancha. Es lindo. Llena el alma. Infla el pecho. Agranda el corazón. Enrojece las manos. Cuando va al piso y pone la pierna está traduciendo de forma física el deseo, el pensamiento del hincha que juega, vive y siente cada jugada. Es lindo. Llena el alma. Infla el pecho. Agranda el corazón. 

Pero es el mismo corazón que hoy está golpeado porque se siente traicionado. Porque ha aguantado a cancha llena todo lo que le han tirado. Porque a veces se ha ido con dolor de ojos por lo que pasaba adentro. Pero hasta eso lo puede perdonar. Lo otro, no. A los otros, no. Por eso San Martín se despedirá de la máxima categoría el viernes contra San Lorenzo a cancha llena, con todos en la tribuna cantando que el Santo va a volver. Pero hay algunos que ya no estarán esa noche. Son los que se van por la puerta de atrás. Y de ahí sí que es difícil volver.

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