La amistad entre ellos es eterna, como el apodo que Jorge obtuvo en sus años dorados de Ciudadela. Se conocieron en La Paternal, cuando eran dos adolescentes que soñaban con ser futbolistas. Se cruzaron muchas veces, se distanciaron, pero jamás se olvidaron.
Jorge López y Maradona en un enfrentamiento entre el Sevilla y el Barcelona.
Camina de un lado a otro en su casa de Villa Lujan donde vive hace más 20 años. La tele está prendida y todos los canales hablan de lo mismo. Mira sin querer mirar, mira porque no puede dejar de hacerlo, porque su amigo viaja dentro de una ambulancia y la prensa no para de sacar conjeturas.
Que si hay que operarlo, que si no, que es peligroso, que mejor no tocarlo, que si no lo operan se pueda agravar. Todos hablan, todos opinan, muchos fingen preocupación, pero él está preocupado de verdad. Porque él lo quiere desde antes, desde que eran dos adolescentes con el sueño de jugar al fútbol y nada más.
Él es Jorge López, el Eterno, ídolo de Concepción de la Banda y, sobretodo, de San Martín, amigo de Maradona con el que con el que conformó una dupla temible a finales de los 70 en Argentinos Juniors, cuando ambos eran dos jóvenes irreverentes que estaban dando sus primeros pasos en el fútbol grande.
“Yo lo conocí cuando estábamos en las inferiores de Argentinos. Cuando yo llegué él era un Cebollita y todo el mundo ya hablaba de él dentro del club. Yo tengo tres años más que él ya llegué antes a primera, mi primer partido fue contra Racing en el 75 cuando tenía 18 años. Cuando él debutó contra Talleres yo jugué de titular. En esos tiempos todos sabíamos lo bueno que era, pero nadie pudo dimensionar lo que terminó siendo”, revela en charla con eltucumano.com.
Equipo titular de Argentinos Junior el día que debutó Maradona. Agachado, en el extremo izquierdo está Jorge López.
Ya en primera, Jorge y Diego se entendieron desde el primer momento, y Argentinos empezó a convertirse en un equipo temible para todos: “Yo recuerdo algunos partidos en los que él entraba en el segundo tiempo y hacíamos 5 goles. Hice muchísimos goles gracias a él.”, recuerda López a quien, por entonces, llamaban “El Avión”.
El tucumano también era un ídolo de la hinchada que solía tener un cántico que decía: “la toca Diego/centro del Avión/ entra Bartolo que la manda al rincón”. Bartolo Álvarez fue un 9 de área que completaba el tridente de ensueños dentro de la cancha.
Sin embargo, afuera, Maradona y López eran inseparables: “Éramos los más jóvenes del equipo y nos hicimos muy amigos. Concentrábamos juntos y cuando a él le dieron una casa cerca de la cancha, a la salida de los entrenamientos el me invitaba a merendar a su casa. Yo compartí mucho con su familia, con su madre, su padre y sus hermanos”.
Justamente en esos años Argentinos empezaba a convertirse en el Semillero del Mundo, y fue Jorge López la primera venta internacional que ese club realizó: “Cuando terminó el Mundial 78 me vinieron a buscar del Burgos de España. En ese momento fue una venta muy importante, de las primeras que Argentinos lograba hacer, después vendieron a un montón de jugadores a todos lados. Yo tuve mucha suerte de jugar con Maradona, no tengo dudas que a mí me vendieron gracias a él”, revela.
Maradona, López y Carrizo con la camiseta de Argentinos Juniors.
López recuerda cuando Argentinos, en el 79, viajó a Barcelona a jugar un amistoso: “Yo fui a visitarlo, como los conocía a casi todos me invitaban quedarme a dormir en el hotel con ellos, pero finalmente emprendieron el viaje de vuelta la misma noche del partido. Yo compartí el asiento con Diego en el vuelo a Madrid. Ese fue el primer reencuentro tras mi venta”.
En su primera temporada en el Burgos, López ayudó a que el equipo se salvará del descenso, en la segunda, a pesar de ser figura, no consiguió el objetivo, aunque sus actuaciones lo llevaron a ser contratado por el Sevilla en 1980 para remplazar a dos delanteros argentinos de lujo: el Gringo Scotta y Daniel Bertoni.
En ese club permaneció 5 años, y se convirtió en uno de sus ídolos. todavía recuerda eldía en el que López amargó al Real Madrid marcándole tres goles en el Bernabeu. En esa etapa de su carrera volvió a encontrase con Maradona en varias ocasiones: “Nos tocó enfrentarnos varias veces, y siempre charlábamos todo lo que podíamos, en alguna ocasión pudimos compartir alguna cena. Una vez jugábamos contra el Espanyol de Barcelona y Diego me fue a ver, esa noche nos dieron libres y yo salí con él y pudimos compartir una linda noche de amistad”, comenta el crack tucumano.
