Dicen que la llegada de un nuevo técnico cambia el ánimo de los planteles renueva esperanzas. Dicen que un volantazo a tiempo puede cambiar la historia. Dicen que la llegada de un nuevo entrenador genera optimismo siempre. ¿Siempre?
Cuando San Martín le ponía fin al ya desgastado ciclo de Orsi y Gómez como entrenadores del primer equipo, renacía la esperanza en el Pueblo Ciruja que siempre está ávido de recibir cualquier buen augurio.
Desde el primer día la danza de nombres sobrevoló Ciudadela e invadió las redes sociales. El propio Rubén Moisello se encargó de separar la paja del trigo desde el primer momento y aseguró que no había apuros, que buscaban un técnico con experiencia exitosa en la categoría por sobre cualquier otra cosa, que estaría en la platea local para el partido contra Chacarita y que no sería de la escudería de Bragarnik.
Walter Otta, Gustavo Álvarez y Mercelo Vázquez picaron en punta en la carrera por conseguir un nuevo entrenador. Los tres cumplían con una buena parte de los requisitos anunciados y contaban con cierto concenso entre los dirigentes.
Las negociaciones se fueron disipando una por una y los días pasaban, dilatando la contratación de manera exasperante. Contra Chaca dirigió una dupla interina sin que se conociera quién sería su sucesor y una nueva derrota con una floja actuación profundizó la crisis futbolística.
Así, como caído de un árbol e incumpliendo con todas las condiciones anticipadas por el propio mandamás del club, apareció Pablo De Muner que terminó acordando su llegada, desvinculándose de la Reserva de Defensa y Justicia.
Apenas siete partidos con el buzo de Independiente de Rivadavia de Mendoza es la experiencia de De Muner en la Primera Nacional: un triunfo, dos derrotas y cuatro empates marcan su derrotero en esta categoría. A esto hay que sumarle 21 cotejos al mando de All Boys en la B Metropolitana: ocho victorias, ocho caídas y 5 igualdades.
Con su contratación consumada, el propio Moisello argumentó las contradicciones de la llegada de este entrenador en relación a las declaraciones efectuadas por él mismo: “Hubo elementos que influyeron para decidir por Pablo De Muner como DT, un dato es que es socio del club desde 2014, algo que ningún otro DT lo es. Descartamos a los demás porque hubo pedidos excesivos desde lo económico”.
"La primera intención era que no sea un DT que pertenezca a la agencia de Bragarnik, pero bueno. Cuando declaré esa vez lo hice como hincha, no como presidente. Lo cierto es que es otra mirada por ser socio, además no es una decisión comercial y no hay comisión para el representante", explicó.
También influyó que el ex defensor conoce Ciudadela tras haber tenido dos pasos como futbolista y a pesar de no haber obtenido buenos resultados, no dejó un mal recuerdo gracias a un aceptable rendimiento individual.
La llegada de un nuevo entrenador siempre genera esperanzas de cambio, y es por eso que se decidió renovar. Sin embargo, algunas declaraciones antes de asumir del propio De Muner generan ruido, al menos desde afuera: “No es el mejor plantel de la categoría”.
"Tenemos que ser sinceros y realistas, yo no voy a declarar lo que el hincha quiere escuchar, decirles que hoy el equipo está para ascender es mentirles", fueron algunas de sus primeras frases como DT Ciruja.
Más allá de sus “buenas intenciones” de honestidad brutal para con los hinchas, uno no puede evitar preguntarse qué pensarán los jugadores ante semejante manifestación de pesimismo cuando se presente ante ellos.
¿Cómo será esa ronda del día martes, cuando treinta y pico de futbolistas lo rodeen para escucharlo presentarse luego de haberles dicho, sin conocerlos, que no son lo suficientemente buenos para cumplir el objetivo por el que vinieron?
Van tan solo cinco fechas, y la Comisión Directiva de San Martín pegó el golpe de timón justamente para ascender, no para resignarse desde ya, o al menos es lo que se supone.
¿Debe San Martín tirar la toalla a esta altura? ¿Acaso no estuvo cerca de ganar al menos dos partidos de los cinco jugados? ¿No se supone que De Muner viene a levantarle el ánimo a este plantel y a ajustar algunas clavijas para conseguir los resultados que no se vienen dando? No dirán que De Muner vino a pensar en el 2022, cuando tiene contrato hasta diciembre del 2021 y cuando van solo 5 partidos de este campeonato.
Los proyectos a largo plazo son siempre elogiables, y con el respaldo justo, puede terminar trayendo grandes satisfacciones, de eso no hay dudas. Pero declarar como perdedor desde antes de arrancar y sin conocer ni en profundidad, y probablemente tampoco de manera superficial, a la mayoría de los jugadores, por no decir a ninguno, es, cuanto menos, un derrotismo innecesario.
Siempre que San Martín juegue en una categoría que no sea Primera, tendrá el mismo objetivo: ascender de manera urgente. Pueden cambiar los métodos, las estrategias, las formas y hasta el fondo, pero nunca la urgencia. A veces se conseguirá, y la mayoría de las veces no, pero rendirse nunca, resignarse jamás.
Y si de urgencias hablamos, tampoco se entiende que el nuevo entrenador se quede a cumplir "compromisos" con su ya ex club, dirigiendo partidos de Reserva y Cuarta categoría. Seguramente estuvo dentro del acuerdo, pero desde afuera no se ve mucho apuro por revertir una situación que requiere intevenciones inmediatas.
Es probable que De Muner esté capacitado para el cargo, y ojalá que le vaya muy bien en esta nueva etapa, por él y, especialmente, por San Martín. Pero deberá aprender, más temprano que tarde, que San Martín no es Defensa y mucho menos su Reserva.
En ese club, hoy modelo, a casi nadie le importa perder algún que otro partido, incluso a nadie le importa que hace dos días hayan dado el batacazo contra Palmeiras. De Muner pronto entenderá que un triunfo del Santo ante Santamarina de Tandil por la novena fecha moviliza a media provincia.
De Muner tendrá banderazos, caravanas, prensa partidaria y no partidaria, locos que treparán tribunas arriesgando sus vidas para ver un entrenamiento, tendrá gente que lo molestará y saludará en la calle, o le dejarán mensajes hasta en el café. San Martín es muy grande y no es para cualquiera: De Muner lo sabe porque jugó acá. ¿Lo sabe?