análisis

Permiso para ilusionarse: De Muner se puso el traje y San Martín sacó chapa

El Santo pisó fuerte en el Alfredo Beranger de Temperley y consiguió un triunfo importante gracias a un nuevo gol de Estigarribia. Superior en todas la líneas hoy y siempre desde la llegada del ya no tan nuevo entrenador, el equipo crece en el juego, trepa en la tabla y achica distancias con la punta.

23 Jun 2021 - 19:21

A paso firme, De Muner le dio identidad a un equipo que se anima a soñar con el premio mayor.

Gritalo papá, gritalo bien fuerte, que ganó el Santo otra vez, y ya son siete sin perder, cinco triunfo y dos empates. Y los de arriba están cada vez más cerca. Volvió a ganar el Santo, con oficio, con orden, con garra y con corazón. Así se gana, no hay otra.

De Muner le cambió más la cabeza que el juego al equipo. Agarró un plantel golpeado, dolido por lo sucedido el año pasado. Es verdad que hay muchos que ni estuvieron, pero el efecto contagio había trascendido en el tiempo de la misma forma en la que se transmiten costumbres de generación en generación.

Había que desenterrar eso, y tal vez la dupla de Orsi y Gómez era la última raíz que sacar para volver a crecer, a florecer. Ellos armaron este equipo e hicieron todo lo que estuvo a su alcance, fueron golpeados por la injusticia y no pudieron levantarse. Habrá revanchas, seguro, pero hoy corren los tiempos de De Muner.

De Muner llegó al club con escasa experiencia y con un perfil bajo, declaró de entrada, antes de aterrizar,  que el equipo no estaba para ascender, pero desde entonces se puso a trabajar para tapar su propia boca y hoy se animó dejar el humilde alpino deportivo y ponerse el traje ¿De candidato? Y sí, ¿Por qué no?
Si este equipo crece partido a partido no solo en el juego, sino en la confianza, en la actitud ganadora. Se planta en cualquier cancha, se impone a cualquiera. Los rivales no logran hacer pie, San Martín los presiona en toda la cancha, les come los tobillos, los fuerza al error.

Esta vez, el campo de juego que parece de Fútbol Playa tampoco ayuda al pobre Temperley que no sabe para dónde escapar. Primero,  Gonzalo Rodríguez casi la mete a los dos minutos. Después Cháves roba una pelota al borde del área, lo bajan, tiro libre, Estigarribia y gol. Todo en secuencia, nada es casualidad, todo se encuentra porque se busca con decisión. Otra vez San Martín se pone en ventaja en el primer cuarto del partido.

Este San Martín tiene el síndrome similar al de la Selección Argentina: domina, reduce al rival, lo somete, le hace un gol, lo controla durante varios minutos, pero de golpe, en algún momento, cede la iniciativa, se la entrega al contrincante que con nada se agranda. Es verdad que acá hay otra virtud, en los de De Muner (y también los de Scaloni): mantiene el orden, se muestra sólido y no es fácil entrarle. Así se explica que en los últimos cuatro partidos solo recibió un gol.
 
Hoy volvió a ser protagonista Estigarribia que, como Bieler y Campodónico, va de menor a mayor. Hoy, a pura fe, con la confianza arrastrada desde el miércoles pasado, le apuntó al pecho de los que estaban en la barrera que no tuvieron otra que moverse, abrirse para que la pelota no los arrastre hasta el fondo del arco. El arquero mira y putea, nada qué hacer. Golazo de tiro libre, como para que no haya que extrañarlo a Tino Costa. Antes ya le había servido el gol a Gonzalo que no pudo definir en la cancha, pero que está a pocos días de definir su futuro y en el vestuario sus compañeros le mandaron un mensaje muy clarito al ritmo de un “Turbo no se va”.
 
Si el del otro día era el triunfo necesario, obligatorio, para seguir soñando, el de hoy fue el de la confirmación de que hay cómo y por qué ilusionarse, es por eso festejo del final con todo el banco explotando ante el pitazo, con el abrazo cerrado del equipo en el borde el área, con el vestuario a puro cántico.

De Muner dice y repite que la competencia es contra el mismo San Martín, pero la verdad es que los otros también juegan contra San Martín y entre ellos. Suma que no hayan ganado ni Gimnasia de Mendoza, ni Tigre, ni Atlanta. Ahora la distancia es de seis puntos con los punteros, y de cuatro con los otros dos.

En definitiva, el Santo consiguió un nuevo triunfo para el que trabajó y mereció. Sufrió casi nada y sumó de a tres por segunda vez consecutiva. Cinco triunfos y dos empates marcan el andar Ciruja tras la salida de la dupla técnica. Falta un montón, y el camino es largo, pero hay licencia para ilusionarse.

 


seguí leyendo