La increíble historia del Negro, leyenda escondida del deporte de nuestra provincia y toda la emoción de lo que está viviendo el Seleccionado Nacional, a un pasito de conseguir una medalla en Tokio.
Abajo, en el extremo izquierdo, Pereyra posando junto a sus compañeros del Argentino del Norte, campeones del Anual 1973.
El Seleccionado Argentino de vóley dio el gran batacazo esta madrugada al vencer a Italia, superpotencia mundial, por los cuartos de final de los juegos Olímpicos de Tokio, quedando a tan solo un partido de asegurar una medalla.
Ni en la cancha, ni en el banco hubo tucumanos protagonistas, pero en el detrás de escena hubo uno que trabajó duro para conseguir este logro que hoy disfruta todo el olimpismo argentino, en especial el vóley. Hablamos de Juan Ángel Pereyra, fundador y actual vocal de la Federación de Voleibol Argentino (FeVA) que rige y organiza los representativos nacionales de este deporte.
Pereyra, de larguísima trayectoria en este deporte, primero como jugador, después como árbitro y luego como dirigente, no oculta su emoción al hablar del triunfazo conseguido esta mañana en Japón pero el mismo lo aclara: “Esta es la cereza del postre, hubo mucho trabajo previo. Nosotros hemos logrado que tanto los varones y mujeres de vóley de pista y de Beach vóley lleguen a Tokio. Somos uno de los pocos países que tenemos representantes en las dos disciplinas de ambas categorías”, comenta en charla con eltucumano.com.
Hace poco menos de dos décadas, el voleibol nacional sufría la peor crisis de la historia justo después del Mundial 2002 que se disputó en nuestro país. La celebración de aquel certamen dejó como legado el quiebre definitivo de la relación entre la Federación Argentina de Vóley (FAV) y la Federación Internacional (FIVB). Esta disputa terminó disolviendo la entidad local y marginando a los Seleccionados de las grandes citas, por entonces un “Grupo de Trabajo”, se hizo cargo de la conducción, enderezó el barco como pudo y fundó la actual FeVA, recuperando territorio a nivel internacional.
A todo ese proceso lo vivió bien desde cerca Pereyra, que formó parte tanto del “grupo de trabajo”, como de la primera comisión directiva, ocupando el cargo de vicepresidente: “El vóley argentino se caracterizó siempre por las peleas internas, por la grieta entre el interior y Buenos Aires y hubo muchos dirigentes que se encargaron de fomentar esas grietas. Nosotros desde la FeVA intentamos cambiar esa mentalidad: cambiamos el estatuto, buscando un voto representativo, en el que las federaciones locales se vean representadas proporcionalmente en función de su cantidad de clubes, jugadores, árbitros. Así balanceamos a todos”.
“Al deporte Argentino en general, no solo al Vóley, le faltan dirigentes deportivos. Una cosa es tener gente con ganas de estar, y otra muy distinta es tener gente con capacidad, con profesionalismo y sobre todo con mentalidad moderna. Si al deporte no se lo toma como una empresa, seguramente no evolucionará como en otros lugares del mundo”, opina con conocimiento de causa, porque desde que se inició en el mundo del vóley, hasta hoy, ha recorrido, y sigue recorriendo, el mundo entero.
Los primeros pasos en el Vóley de Juan Ángel se remontan a finales de los años 60 en los patios de la escuela Normal: “Yo aprendí a jugar gracias al maestro más grande que tuvo el Vóley en Tucumán: el profesor Osmar Mendoza con el que jugamos varios torneos a nivel colegial y después nos inscribió en la Federación Tucumana como Escuela Normal y salimos campeones varias veces. Después pasamos casi todos a Argentinos del Norte y más adelante a Tucumán Central donde tuvimos un equipo memorable, y finalmente a Atlético. Fuimos campeones varias veces, había grandes equipos en todos los clubes: estaba Social Monteros, Tucumán de Gimnasia, era una época de oro en nuestra provincia, nada que ver con ahora que está todo muy venido a menos en todos los deportes, pero especialmente en el vóley”.
Fue en aquellos, años, al mismo tiempo que jugaba, que el Negro empezó a despuntar su pasión por la gestión y a su vez el arbitraje: “Yo tenía 16 años, y el profe Mendoza me dijo que debí ser el delegado de la Normal en la Federación Tucumana y ahí empecé mi carrera como dirigente”.
