Rubén González tiene 53 años, no ve las horas de volver a Ciudadela y calma la espera con un mensaje conmovedor. Revela cómo vio al grupo en Perico y qué sueña para la gran final: "Hasta en los reflectores vamos a meter hinchas".
Rubén González, Ciruja hasta la hernia.
Rubén González no duerme. La cuenta regresiva ingresó en la recta final. "¿Cuánto falta para el domingo?", se pregunta todos los días. Rubén González tiene 53 años, conoció al amor de su vida a los 5, solo, una tarde que se le escapó a la madre, un recuerdo que vuelve durante la chasrla con el tucumano y que jura: "Cada vez que me acuerdo, siento los chancletazos de mi madre. El Chino Sarmiento me salvó ese día".
Rubén González no duerme. Lo domina la ansiedad por volver a ver a San Martín, por pisar de nuevo Ciudadela, por entrar a la cancha primera vez en el año porque este verano no hubo amistosos que calmaran el pecho. Rubén González no duerme. Y si duerme, sueña con lo que todos los hinchas de San Martín sueñan a cinco días del partido contra Almagro, el que marca el camino de inicio de la segunda rueda con la final única del 23 de mayo entre ceja y ceja: "San Martín le va a sacar 11 puntos al segundo. Ojalá que a la final nos la hagan jugar en Formosa si quieren. Hasta en los reflectores les vamos a meter hinchas".
La fe ciega que tiene Rubén González está fundamentada en lo que ha visto durante el verano: dice que no ha tenido vacaciones, pero sí una escapada de cuatro días adónde más sino a Perico, Jujuy, donde San Martín realizó el tramo fuerte de la pretemporada:
"Ando impaciente, pero a la vez tranquilo: he visto muchas cosas en Perico que me han gustado mucho. Fuimos en el auto jueves, viernes, sábado y domingo. Los vi bien a los jugadores: tranquilos, cagándose de risa cuando se tenían que cagar de risa, transpirando cuando había que transpirar. He visto un grupo muy unido, muy compenetrado con la causa".
Las razones para creer en el ascenso a Primera para Rubén González se sustentan en lo que ha observado también de los técnicos: "Los técnicos me encantan, han armado un grupo humano increíble. Fijate en los festejos de los goles adónde van los jugadores: al banco de suplentes a abrazarse con los suplentes. Está claro que Mercier es el más importante, pero el grupo está formado por hombres, no por nombres. Hace seis meses Mercier quedaba atrás de todo, los changos le sacaban una vuelta, ahora lo he visto correr a la par de todos. ¡Tiene 40 años! No tengo dudas que vamos a ganar muchos partidos por el estado físico de los jugadores. Ya pasó en la primera rueda: los otros equipos estaban quebrados y San Martín seguía corriendo. San Martín tiene equipo para enfrentar los dos campeonatos: la Copa Argentina y el Nacional B. San Martín tiene dos equipos y medio. Es el club que mejor se ha reforzado".
"Una tarde nos encontramos de pechito a Orsi, en el segundo entrenamiento, el de las 16. Es muy cordial y tiene una humildad impresionante. Como el Pichi, que tiene una humildad de la mierda. Todos los jugadores estaban bien de ánimo: el más hincha pelota es Sergio Gómez. Jodía con Mercier. Decía: 'Es muy pendejo el Pichi, no sabemos si va a aguantar la presión'. Y los técnicos coincidían en lo impresionante que es impresionante la hinchada: 'Jugar todos los domingos a cancha llena, que te esperen abajo para darte cariño. Quizás no sepan los hinchas lo importante que es ese cariño. Nos sentimos mucho más obligados a dar todavía más. Sabemos que dejan la familia como nosotros lo hacemos. Todos estamos tras el mismo sueño', me decían los técnicos".
La escapada de Rubén González a Jujuy para inflarse de optimismo fue en un auto con El Cata Domingo, de Catamarca y con la Noe (enamorada de Arce). "No gastamos en alojamiento ni en comida. Siempre hay un Ciruja que te abre las puertas de tu casa. Cuando volví el lunes le dije a mi señora: 'Por favor, amor, hacete un guiso, nos han recibido en todos lados con asado'. Fue así: en San Pedro de Jujuy paramos en la casa de Oscar del tucumanazo; en jujuy, en lo del Vieja, de la brava de Gimnasia de Jujuy; en Salta, en lo del Ciruja Damián; después en la casa del hermano de Domingo. Somos una familia muy grande", explica el Ciruja que siente una pasión por San Martín que lo desborda.
A horas del regreso a Ciudadela, jura: "Cuando pasa mucho tiempo sin poder ir a verlo, la ansiedad te carcome. Te preguntás cómo estará el equipo, cómo saldrá, te volvés loco, no ves las horas. ¿Cuándo llega el domingo?, te preguntás todo el tiempo. Si fuera por los hinchas, queremos jugar mañana. Sabemos que va a explotar Ciudadela. Es mucho más que un partido: es reencontrarse con la gente que vos querés, con el San Martín que vos llevás en el corazón, con una parte de tu vida: como tus hijos, como los padres, una parte importante. Es reencontrarse con esa hinchada, con esos colores, con ese sol de la Pellegrini que pega como loco. Volvés bronceado mal de la cancha. Elegís el mismo lugar, ya te conocés con el otro. Y el día del partido no ves las horas que empiece".
El ritual de Rubén González del domingo es uno solo: "La previa la hacemos en Pellegrini y Roca en los kioscos de lata de la Quinta. Hacemos un asado con La Banda del Kiosco. A las 11 caemos, le metemos una previa larga y linda hasta las cinco de la tarde para pirar con uno de los changos que tiene 63 años. Nos gusta estar con tiempo en la cancha: pero antes nos gusta ver cuando te empiezan a saludar los changos, cuando aparece la hinchada por la Roca, todos parecemos hijos de la misma madre, te saluda alguien que no viste y te manda saludos. Es hermoso".
Rubén González es el hincha que ha acompañado el ascenso a Primera de 2018 con cartas y videos para alentar durante la semana, en la previa: "Escucho los audios y los videos que armo y hasta yo me emociono: hay cosas que uno dice sin pensar. Estoy tomando mate y me vienen cosas a la cabeza, me grabo con el teléfono. Lo mismo hago con mis nietos, con mi mujer, es espontáneo. Me he acordado de algo en la cancha y me sale así".
"En la fiesta de la filial me dieron el micrófono para que hablara en el Complejo y en eso estaba cuando lo veo al Eterno López lagrimeando, a Jacinto Eusebio con la cabeza gacha, a Troitiño diciéndome: 'Callate, hijo de puta', a Pichón, al Negro Maguna largándose a llorar. Les terminé pidiendo perdón pero así lo vivo a San Martín. ¿Qué voy a hacer? Si este sentimiento cotizara en bolsa, seríamos ricos todos. No hay palabras para expresar lo que genera San martín. De verdad lo digo: es mucho más que felicidad. Todavía no se ha inventado la palabra que define a San Martín. Ya la voy a encontrar".