OPINIÓN

A la historia la escriben los que luchan: San Martín y su última batalla

La AFA determinó que todos los clubes tengan chances de ascender a Primera. La brillante campaña del Santo quedó, injustamente, sin efecto. Solo el TAS puede frenar uno de los bochornos más grandes de la historia del fútbol argentino.

20 Ago 2020 - 01:17

“¡Pará, pará, pará! ¿vos me estás diciendo que los 32 equipos de la categoría van tener la oportunidad de ascender? ¿Incluso esos que iban últimos a los que ya les regalaron no descender? Encima ¿Les abrieron el libro de pases para que puedan rearmar sus equipos y corregir los errores que habían cometido en los armados de los planteles?”, a esas preguntas podría hacerlas, con tono exagerado y ridículo, Fantino en la tele, pero también las podría hacer cualquier futbolero, de cualquier lugar del mundo, que se entere lo que está pasando con la Primera Nacional.

Supongamos que a ese extranjero imaginario le tuviéremos que responder que ya se jugaron 21 fechas que no tendrán ningún valor, pero que en 4 o 5 encuentros, cualquier club se podría ganar el derecho a jugar en la máxima categoría. También le tendríamos que contar que los clubes del presidente y vicepresidente de AFA (Barracas Centra Y Mitre de Santiago; Tapia y Raed), estaban cerca de descender y que se auto regalaron el derecho de salvarse, sin explicación y que ahora se auto regalan la posibilidad de luchar por un ascenso ganando un puñado de partidos.

Para colmo, habría que decirle a nuestro amigo ficticio que hay clubes, como Tigre, que le pidieron ayuda económica al Gobierno para cumplir con los salarios de sus empleados (porteros, administrativos, etc), pero que al mismo tiempo mantuvieron el plantel más caro del torneo y que se están reforzando con los mejores jugadores de sus rivales, citando a Sagra “Tigre se está reforzando como para el desembarco de Normandía”.

Me imagino a quién escuche la historia, preguntarse por qué un pueblo tan apasionado por este deporte permite que se lo ensucien tanto y, entonces, le agregaríamos que hay un equipo, Atlanta, que es uno de los principales perjudicados por las insólitas e injustas medidas pero que su presidente, inexplicablemente, las apoya e incluso forma parte de la comisión que va a organizar estos adefesios que dieron en llamar “Reducidos por el ascenso”, pero que deberían llamarse “Ampliados”.

Desde que AFA decidió terminar la temporada, pero entregar los premios en algunas categorías, mientras que en otras no, lo único que hizo fue correr el límite del bochorno, a tal punto de llegar a los días finales de agosto sin haber logrado diseñar un plan que los saque del enredo en el que se fueron metiendo.

La pregunta que surge es: ¿Por qué no tomaron una determinación que les trajera menos problemas? La repuesta es compleja, pero se explica en una sola palabra: Impunidad. La dirigencia del fútbol argentino está acostumbrada a hacer y deshacer sin que nadie los cuestiones seriamente. Escondidos bajo el concepto del “consenso”, todos aplauden las decisiones sin discutirlas en público, pretendiendo generar la falsa ilusión de unanimidad.

Pero era obvio que solo bastaba una voz disidente que rompiera con esos códigos para que se evidenciaran los tejes y manejes que los caracterizan. Hablando específicamente de este caso, Tapia utilizó la pandemia como excusa para entregar bolsones electorales en forma de clasificaciones a las copas y salvatajes masivos de los descensos en Primera División.

Para la B la fórmula fue la misma: salvar del descenso y entregarles a todos, hasta los que no lo merecían, la chance de ascender. Eso conlleva ser injustos con quienes, si hicieron méritos, por lo tanto, se necesita la complicidad de esos clubes, o mejor dicho de esos presidentes. Con Atlanta lo consiguieron: Gabriel Grecco banca una resolución que perjudica a su club sin ningún tipo de explicación. Nunca argumentó públicamente el porqué de esta postura, pero es evidente que está defendiendo intereses ajenos a los del club que preside.

Ahora, Tapia y compañía, probablemente, no contaban con que San Martín estuviera dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias, incluso abriendo una causa en el TAS y cuestionando judicialmente la Asamblea que eligió el nuevo Comité Ejecutivo.  Esta situación inesperada enmarañó a estos dirigentes que solo saben jugar sin contrincantes, entonces quedaron demasiado expuestos.

La estrategia de AFA fue siempre la de utilizar trucos distractivos para esconder su verdadera intención: declarar desierta la temporada, para que los clubes amigos que venía mal puedan empezar de cero. El problema es que no lo hicieron en la resolución de manera clara y concisa ¿Por qué?

Porque si resolvían dejar desierta la temporada no podían clasificar a algunos equipos a los torneos internacionales y debían disputar algún nuevo certamen para decidir eso, entonces River, por ejemplo, les hubiera saltado al cuello. Además, así tampoco podrían darle el ascenso a Almirante Brown y Cañuelas, en la B Metro y la C, algo que, evidentemente quieren hacer, pero no saben cómo hacerlo sin dárselo a San Martín.

La otra opción era seguir jugando las fechas que faltaban, pero entonces no había argumento alguno para suprimir los descensos, por lo que siempre estuvo descartada esa opción, solo que mandaron a algunos dirigentes a dejar entreabierta esa puerta con el único fin de causar una falsa impresión de ecuanimidad.

A su vez, ahora, Achile, presidente de Defensores de Belgrano y de la Mesa Directiva de la Primera Nacional, emitió un comunicado informando que no habrá definiciones sobre el formato de disputa hasta el 15 de septiembre, cuando los clubes ya llevarán 15 días entrenando sin saber para qué. Esto tiene como único objetivo ganar tiempo y esperar que el TAS falle, para, en función a eso, armar el torneo y no tener algo resuelto que después desde Suiza le obliguen a cambiar.

A esta altura, ya solo resta esperar. La pelota está muy lejos de Argentina: un israelí, un colombiano y un chileno sentenciarán el destino de San Martín, el futuro del club está en mano de tres jueces internacionales, pero la historia se está escribiendo acá y ahora porque no solo la escriben los que ganan, a la historia la escriben los que luchan.

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