De la misma manera, casi de casualidad y medio empujado por otro, le sucedió con el arbitraje: “Para un Argentino que se disputó en Mendoza en el año 71 en el que yo ya había superado la edad de jugarlo, dictaba un curso de arbitraje y todas la federaciones debían llevar a alguien que tome el curso. Pichi Cozzitorti, gran dirigente de Tucumán de Gimnasia me propuso a mí, al principio me negué y lo terminé haciendo”.
“En esos años, se jugaban dos partidos por noche, los que jugaban el primero, dirigían el segundo y al revés también, pero lo hacíamos sin haber tomado cursos, así que me vino bien porque aprendí muchas cosas y empecé a quedarme a dirigir cada vez más seguido. Después hice el curso de arbitraje internacional y me fui metiendo más”.
Entrados los 80, Pereyra se fue alejando de las canchas como jugador y asentándose cada vez más en el banco del árbitro: “En una época empecé a sentir que cada vez me bloqueaban más y que yo no llegaba a los bloqueos y me dije ‘hasta acá llegué’ y dejé de jugar y empecé participar del fútbol en los torneos de veteranos y al mismo tiempo a dirigir a niveles más altos en el vóley”.
El arbitraje lo llevó a viajar por el mundo, convirtiéndose en uno de los mejores y sosteniendo una carrera de primer nivel internacional durante más de 20 años. Su primera cita continental fue en los Juegos Panamericanos de 1983, celebrados en Caracas; después llegaron los primeros mundiales en categoría Juvenil, hasta que en 1990 tuvo su primer gran evento: Mundial Femenino de Pekín, China, donde dirigió la final que consagró a la Unión Soviética, venciendo a las locales. Ese mismo año formó parte del plantel reducido de tan solo 15 árbitros que dirigieron durante varias temporadas la Liga Mundial de varones.
“Mis primeros juegos Olímpicos fueron en Barcelona 92 donde me tocó dirigir el partido por la medalla de Bronce de los varones que Estados Unidos le ganó a Cuba. Después fui a Sidney 2000 donde dirigí la Final que Yugoslavia le ganó 3 a 0 a Rusia, y en Atenas 2004 dirigí la Final Femenina en la que China le ganó a Rusia”.
Tras finalizar los juegos de Atenas, le ofrecieron integrar la Comisión Arbitral Internacional y dejó el arbitraje para empezar dedicarse a la organización, rol que ocupó en Beijing 2008, que marcó su cuarta presencia olímpica.
“Son funciones muy diferentes y todas me apasionan. Todos formamos parte de lo que se llama Familia Olímpica, aunque no todos paramos en la Villa Olímpica. Los árbitros y organizadores solemos estar en hoteles externos, compartiendo con oficiales de otros deportes. En Barcelona había una Villa Olímpica especialmente para árbitros. En Atenas parábamos en un hotel justo al frente del estadio”.
El vóley que el profesor Osmar Mendoza le enseñaba al niño Juan Ángel en los patios de la escuela Normal es muy diferente al que hoy consagra al Seleccionado Nacional como semifinalista olímpico por tercera vez en la historia: “Te diría que son dos deportes diametralmente distintos. En la escuela el profe no nos dejaba patear la pelota, ahora se la puede tocar con cualquier parte del cuerpo, se permite el doble golpe en el primer toque en la misma acción. Apareció el líbero, el Challenge en el que se desafía al árbitro mediante la tecnología sobre un fallo que pudo haber sido equivocado. Todo eso aporta a la justicia en la resolución de una jugada, es maravilloso. Es un deporte que evoluciona constantemente, y es mucho más fácil de apreciar para los millones de espectadores que lo miran través de las pantallas que cada día tiene mejor definición y nuestro deporte se tiene que adaptar a eso”.
Argentina disputará el próximo jueves a las 5.00 am la semifinal con la posibilidad de asegurar su segunda medalla olímpica de la historia, la primera la consiguió en Seúl 88 con otra inolvidable camada de voleibolistas que ponían a nuestro país en los primeros planos internacionales por primera vez: “Yo creo que hay bastantes similitudes entre el equipo de Seúl y este porque son grupos igual de unidos, sin fisuras ni internas y en ambos casos, tiene jugadores con experiencia y madurez suficiente como para ganar grandes cosas”
“A este Seleccionado lo veo muy fuerte y hay tanta confianza y unión que va a ser muy difícil que le ganen. En estos momentos, Argentina está para ganarle a cualquiera, como también es verdad que puede perder con cualquiera de los otros, es un nivel muy parejo”, concluye el dirigente tucumano que de esto, sabe y mucho.