La cuarentena obligatoria ha detenido el curso normal de la temporada vigente del fútbol argentino, todo se encamina a una posible suspensión definitiva y resoluciones lejos de las canchas ¿Cuales son los escenarios posibles? ¿Quienes son los beneficiados y los perjudicados?
San Martín es el mejor equipo de la categoría. Está primero en su zona y en la tabla general.
En las últimas horas de ayer trascendió la intención de una buena mayoría de clubes del fútbol argentino en dar por finalizada la temporada 2019/2020, suprimiendo los descensos y respetando las tablas de posiciones actuales, para definir ascendidos y clasificados a copas.
En caso que esto se diera, por supuesto que habría beneficiados y perjudicados y cualquier resolución no prevista en el reglamento sería, cuanto menos, discutible.
Partiendo desde esa base de falibilidad de potenciales medidas resolutivas de emergencia, vamos a analizar todos los escenarios posibles para la continuidad o suspensión de la Primera Nacional, que tiene como protagonista principal a San Martín.
Primera posibilidad: Que la temporada termine en la cancha sosteniendo el formato previsto sin importar cuando. Es lo que está vigente por el momento, hasta que se decrete oficialmente lo contrario. Hay algunos clubes interesados en que el certamen termine como sea porque todavía tienen ilusiones, legítimas por cierto, de lograr un ascenso. A primera vista aparece como la opción más justa: siempre definir dentro del campo de juego es mejor que en las oficinas. Ahora, en este caso ¿Estaríamos definiendo un torneo de manera normal? También la respuesta a esa pregunta esa casi inmediata: ¡No, de ninguna forma!
El campeonato está totalmente desvirtuado, y que este parate imprevisto perjudica a algunos más que a otros, está a la vista de todos. No hace falta ser un adivino para darse cuenta que quienes venían más arriba son aquellos a los que menos les convenía que el fútbol pare.
Además, suprimiéndose los descensos, como plantean que se haría, serán justamente los equipos que mejor posicionados están los obligados a mantener sus planteles lo más fuerte posible, haciendo un esfuerzo económico que los de abajo no tendrán por qué realizar. Entonces saldrán premiados los que peor hicieron las cosas.
San Martín sería, en este caso, el principal perjudicado, siendo el mejor equipo de la categoría con una campaña extraordinaria, de golpe se vería obligado a retomar un certamen donde la mayoría de sus rivales se habrán sacado presión y ni siquiera tendrán la necesidad de incurrir en gastos. Incluso muchos clubes, que ya manejan el dato de que no habrá descensos, ya están negociando las recisiones con algunos futbolistas extraoficialmente. Mientras que en Ciudadela tendrán que mantener el plantel por tiempo indefinido.
Otro punto clave ante una posible vuelta a las canchas, es la concurrencia de público a los estadios, que para los Santos tiene doble importancia: por un lado económica, ya que las recaudaciones representan un alto porcentaje del presupuesto del club. Jugar sin público sería quitarle una buena parte de su ingresos, pero sin reducirle gastos. La popular frase “el Santo es de la gente” encuentra argumentos en las planillas contables de la institución, donde con una simple ojeadita queda en claro que sin la venta de entradas, San Martín no podría mantener las estructuras que tiene.
Al valor económico que el público implica, hay que sumarle el deportivo, ya que cualquiera que pisó Ciudadela sabe a la perfección que la localía pesa y mucho, y a eso los sostienen jugadores y cuerpos técnicos tanto propios como extraños. Pero más allá de las opiniones subjetivas de quienes conocen el verde césped del Mítico Solar, las frías pero contundentes y objetivas estadísticas, también así lo indician: San Martín ha sido uno de los equipos más eficaces jugando en esa condición, donde solo ha perdido un partido y recibido, apenas, 3 goles en 10 jugados.
Otra de las posibilidades que se vienen barajando es que los ascensos se definan mediante dos reducidos de 8 equipos cada uno, los cuales otorgarán un ascenso por cada llave. Sin dudas esta es la peor de todas las propuestas, injusta por donde se la mire.
Partiendo de que igualaría en posibilidades a equipos que ni siquiera están en zona de clasificación actualmente, con otros que van bien arriba. Sumado a esto, para los que van primeros se reduciría de dos a una las chances de ascensos. Es decir que San Martín pasaría de tener asegurada una final, y en caso de perderla, una semi; a tener que arrancar en cuartos, con una sola posibilidad, sin margen de error en igualdad de condiciones con, por ejemplo, Villa Dálmine que tiene 18 puntos menos. Además los cruces se daría despues de un larguísimo receso, lo que igualaría fuerzas entre todos los planteles.
Esta idea beneficia a clubes de peso como Tigre, que con Sergio Massa a la cabeza tiene mucha influencia, y también a otros históricos como Rafaela, Platense o Ferro, aunque excluye a algunos peces gordos como Belgrano y San Martín de San Juan.
Finalmente, la última posibilidad que vamos a repasar es la de suspender las temporadas, darlas por finalizadas y decretar los ascendidos según su rendimiento deportivo hasta la última fecha disputada.
Por supuesto que, a priori, esta idea es claramente resistida por los clubes que todavía se sienten con derecho a pelear el torneo. Claro está que tienen argumentos más que válidos para defender su postura.
Sin embargo, teniendo en cuenta todo lo expuesto arriba y que cualquier escenario nos llevaría a una injusticia de una u otra manera, no es menos legítimo el planteo de que mientras todos los equipos estuvieron en igualdad de condiciones y jugaron casi el 70% de las fechas, sin factores externos que alteren la naturaleza de la competencia, hubo algunos que hicieron las cosas mejor que otros.
Entonces, esta medida contemplaría y premiaría al que mejor jugó mientras el torneo transcurría de manera normal, bajo las condiciones previstas. Por otro lado, este criterio es el que ha llevado al consenso de todos los clubes de primera división, que tienen casi resuelto que la temporada se dé por terminada y clasifiquen a las copas los equipos que ocupan, transitoriamente, esas posiciones al momento de la suspensión.
Dicho esto, no habría por qué desestimar este criterio en las categorías de ascenso. Que claro está, se estaría cayendo en una resolución injusta en términos absolutos, pero más justa que cualquier otra en términos relativos y reales.
De ser así, nadie pone en dudas que los de Ciudadela obtendría el derecho a jugar en la máxima categoría pura y exclusivamente por lo sucedido en la cancha, mientras la competencia transcurría con absoluta normalidad.