El dúo Orsi-Gómez dio la clave en el esquema y, con Mercier como solista de lujo, el Santo fue una orquesta de buen fútbol, se sintió local en Victoria y pasó por arriba a Tigre. Ah, y hubiera podido golearlo si Pons afinaba la puntería. Claves para entender la trascendencia de haber ganado con autoridad un partido fundamental de cara a todo lo que viene.
San Martín tiene equipo y se perfila como candidato al ascenso. Foto Tigre Oficial.
Que no cunda el pánico ni nadie se altere que hoy es lunes, ya empezaron los cortes de luz, es fin de mes y los bolsillos están más pelados que Orsi, pero hay una música que desde esta noche empieza a tararearse por los rincones de Ciudadela. Siempre pendientes de lo que hace San Martín, no peguen el grito en el cielo ni se asusten, pero si suena la música que suena es porque San Martín tiene dúos que afinan, aciertan, entonan y gritan un triunfo fundamental para las aspiraciones de este equipo que tiene el regreso a Primera como único objetivo.
Por supuesto que recién van siete fechas, pero ya van siete fechas y San Martín ha ganado esta noche el partido que tenía que ganar, el que confirma todo lo bueno que viene haciendo en Ciudadela, el que potencia lo ya observado y cobra una mayor dimensión por el rival, por la cancha, y por la forma en que se han sumado estos tres puntos que dejan a San Martín a dos puntos de la punta con un partido menos, pero ya ahí, acercándose a lo más alto, metidísimo en la conversación seria del torneo, y con una gran sensación que viaja en los bolsos de regreso a Tucumán, una sensación que Orsi y Gómez se habían encargado de remarcar casi como una obsesión: “Primero queremos armar el grupo y después el equipo”.
El grupo humano se conforma puertas adentro, bajo el cielo del complejo, en las mañanas que se entrena, se prueba, se juega, pero también se habla. Eso se traduce en el compromiso que se nota en cada pelota, en el estado físico de los jugadores y en ese abrazo final en ronda con la última arenga de Mercier a los chicos, como le dice él, cada día más grande, con la mejor versión que ha mostrado desde que conoce cómo se siente el fútbol en Tucumán, con ojos en la nuca, la punta del botín para llegar siempre al corte, y el resto físico para distribuir como se aprende en Ciudadela, muy cerca del Abasto.
Mercier es el solista de este equipo, el distinto, el frontman, el crooner y no cae en la egolatría, en el hedonismo del que se lleva los flashes, las notas y los aplausos. Potencia a sus compañeros y así el hincha se empieza a familiarizar con Mosca, con Castro y empieza a entender de qué juega Fissore. Ahora, bien: si de dúos hablamos el gran hallazgo de esta noche ha sido la sociedad compuesta por Luciatti y más Amor, por favor. Cuando te invadía el miedo de que se te escapara un partido que no había sido liquidado, siempre la pareja central ha estado a la altura anulando a los Luna, a los Montillo, a los Cachete, a los pechitos y a los ombligo también. Ni la estrella del campeonato de la Copa de la Superliga ni la melena de Gorosito han pesado esta noche ante un rival como San Martín que fue local en Victoria.
Queda como lunar de esta noche estrellada la falta de contundencia de Pons, justo Luciano, justo Lucho que venía clavándolos a todos como se le cantaba, justo él esta noche anduvo desafinado, falto de tempo, sin compás para batir las palmas y que se haga agua el picolé: Pons ha tenido clarísimas situaciones de gol para liquidar el pleito, y las ha desperdiciado a todas. En el último mano a mano que tuvo, con todo el arco a disposición, transmitió la sensación de que ya estaba en modo pesimista, sabiendo que son esas noches que no sale una. Pese a ello se destaca que no se esconda, que la pida, hasta que peque de egoísta en algunos ataques porque los goleadores son así y si tienen a un compañero de ataque como Gonzalo Rodríguez en modo Turbo, Pons volverá a ser tapa.
Ojo, que San Martín se reproche esta noche no haber podido golear al Tigre sensación, al cuco del grupo, al candidato, claro que es un detalle para corregir, pero mientras tanto para celebrar. Porque son estas las noches que empiezan a hacerte ver el equipo con otros ojos, que te ponen manija, que te inflan el pecho de ilusión, entonces empezás a fijarte quién viene ahora a Ciudadela, cuánto falta, cómo se domina la ansiedad por volver, qué tal estará la camiseta nueva que se estrena este jueves y, de ahora en más, la gran pregunta: cómo te queda el traje de candidato.