El pacto con el Santo es de por vida, y así lo supo siempre Aníbal que durante 80 años cruzó la ciudad a pie desde Villa Mariano Moreno a Ciudadela para ver a su querido equipo. Ahora alienta desde el Cielo. La historia que conmueve al Pueblo Ciruja.
El pacto con San Martín es de por vida y a esto Aníbal Sisto Santillán lo sabía mejor que nadie. Es por eso que con más de 80 años de cancha en el lomo, hasta el último de sus días pensó en el próximo partido del Santo como su último gran plan, era su despedida en tierra para después pasar a la platea más alta.
Su nieto, Rodrigo contó una pequeña parte de esta historia de amor que trascendió el paso de las décadas y que supo trasmitir a toda su familia: “Fue el primer hincha de la familia, y todos sus hijo y nietos son Cirujas de alma, hasta las mujeres, mis primas también son hinchas”, explica.
“Como abuelo fue el mejor del mundo. Muy amorosos con todos nosotros, trasmitiéndonos es amor todos los días”, agrega Rodrigo que en Twitter es conocido como Rockciruja y heredó de su abuelo de su padre la misma pasión por la roja y blanca: tengo recuerdo de toda la vida en la cancha. Íbamos con toda la familia, mis tíos, primos, mi papá, mi abuelo, todos a la Rondeau”.
Aníbal murió el último domingo, sin cumplir su último deseo en la tierra: “Él nos dijo que la enfermera no lo había dejado ver el partido contra Temperley, entonces me pidió que lleve mi celular para poder ver el partido del lunes contra Maipú. Nos dijo que solo quería llegar consciente al lunes para poder ver una vez más a San Martín. Murió el domingo”, cuenta su nieto.
“Yo creo que él murió antes del partido para poder irse a la cancha tranquilo, hacía dos años que no iba y estoy seguro que el lunes fue y que ahora irá siempre”.
Aníbal falleció con 86 años, trabajó has pasado los 84, y hace misma edad cumplió con su ritual ineludible cada fin de semana de por medio: “Él vivía en Villa Mariano Moreno y desde ahí caminaba hasta La Ciudadela cada vez que El Santo era local”, cuenta Rodrigo.
Lo Aníbal Sisto por San Martín no era solo amor, era también lealtad, sentimiento que, como buen peronista, conocía muy bien: “Cuando murió el General Juan Domingo Perón, él se tomó un tren a Buenos Aires para despedirlo”, revela su nieto.
Ahora fue a él al que despidieron, sus hijos, nietos, todos en ronda en un cementerio, despiden un cuerpo, pero no el alma: “Mientras lo sepultaban, en el momento exacto que lo bajaban, hizo el gol Lucas Cano. Es creer o reventar”, afirma Rodrigo y todos elegimos creer. Hasta siempre Aníbal Sisto Santillán.
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