El entrenador le cambió la cara a este equipo que ahora pelea el torneo desde cerca, y también se la cambió hoy cuando empataba un partido duro y con las modificaciones justas logró abrir el marcador. Un DT lúcido, un 9 goleador, un mediocampo de lujo y una última línea sólida, explican este presente que invita a soñar.
Es lunes y la semana ya está perdida. Por suerte es lo único perdido hoy, aunque pierda La Selección esta noche ¿A quién le importa La Selección? En Ciudadela, a nadie. Hoy ganó el Santo otra vez, señores, y ya son tres al hilo, y ocho sin perder, con seis triunfos y la punta está al alcance de la mano.
Para eso hubo traspirar antes, por supuesto. Nadie esperaba otra cosa, por más que sean recién ascendidos y que en la tabla no venían bien. En Ciudadela se sabe que primero hay que jugar, primero hay que saber sufrir.
Así Maipú, digno y solidario, salió a marcar, morder, molestar lo máximo posible. Con el respeto que se le tiene a un candidato, planteó el partido desde la inferioridad que todos suponíamos en la previa. Y logró incomodar, el plan funcionaba y San Martín exedeindose en la búsqueda de la prolijidad, se repetía en pases laterales, sin riesgos ni profundidad.
En todo el primer tiempo Estigarribia se escapó una sola vez y forzó la expulsión del arquero de Juan Bolado que metió la mano fuera del área para evitar el gol. De ahí no pasó nada más en los primeros duros 45 minutos.
Maipú, con uno menos, tenía más razones para resguardarse en su campo y De Muner, pillo, lo leyó, lo vio venir, y en el entretiempo sacó a Pellerano y metió a Ariel Cháves para que se asocie con Tino Costa, para sumar más fútbol en la mitad de la cancha, para encontrar esos pases punzantes que estaban faltando. Sin importarle desguarecer la defensa, como quién sabe que el rival no tiene fuerza ni ganas de lastimar.
Claro que para eso, alguien debía sacrificarse, ese fue Lucas Diarte, que bajaba para ayudar a Maxi Martínez y Lópes, pero sin dejar de subir para sumarse al ataque y en ese movimiento estuvo una de las claves del triunfo, porque por la izquierda, con Diarte como protagonista, llegaron los goles.
Todos esos movimientos llevaron al gol de De Muner. Si leyó bien, fue De Muner el que abrió el marcador, primero por eso de sacar un defensor y meter un volante ofensivo; después por aquello de pedirle a Diarte que vuelva, pero que no deje de ir para adelante; también por hacer ingresar a Lucas Cano para defina y figure en todos lados como el autor del gol que, repito, fue del entrenador; y sobretodo, por la hermosa jugada preparada que se cansó practicar y repetir para que finalmente pague con tres puntos de oro.
Porque el primer gol, el de Cano/De Muner, debió haber sido un centro al área desde tres cuartos de cancha, pero Tino Costa se acordó de la pizarra y los entrenamientos, y después de amagar, se la dio a Diarte que le terminó de servir el gol a Cano, ese enviado a la cancha por De Muner para abrir un partido que pintaba muy complicado.
Ya ganando, San Martín se agrandó mostró ese oficio que por momento parece sobrarle, que le gusta, la pelota empieza a pasar de los pies de uno a los pies de otro, como si no hubiera rivales en la cancha.
Salió Tino Costa y ahora Cháves tomó la riendas del equipo como pidiendo pista para jugar más, haciéndose amo y señor del mediocampo, manejando tiempos y distancia del partido entero. Es él que mueve la pelota de un lado al otro: primero a la derecha, después a la izquierda, también al medio y para atrás.
Chávez la toca a todas y todos la tocan también, así llega el segundo: de derecha para el medio, del medio a la izquierda, de la izquierda al medio de nuevo, del medio para adentro del arco. Es Estigarribia el que muestra todas sus virtudes en una misma jugada: primero aguanta la pelota de espaldas, después pivotea y abre hacia la izquierda, cuando la suelta pica hacia el área, se desmarca y mete un cabezazo fulminante, de pique al suelo, sacándoles provecho al tremendo centro de Lucas Diarte, genio y figura de la cancha.
Partido liquidado, la punta la alcance de la mano, el triunfo necesario para mostrar que ahora se gana siempre y que La Ciudadela vuelve a ser inexpugnable para el que venga. Es otra demostración de poderío de un equipo cada día más serio, cada día más sólido.
En siete partidos dirigido por De Muner, este fue el quinto que termina con la vaya invicta y en general son muy pocas, casi ninguna, las ocasiones de gol que le generan en el arco del Santo. De hecho, Arce hoy fue actor de reparto en este elenco al que le sobran buenos artistas pero nadie es más protagonista que el equipo mismo.
Aunque hoy si hubo un papel estelar para Gonzalo Rodríguez que se despidió con a lo grande por sus compañeros, con pasillo a la europea incluido, con ovación de todos los presentes, con las tribunas vacías, pero que igual se venían abajo para saludar a un hijo de la casa que se va.
“Olé Olé Olé Turbo”, bajó desde los palcos donde estaban unos cuantos hinchas y dirigentes que pudieron cantarle en representación de todo el Pueblo Ciruja. Se va un ídolo por la puerta grande, con el reconocimiento que se merece. Porque si hay algo que saben ser en Ciudadela, es agradecido, y el corazón Ciruja no se lo gana cualquiera, y Turbo se lo ganó mucho huevo y eso no se olvida, lo dice la hinchada con el corazón.
Pero el torneo sigue y ahora la punta ya no está tan lejos, hoy la diferencia es solo de tres puntos y, como máximo, se ampliará a 4 si es que Atlanta gana mañana. Parecía imposible, pero hoy es real: San Martín está vivo y peleando el campeonato. Como corresponde. Como siempre. Los demás… tiemblan.