CIUDADELA

"Estuve al borde de la muerte": Jacinto gambeteó el drama y está para volver

Hace 16 años, el ídolo eterno de Ciudadela ganó su partido más difícil contra una pancreatitis que casi le costó la vida. Hoy tiene 61 y se entrena todos los días. A falta de jugadores que sea.

08 Jul 2020 - 20:45

Jacinto Eusebio Roldán es uno de los máximos ídolos de la historia de San Martín.

Si uno le menciona el nombre Jacinto a cualquier tucumano, inequívocamente lleva a un apellido que se instalará en su cabeza de manera inmediata. Como si no hubiera otro Jacinto en el mundo. Acá Jacinto significa fútbol, significa Ciudadela, Jacinto usa camiseta roja y blanca y lleva el número 10 siempre. 

En Tucumán Jacinto siempre va acompañado de Eusebio y Roldán, aunque la mayoría de la veces no hace falta ni decir, salvo que uno, se levante de la silla y ante el silencio de la mesa, con el vaso de vino en la mano, diga: “El mejor jugador de la historia de San Martín se llama Jacinto Eusebio Roldán”, entonces, la mitad de los presentes también se levantará y brindará al grito de “vamo lo santo”, y la otra mitad, permanecerá en un silencio respetuoso.

Jacinto es de esos cracks amados por los propios y respetados por los rivales: no es de los que se odiaban, sino de los que se envidaban y , a su vez, se respetaban. Como Francescoli, Maradona u Ortega. O al revés, en Tucumán, el Pulga. 

Jacinto tenía 15 años cuando debutó en San Martín contra Tucumán Central y unos meses después, con 16 recién cumplidos, entró en un clásico que perdían 1 a 0, faltaban solo 15 minutos y en ese ratito dio vuelta el resultado para ganarlo 2 a 1. Si algo así ocurriera hoy, el joven jugador sería esperado por toda la prensa, decenas de cámaras lo hubieran apuntado a la salida del vestuario, su nombre llamaría la atención de los representantes que ya empezarían a contar los dólares que podrían ganar. 

Sin embargo, no pasó nada de eso, Jacinto se duchó y con el bolsito en la mano caminó hasta la parada del 9 en la avenida Roca, ahí se mezcló con los hinchas de uno y otro equipo que no lo reconocieron. Fue testigo de cómo había generado alegría para unos, tristeza para otros. 

Ahora, con 61 años cumplidos, Roldán parece aquel changuito goleador al que no le tomó mucho tiempo convertirse en el máximo ídolo de la historia Santa: “Me prestan las instalaciones del club para entrenar, así que aprovecho”, cuenta Roly con respecto a un video que llamó la atención en la que se lo ve haciendo trabajos de coordinación de igual a igual, junto a su hijo Nico Roldán, otro crack que también dejó su huella en Ciudadela. 

“Cuando era jugador no me gustaba mucho entrenar con pesas, sentía que me endurecía mucho. Pero después con los años le fui agarrando el gustito y hoy trato de mantenerme bien y el gimnasio me gusta más que antes”, confiesa. 

Jacinto ha jugado miles de partidos en su vida, pero reconoce que el más difícil lo tuvo que disputar hace 16 años contra una pancreatitis severa: “Casi me muero, tenía un cálculo en la vesícula y fui dilatando la operación y eso derivó en una infección grave de páncreas. Estuve al borde la muerte. Desde entonces me tomo las cosas de otra manera”, afirma y admite que entrenarse es, ante todo, una cuestión de salud.

Por supuesto que su estado físico envidiable le permite seguir paseando su magia, intacta, en los potreros de Tucumán. “Me gusta jugar y sigo haciéndolo. Con mis hijos, sobrinos y hermanos tenemos un equipo: ‘Ciudadela F.C’. También juego en los veteranos los domingos a la mañana”, cuenta la leyenda que, si tiene un tiro libre a favor, todos los arqueros arman la barrera con 9 jugadores y que siempre dejan uno parado en el círculo central con una pelota en el punto del medio, listo para no perder tiempo y sacar del medio. 

Su vida sigue ligada al club de sus amores, donde dirige la Reserva y, por supuesto, no falta a un partido en la cancha. En tiempos de pandemia, sigue con angustia las injusticias que AFA está cometiendo con San Martín, aunque en el fondo tiene fe de que, al final, llegará el ascenso porque el Santo lo merece. 

Mientras tanto, el plantel se desmantela, y no se sabe ni que, ni cuando, ni contra quién, jugará San Martín en el próximo partido, pero si falta alguno, no lo duden, pónganlo a él, señores, que sea Jacinto con las 10, que sea Jacinto más 10.


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