El Santo volvió a perder y se ve un equipo desalmado, sin fuerzas para revertir la situación. Ya no está la dupla y el funcionamiento colectivo sigue siendo el mismo. mientras los hinchas apuntan a los jugadores, lo dirigente demoran la elección del nuevo DT.
A priori, este era un partido perdible, no por el rival, si no por el contexto propio de San Martín que se quedó sin técnico la semana pasada y que con una dupla interina debía de afrontar un compromiso con la capa caída.
El planteo fue raro de entrada nomás: con Abregú de 5, que es defensor, lo cual no se entendió si fue un mensaje bancando a los chicos del club, o denigrando a los volantes centrales del plantel.
O tal vez, simplemente fue un intento desesperado de imprimirle algo de actitud a un equipo desalmado y sin respuestas. Un manotazo de ahogado, digamos.
Es por eso que no podemos caerle a la dupla de Floreal y Torres porque agarraron un hierro caliente, muy caliente, y en pocos días hicieron malabares para encontrarle forma a un plantel golpeado desde la primera fecha vaya a saber uno por qué.
Algunos se atrevieron a insinuar que la actitud en el partido contra Atlanta que derivó en la salida de Orsi y Gómez respondió a “una cama”: hoy quedó evidenciado que no, que simplemente se trata de impericia, de ineptitud futbolística.
Cuando las cualidades técnicas escasean y el orden táctico no abunda, lo único que te puede salvar son las ganas, y eso es de lo que menos hay.
Algunos podrán decir que este era un partido de transición, y algo de eso hay, pero más se pareció a un partido de continuidad, de más de lo mismo, de la nada misma, como el domingo pasado, como el anterior, y el anterior, y de los de diciembre, desde hace 13 partidos, desde hace 14 meses sin ganar de local.
Fue el mismo Chacarita, vestido de fucsia aquella vez, el que abrió esta racha nefasta. En aquel ya lejano atardecer de marzo del 2020, a San Martín le habían sobrado méritos para ganar, y lo terminó perdiendo en la última. A esa altura nadie esperaba que pasara todo lo que pasó: todos pensábamos que era un resbalón sin caída, pero fue un salto al vacío imperceptible que todavía no encuentra el fondo.
Es cierto que hubo una pandemia de por medio, y un robo histórico de AFA, y un tribunal internacional vergonzoso: hasta un cambio de Comisión Directiva hubo. Pasó de todo, pero con San Martín sigue sin pasar nada. La victimización ya no va más.
Es cierto que también a veces falta suerte: cuando González la mete de chilena, le agarra Covid; cuando Gutiérrez entra bien y le pega como debe ser, da en el palo, cuando Estigarribia por fin le acierta al arco, se la sacan de la línea, cuando Arce quiere corregir el error de Orellana, lo termina empeorando. Son muchas cosas, pero son todas más de lo mismo: un espiral de pesimismo de la que nadie puede, y no sé si quiere, salir.
Hoy, por ejemplo, Chacarita lo gana sin querer ganar, porque a San Martín no hace falta querer ganarle para ganarle. Está claro que a Chacarita no le sobran luces: no tiene ni talento ni actitud ni nada: solamente aprovechó el regalo que se veía venir y que vino nomás.
En cambio, para San Martín todo es difícil: Estigarribia cabecea débil, Estigarribia cabecea afuera solo, Estigarribia cabecea y se la sacan de la línea, Estigarribia no la mete nunca. Moreno, que debuta como titular, se apura en la primera, pone la cabeza al revés en la segunda, se le va cerca en la tercera, le pega al arco sin ángulo cuando tiene que tirar el centro. Es chico todavía y no estuvo mal, pero no alcanzó.
Hasta Orellana, que era uno de los que cumplía siempre, hoy tuvo su peor partido desde que debutó: errático en los pelotazos, en la marca y, sobre todo, en el pase atrás a Arce sin que nadie lo apure, sí que nadie lo moleste, Arce tampoco resuelve y Emanuel Ibáñez hace el único gol del partido.
Cuevas que pedía titularidad a gritos, cuando juega de arranque deja de gritar, se calla, decepciona: apurado en los últimos metros, impreciso, irresoluto, tiene una pobre actuación de alguien del que se esperaba más. Para colmo salió lesionado y tal vez esté afuera por un tiempo.
Tino Costa oscila entre la lentitud de un veterano que al que todo le cuesta cada día más y las pinceladas de ser el que más sabe y por momento el que más lo siente. Intenta Tino, busca, pero no encuentra. Es mezcla de impotencia y ganas. Es ese jugador al que antes le salía lo que ya no le sale, y no se resigna: por lo menos no se resigna.
De los demás hay poco y nada para decir: y con eso decimos muchos. Pasar desapercibido en un equipo sin alma, te convierte, en un desalmado más, o en la más desalmado de todo.
¿Ahora qué? ¿Quién será el salvador? ¿Quién se vestirá de capitán de un barco que se hunde? Hoy se cumple una semana desde que se fueron Orsi y Gómez, la Comisión Directiva no logró cerrar con nadie: ¿querrá venir alguien? Alguien deber querer, pero ya hay menos tiempo para el próximo partido. El torneo recién empieza y ya está lejos del Santo. Veremos qué pasa. Porque, por ahora, con San Martín no pasa nada.