El Santo no pudo hacerse fuerte en la Ciudadela y desperdició una nueva chance de treparse a lo más alto en un partido en el que se extrañó a Tino Costa, Pellerano y al empuje del Pueblo Ciruja.
La tercera no fue la vencida para San Martín que volvió desperdiciar una chance de treparse a la cima del torneo. Primero contra Quilmes, después en Mar del Plata y ahora en Ciudadela fueron las tres oportunidades en ls que un triunfo lo hubiera dejado en como líder.
La de hoy era, a priori, la chances menos difícil, para no decirle fácil, porque en esta categoría nada es fácil y sino pregúntale a los otros que pelea arriba, que salvo Tigre, no ganó ninguno. Y eso lo salva al Santo hoy, o por lo menos hace que este puntito con sabor a poco, se aprecie más, sobre todo porque se podría haber quedado con las manos vacía, de no ser por Arce, figura a pesar de las ganas de equivocarse que parece tener.
Más allá del arquero no hay tanto que rescatar en este equipo que hoy fue más apático que nunca y al que las últimas fechas le cuesta encender es fuego sagrado que lo hizo escalar más de 10 posiciones desde la llegada de De Muner.
Un poco del ímpetu de Diarte; algunas escaladas y buenos centros de Sansotre; la disposición de Cháves que, aunque impreciso, no se esconde; y no mucho más para este domingo que pudo ser fiesta, pero nadie trajo las ganas de festejar.
La salida de Tino Costa le quita claridad y calidad al equipo, pero le había sumado dinamismo. Esta tarde, sin embargo, el mediocampo no tuvo ni una ni la otra, el veterano volante se extrañó como hasta ahora no había pasado. Con esto tiene que ver la actuación magra de Vella, que fue la sombra de sus partidos anteriores, y también la intrascendencia de González, que puede pasarse medio partido sin que el relator lo nombre.
Pero si hay algo que se extrañó en esta siesta insulsa de Ciudadela, es a la hinchada, a la Pellegrini viniéndose abajo en cada quite, a la Rodeau levantando a los cuatro costados en cada corner, a ese griterío que empuja a los visitantes contra su propio arco. Hoy era un partido de esos que los gana la tribuna y no hay ninguna otra mejor para esto que la de Pueblo Ciruja.
En el primer tiempo hubo dos claritas, una Estigarribia que no pudo empujar un centro perfecto de Diarte, y otra de Cháves que probó desde el borde del área y dio en el travesaño. En el Complemento casi todas fueron de ellos, que no se terminaron de animar sino tal vez se llevaban un premio mayor.
De Muner buscó soluciones en el arco, pero salvo por dos o tres destellos de Sinisterra que insinúa más de lo que concreta, el resto no aportó nada. Solo un buen centro de Cano que Lucas González desperdició sobre la hora, es lo único para mencionar. Lo demás fue puro enredo y pocas luces por parte de los ingresantes.
Hoy, además de las impericias ofensivas, hubo desacoples defensivo muy notorios, y aunque el arco quedó en cero, Pellerano se extrañó demasiado, no tanto porque Sandona no haya cumplido, sino porque es evidente que no tienen la capacidad de ordenar a sus compañeros.
Si el primer tiempo con Tigre fue de lo mejor del campeonato, el segundo de hoy fue de lo peor. El equipo osciló desde la desidia y el estatismo a la desesperación anárquica. El entrenador probó con línea de cinco, de cuatro, de tres y hasta de dos en el fondo; con un delantero, con dos, con tres, y hasta con cuatro. En ninguna de las disposiciones le encontró la vuelta al partido y el empate se hizo inquebrantable.
Más allá de las falencias colectivas de hoy, San Martín tiene variantes, y tiene con qué protagonizar este torneo, para eso deberá no repetir actuaciones como la de hoy. Solo ha cosechado cuatro de los últimos 12 puntos en juego y aun así no ha quedado relegado en la tabla y sigue estando a tiro de la cima.
El domingo que viene hay revancha en Santiago contra Mitre, en un partido caliente que seguro tendrá mucho picante desde antes de jugarse. El margen de error se achica y, aunque todavía falta mucho, la recta final del torneo está cada vez más cerca.