análisis

Entre regalos y oportunismo: San Martín y la contundencia que faltaba para volver a soñar

Con la ayudita de una defensa rival que jugó más para el Santo que para ellos mismos, los de De Muner volvieron al triunfo gracias a la eficacia de sus delanteros que esta vez no perdonaron. Otro partido en el que la valla termina invicta y el rendimiento de los volantes invitan a la ilusión. Volvió la esperanza para un equipo que sigue en la pelea.

18 Ago 2021 - 03:27

¡Ay si Atlanta hubiera sido así de compañero con San Martín en la lucha contra AFA! Tal vez los dos equipos ya estarían en Primera. No compensan ninguna de sus traiciones, pero bienvenido sean los regalos del Bohemio que llegan en esta noche primaveral aunque el calendario diga que estamos en pleno invierno. Quizás sea el calor que se emana del estadio más caliente del país el que le levanta la temperatura la ciudad y asusta a los defensores visitantes que hacen lo posible para que el Santo los llene a goles y eso que no había hinchada. 

A esta altura no hay otra que mirar para adelante y pelear este torneo como la historia del Santo manda y para eso había que ganar “como sea, con un gol en contra”, soñaba un hincha en la previa y el sueño se hizo realidad a los 25 del primer tiempo gracias a tres protagonistas Cirujas y uno Bohemio: Estigarribia que la roba en la salida de una defensa que cometía el primer error grave de varios en la noche; Cháves, lúcido como ninguno y como siempre, le entrega la pelota a Leandro Vella que define bien, pero no perfecto; el arquero ataja aunque no le sirve de nada porque un tal  Ramiro Fernández se la lleva puesta. Gol en contra y el primer “gracias” para un visitante generoso como pocos. 

Al ratito nomás en un corner, la caridad Bohemia se hace notar de nuevo cuando el 9 de ellos se confunde de arco y cabecea para atrás, sirviéndole el gol a Cano que de palomita y en el segundo palo esta vez no falla lo que falló la semana pasada. Y ahí están las buenas noticias de la jornada: esta vez San Martín no perdona y factura cada equivocación de un equipo que en otro momento pintaba para rival directo y que ahora, en cambio, deja en claro porque hace 11 que no gana y hace cuatro que solo pierde. 

Pero el Santo no vive solo de errores ajenos, también tiene méritos propios que se ven el segundo tiempo cuando domina y controla a gusto el trámite de un partido que se pudo haber complicado si no fuera por el piecito salvador de Lucas Diarte, figura de la cancha, con la firmeza defensiva de Pedro Pablo Robles y el criterio para atacar de Dante Unali. El Diarte de la gente que cada tanto demuestra en la cancha porque es uno de los referentes de este plantel, o mejor dicho, de este proyecto que empezó con Orsi y Gomez, cuya última función fue con Atlanta, en esta misma temporada, y con el mismo Atlanta habían caído por penales el día que el mismo Diarte hizo la seña del robo, porque con Atlanta debieron haber ascendido, si la AFA hubiese impartido justicia y no demagogia. Todo eso es mucho pedir, aunque el fútbol da revancha y Diarte y San Martín, hoy se tomaron una linda.

Volvamos al juego, decíamos que Cháves es el más lúcido, lo es porque siempre intenta jugar bien la pelota y el porcentaje de acierto es muy alto. Hoy volvió a mostrar su claridad cuando se la abrió a la izquierda para que Cano defina, engañando a toda la defensa, como lo había hecho en Santiago, esa vez para la derecha. Esta vez terminó en un gol de carambola, pero gol al fin. 

Además de Cháves, está Imbert, de una gran actuación, a su movilidad y dinámica de siempre le agregó visión y precisión para habilitar a sus compañeros, para profundizar el juego en el momento justo, para cambiar de ritmo cada vez que tuvo algo de espacios. Con él, Cháves y un poquito más de constancia de Leandro Vella, hay un mediocampo más que interesante. Y todavía falta que vuelva Tino Costa. 

Hablando de mediocampo, hoy merece una distinción Matías Ballini, patrón de la mitad de la cancha, quitando y distribuyendo con criterio todo el partido. El veterano futbolistas cumple con su tarea casi siempre, más allá de algún altibajo, y por ahora demuestra que puede bancarse solo la función de equilibrar el equipo. 

Esta fue la noche de los delanteros, Cano y Estigarribia, que, como ya dijimos, ayudados por los defensores contrarios, marcaron un gol cada uno y ambos fueron partícipes necesario del gol en contra. Se les reclamaba más precisión para definir, más oportunismo para aprovechar las que tuvieran, más letalidad frente al arco, más eficacia. Hoy tuvieron todo eso y el resultado es contundente: por primera vez el equipo anotó tres goles en el torneo, subiendo el promedio que hasta la fecha pasada era de una sola anotación por partido. 

En esto tiene mucho que ver De Muner que durante la semana había declarado que la falta de contundencia podía tener que ver con que el equipo llegaba con poca gente al área. Para corregirlo cambió el esquema, y a su típica línea defensiva de tres que se convertía en línea de cinco, la cambió por una tradicional zaga de cuatro, armando un mediocampo con un solo jugador de marca, tres de creación y dos puntas bien definido. A todas luces buscó llegar con más gente para marcar más goles y lo consiguió. 

Los de abajo casi no sufrieron, estuvieron firmes en líneas generales, salvo algunos momentos de zozobras, en especial por el lado de Maxi Martínez que tuvo algunas malas salidas y algunos duelos perdidos contra hábil puntero Santiago Solari, al comienzo del partido. Después, el defensor se terminó acomodando y mejorando su actuación número 100 con la casaca Ciruja. El resto de los defensores cumplieron una buena tarea y sumaron un partido más sin recibir goles, el tercero consecutivo, el décimo desde que llegó De Muner. Así, San Martín sigue siendo la valla menos vencida del certamen, habiendo sufrido solo 12 tantos en 20 partidos. 

En fin, volvió la noche de fútbol entre semana y con ella los delanteros, los goles, el triunfo y la alegría, la fiesta en el vestuario al ritmo de Walter Salinas, la fiesta en las calles y casas del Pueblo Ciruja. 

¿Falta mucho todavía? Si, un montón, pero cada vez falta menos y San Martín está en la pelea y entonces que los demás se pongan el casco porque hay guerra de acá hasta el final, empezando por Chacarita, al que se lo espera el domingo que viene al mediodía, con un asadito en la parrilla y la ilusión en el corazón. 


Maxi Martínez cumplió 100 partidos con al camiseta del Santo y fue reconocido con una camiseta y una placa entregadas por al Comisión Diretiva y el Departamento de Historia y Estadísticas del club.

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