¿Qué pasa en ese arco? ¿Qué hizo un día el canchero? ¿Qué ocurrió con un árbitro? Mitos, misterios, leyendas y verdades de los sucesos mágicos que pasan de cara a la tribuna que vivió de cerca otra vez un grito agónico a través del pie de Arce. VIDEO
El gol de Galeano, inolvidable.
Ni tirando un alambrado puede evitarse lo inevitable: arco de la Bolívar, gol de San Martín. Cuenta la leyenda que un día el canchero del club, para cambiar la suerte después de una racha seca, decidió rotar los arcos: desenterró los palos y el travesaño del arco de la Rondeau, desenterró los palos y el travesaño del arco de la Bolívar, y con la ayuda de dos capataces los reubicó.
Como todo relato fantástico cuando el protagonista es el arco de los milagros, no se sabe bien a ciencia cierta el día del cambio donde todo empezó: sí recuerdan los hinchas de San Martín que, de cara a la tribuna de la Rondeau, Guillén le tapó el penal más importante de los clásicos tucumanos a Cáceres. Tan cierto como en ese arco San Martín perdió el ascenso ante Villa Mitre aquel mediodía inexplicable por penales.
Pero es del arco de la Bolívar del cual hay que hablar: un arco que roza lo mítico, lo incomprobable, lo mágico, lo difícil de sostener con pruebas contundentes y definitivas, pero como bien recuerda el periodista e historiador Gabriel Sanzano, hay un punto de inicio en la historia del arco de la Bolívar y nos lleva al año 85 con el gol de Torales a Navarro Montoya, arquero del Vélez dirigido por el Coco Basile: “En ese gol pasa lo increíble: se jugaba el tiempo de descuento, el árbitro está por llevarse el silbato a la boca para terminar el partido, se le cae el silbato y en el tiempo que demora en agacharse y levantarlo llega el gol de Torales. Con ese gol San Martín elimina a Vélez y avanza a la siguiente fase del Nacional”.
Si clásicos tucumanos hay que rememorar, el del año 94 es inolvidable con el gol del santiagueño Gerez en ese arco para eliminar a Atlético. O el del Huesito Pereyra en el 97 para estirar a cinco la racha consecutiva de triunfos al Decano. O unos años antes, en el 92, con los dos de Erasmo Doroni, uno de penal y otro de tiro libre. Pero es el clásico del 2005 el más reciente: cuando Fabián Domínguez relata cómo el Ratón Ibáñez manda el centro para la cabeza de Villalba y lo cantó Villalba y lo cantó y gol de San Martín en el mismo arco donde un par de minutos después llega el cabezazo de Mario Vera para ganar el primer clásico después de mucho tiempo, con Atlético varado en el Argentino A y San Martín resurgiendo de las cenizas de la mano de Roldán.
Es el mismo arco donde bellos milagros sucederán con el correr de los campeonatos: hay hinchas que vuelven a ver el gol de Agudiak y todavía tienen miedo que Lentini no llegue a mandar el centro para el gol del Toro que lo inmortalizó en Ciudadela. Es el mismo donde unos años antes, en 2007, Luciano Krikorián marcaba un gol clave para ganarle a Godoy Cruz, el escolta, y seguir en la cima que ya nunca más perderá hasta el ascenso a Primera en 2008.
Es el gol de noche en el arco de los milagros. Y ni hablar si a la noche la acompaña la lluvia de 2018 cuando Juan Galeano encontró la pelota y le dio con alma y vida para ponerla en el único rincón donde podía entrar, desplomando por el césped como un ejército a los defensores rivales, para que esa noche San Martín vuelva a Primera, más allá de que luego ganara las semifinales ante Agropecuario y la gran final ante Sarmiento.
El arco de los milagros sigue sumando goles agónicos como el de Pons esta mismísima temporada para arrancar con el pie derecho el campeonato que termina de local con San Martín invicto en casa, puntero, con apenas un gol recibido (en el arco de la Rondeau, claro) y la última perla, la joya en el pie izquierdo de Ignacio Arce sobre tiempo de descuento para que la fiesta sea completa, otra vez por esas redes infladas por la misteriosa y mágica fórmula de la felicidad: arco de la Bolívar, gol de San Martín.