El paso de Maradona por el Barsa fue uno de os menos gloriosos de su carrera lo que derivó en su venta al Napoli: “Cuando él se fue a Italia mantuvimos poco contacto, yo me volvía Argentina en el 85 y no tuvimos muchas chances de cruzarnos”, experiencia el jugador que tras su periplo europeo pasó por Independiente, Instituto hasta llegar a su Tucumán natal, donde se calzó la camiseta de Atlético Concepción de La Banda del Río Salí siendo la figura del ascenso a la B Nacional.
Jorge López en su etapa del Sevilla.
Más adelante recaló en San Martín, donde se convirtió en un ídolo Eterno al ser una de las figuras de los dos primeros ascensos a la A. Justamente, estaba entrenando en La Ciudadela cuando se acercó un administrativo del club y le dijo: “Jorge, ahí te invitan a un casamiento”.
“Ahí me dieron un sobre cerrado, yo no entendía de que se trataba. Porque me llegaba al club y no a la casa. Cuando lo abrí y vi que era una invitación de diego, no podía creer. Me incluía estacionamiento, estadía, con reserva de hotel, con todo. No lo podía creer ni yo ni ninguno de los muchachos del plantel que me felicitaban”.
Así el 7 de noviembre de 1989, Jorge López estuvo presente en la mejor fiesta del siglo, cuando Diego Maradona y Claudia Villafañe gastaron 2 millones de dólares en la celebración que se llevó a cabo en el Luna Park: “Fue una cosa impresionante, inolvidable. Nunca estuve en un evento así. A cada rato había una sorpresa. Me acuerdo que yo tenía que volverme a Tucumán a media mañana y ya era más de las 7 y no se había ido absolutamente nadie”, recuerda.
Una vez terminada la fiesta, el Eterno volvió a Tucumán y con su categoría de siempre siguió llenando de alegrías al Pueblo ciruja. Mientras tanto, el diego empezaba su tobogán de bajada en carrara, tras luna de miel empezaría prepararse para el Mundial 90 y pocos meses después le llegaría su primera suspensión doping positivo.
“Yo algo ya había visto en Europa, había un entorno que no lo cuidaba y algunos no se animaban a decirle que no a nada por miedo a ser expulsados de ese entorno”, opina.
La vuelta del Diego fue con la Camiseta del Sevilla, con la que López supo enaltecer en la década anterior. En simultáneo, López brindaba sus últimos conciertos en Ciudadela y se mudaba a 25 de Mayo y chile donde jugó unos cuantos meses previos a su retiro.
El Diego, en tanto, también se volvía poner la celeste y blanca para ir a Estados Unidos 94 donde vimos algunos destellos de su mejor repertorio, pero la FIFA le cortó las piernas y nunca más lo vimos con la camiseta de la Selección.
López ya se reconciliaba con el Pueblo ciruja para convertirse en su DT, cuando Maradona, con una franja amarilla en uno de los costados de su cabeza, se podía la casaca de Boca en un último intento por volver a jugar al fútbol.
No hubo contactos en esos años entre los dos viejos amigos, aunque cada uno sabrá cuanto extrañó al otro. Pero en diciembre del 2007, Maradona llegó a Tucumán para jugar al Showball, López lo fue a ver al hotel, sin embargo, al llegar vio a tanta gente, que se arrepintió, tal vez en el fondo tuvo miedo de no encontrar a su viejo amigo, de ya no ser recordado por él. Al fin y al cabo, López siempre supo de la vida de Maradona, pero al revés, eso no sucedía: “Había tanta gente que no animé a presentarme. Me dio vergüenza. Pero justo pasó Diego, lo llevaban casi volando porque la cantidad de personas que lo quería tocar. Ahí alguien grito ‘Diego acá está Jorge López’, él escuchó, se frenó y preguntó: ‘¿Dónde?’, ahí vino y nos dimos un abrazo, me invitó a subir con él y esa noche cenamos juntos y nos quedamos hasta tarde conversando, recordando nuestros años de juventud en La Paternal. Ahí me di cuenta que nuestra amistad estaba intacta”.
Hay amistades que superan el paso del tiempo y la distancia. Muchas veces los caminos de las vidas se separan, sin en embargo, no hace falta estar cerca para quererse. Así lo demostró el Diego en el 89, cuando se acordó del Avión ya convertido en Eterno para invitarlo a su casamiento. Así lo volvió a demostrar en el hotel en Tucumán, cuando detuvo su paso y el del tiempo para pasar noche con su viejo amigo”.
Así lo demuestra ahora Jorge Orlando López, que en su casa de Villa Lujan se pasea nervioso mientras su amigo está en el quirófano. Acaba de terminar la operación. Los primeros pronósticos son optimistas.
Un médico tucumano lo operó. El Eterno sentencia: “Yo solo le pido a Dios y a la Virgen que salga todo bien. Yo ruego por Diego. Espero que salga de esto y pueda hacer lo que él quiera, si quiere dirigir que dirija, si quiere quedarse en casa, que se quede, que esté donde quiera estar. Solo pido que pueda ser feliz”.