análisis

El desafío Ciruja: recuperar la mística para subirse al tren de la ilusión

San Martín atraviesa un pequeño bajón en el torneo tras una larga racha de buenos resultados. Algunas bajas y otros condimentos explican la merma en el rendimiento. Se enciende la alarma del despertador en Ciudadela y ya es hora de levantarse del colchón de puntos y volver al campeonato.

05 Ago 2021 - 00:03

“No creo que estemos en un bache”, declaró Pablo De Muner tras el insulso empate del domingo pasado frente a Estudiantes de Caseros. La sola enunciación de esa frase revela que en Ciudadela, por estos días hay más que dudas que certezas sobre el funcionamiento del equipo y esto también se refleja en los resultados. 

El Santo solo ha cosechado cuatro puntos de los últimos doce en juego y es natural que se enciendan algunas alarmas, al menos alarmas del despertador, para un plantel que tal vez está quedando dormido sobre el colchoncito de puntos que construyó con una racha. 

Está claro que hace apenas dos fechas,  los de Ciudadela tenían una de sus mejores actuaciones cuando vencía a Tigre como visitantes, sin embargo una sucesión de imponderables han golpeado en la estructura del equipo que era un relojito y que ahora busca recuperar ese rendimiento casi perfecto de algunos partidos atrás.

Por una lado, la salida de Gonzalo Rodríguez, ídolo e histórico referente del club, no podía salir gratis y su emotiva despedida, con pasillo y homenajes de sus compañero, demuestran que Turbo tal vez pesaba más en el vestuario en el grupo que adentro de la cancha, y es probable que hoy se lo extrañe más de lo pensado. Obviamente que esto no debería ser la única explicación para un posible bajón, pero tampoco es un motivo para despreciar.

Hoy San Martín tiene poco, por no decir nada, de Mística Ciruja entre sus principales jugadores. Solo algo de Arce, un poco de Tino Costa y no mucho más para contar entre el resto de los integrantes, casi todos nuevos que ni siquiera han podido experimentar lo que significa salir a una Ciudadela llena y jamás le han visto la cara de cerca al Pueblo Ciruja. 

A Tino Costa lo nombramos, y también se extraña, ya no en el vestuario, pero sí en la cancha. El experimentado volante había logrado protagonizar una seguidilla de partidos completos consecutivos, poco comunes en los últimos años de su carrera y lucía en un estado de forma nunca antes visto. Como era de esperarse, en algún momento el físico le iba a pasar factura: Ya lleva tres encuentros sin jugar y todavía sigue entrenando diferenciado y lo más probable es que no sea de la partida ante Mitre en Santiago. 

Otro que se extraña es Imbert, quién, por suerte, ya volvió a entrenarse con normalidad y de a poco irá recuperando el ritmo necesario como para volver al primer equipo. A Juan Martín se lo extrañó por dos razones principales: la primera, sobre todo en las dos últimas presentaciones de local (Quilmes y Estudiantes), el equipo careció completamente de cambio de ritmo y de capacidad para romper las ordenadas y aguerridas líneas defensivas que plantearon ambos rivales; pero además, Imbert supo darle al equipo algo de lo que viene careciendo: nada menos que gol. Sí, el volante la embocó tres veces cuando ni Estigarribia, ni Cano, ni ningún delantero la metía, después, a los de arriba se les abrió el arco y nadie pensó en él, pero ahora que la pólvora se volvió a mojar para los atacantes, Imbert se hace imprescindible. 

Pero no solo de la mitad de cancha para arriba se encontraron falencias y bajas importantes. De hecho, desde la llegada de De Muner, el Santo había consolidado una línea de tres zagueros que salía de memoria: Hernán Lópes, Hernán Pellerano y Maxi Martínez. En el partido con  Alvarado, Orellana, que reemplazó a Lópes (lesionado), salió demasiado lejos y descoordinado, generando un grieta poco habitual en el muro que terminó en penal y gol. Contra Estudiantes, el que faltó fue Pellerano y los de Ciudadela hicieron agua y, a pesar de mantener el arco en cero, le generaron una cantidad de situaciones gol en contra sin precedentes en la Era De Muner. 

A todo esto se les suma la llegada de tres refuerzos, solo dos, Herrera y Sinisterra, sumaron minutos, a los que se los nota inconexos y con poco rodaje, haciendo que sus ingresos sean contraproducente para el equipo, al menos por ahora. Sobre todo en el caso de Rodrigo Herrera al que le cuesta hacer pie y lejos de agregarle frescura el mediocampo, lo enredó más aún. Sinisterra, por su parte, mostró velocidad y algo de habilidad, pero sus pocas intervenciones han sido intrascendentes. Es lógico que esto suceda, y será cuestión de tiempo para que ambos se adapten. 

Está claro, que las ausencias y las nuevas presencias han generado un clima de transición en esta segmento del torneo, que tal vez no sea un bache, pero sin un pequeño tropezón, aunque tampoco es menos cierto que este cuerpo técnico ha dado muestras de que con poco tiempo y mucho trabajo se puede dotar de identidad a un equipo que antes lucía desalmado. Justamente por esto es que el optimismo todavía está intacto y que, más allá de cualquier bajón, este equipo tiene perspectivas de protagonizar el certamen hasta el final. 

Por suerte para San Martín, lo de arriba tampoco se caracterizan por tener una regularidad abrumadora y pierden puntos  cada dos por tres. Tigre, Atlanta y Gimnasia de Mendoza tropiezan bastante seguido y solo Almirante Brown parece un rival sólido y con pocas fisuras, no obstante, no sería raro que también tenga sus traspiés. Lo que sí  ha sucedido es que otros equipos se han ido arrimando y tanto Quilmes como Belgrano, son ahora rivales directos con pergaminos suficientemente respetables en la categoría. 

En definitiva, para los de Ciudadela los puntos conseguidos durante ese periodo de 11 fechas sin perder, le ha permitido sostenerse en puestos de reducido y a tan solo tres unidades del líder. El tren del ascenso todavía no se pasó ni mucho menos, pero está claro que son varios los aspirantes a subirse y la lucha será fecha a fecha, cada vez con menos margen. San Martín sigue la pelea, ya protagoniza el torneo y es hora de que se asuma como tal, para eso deberá pensar en sostener rachas como las que hasta hace poco supo tener, perdiendo poco, y ganando mucho, parece una obviedad, pero para ascender no hay otra fórmula posible. 




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