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Como en el 92: Chicago y Brown, los rivales claves de San Martín para ascender

El Santo está ante dos duelos claves que ya tiene sus antecedente históricos en una temporada que tuvo todos los condimentos: una herida abierta, un salto al vacío, un técnico despedido sin motivo, una profecía cumplida, un nuevo DT que consigue el objetivo y dos duelos memorables que termina con la fiesta en la plaza. El recuerdo de la épica Ciruja en su máxima expresión. Videos.

26 Ago 2021 - 21:55

Se vienen dos fechas claves para el Santo, dos partidos bisagras que determinarán una buena parte del futuro del equipo. Es cierto que ganarlos no garantiza un ascenso, pero perderlos dejará al equipo muy relegado en la pelea por primer lugar en la máxima categoría. Nueva Chicago el domingo a las 21.00 en el estadio más caliente del país, y Almirante Brown en Isidro Casanova, el sábado 4 de septiembre a las 17.10 (televisado), será estos cotejos importantísimos.  

Si bien, como ya dijimos, no son los duelos que definan el ascenso de manera inmediata, hay un antecedente de estos mismos rivales oponiéndose a San Martín de manera consecutiva en el ascenso del 92. 

Nadie olvida, ni olvidará aquel famoso gol del Bomba, que hizo delirar a ocho mil Cirujas en las Escalera al Cielo y la cabecera diminuta de ese estadio que poco ha cambiado desde entonces. Sin embargo, no todos recuerdan que antes fue el Torito de Matadero el que visitó estos pagos para sucumbir ante el Santo en semifinales y, como un poco de historia nunca viene nada mal y menos si nos trae a las mentes recuerdos maravillosos, ahora repasaremos aquellos enfrentamientos en los que se escribieron algunas de las páginas doradas más importantes del club de Ciudadela. 

La temporada 90/91 había dejado la herida abierta de una semifinal perdida en el último minuto contra Belgrano en el Chateau Carreras. Un cabezazo implacable en tiempo de descuento había sido una puñalada profunda en el corazón de la ilusión Ciruja que debería seguir participando para volver a la máxima categoría. 


El nuevo campeonato (91/92) había traído bajas sensibles: Raúl Wensel y Custodio Méndez dejaron el club y en sus remplazo llegaban el ex Atlético Miguel Scime y un por entonces ignoto Tero Di Carlo. Con ellos habían arribado los pelilargos Erasmo Doroni (también ex Decano) y Juan Minotto. Todos ellos se plegaban a una base que tenía Jorge López, Ricardo Solbes, Juan Carlos Daza, Luis Moreno, Cococho Jiménez y Francisco Guillén como estandartes. 

Avanzada la segunda rueda, el equipo venía teniendo una más que aceptable cosecha de puntos a las órdenes de Jorge Ginarte, pero a algunos dirigentes no les convencía el funcionamiento y pensaban que nos le iba a alcanzar para conseguir el ansiado ascenso. Entonces decidieron dar el golpe de timón y traer a Nelson Pedro Chabay que acababa de concluir un ciclo de dos años en Racing. 

Según el relato de un encumbrado dirigente de aquella época, todo empezó en un encuentro casual en Buenos Aires entre tres miembros de la Comisión de ese entonces. Café de por medio en pleno centro, entre todos reconocieron no estar conformes ni tranquilos con Ginarte más allá de que los resultados no eran malos y alguien dijo: “Si agarra Chabay ahora, ascendemos seguro”, los demás coincidieron y no hubo más que citarlo para acordar las condiciones. Solo faltaba lo más difícil: despedir a Ginarte que no venía nada mal. 

La reunión con el técnico saliente se llevó a cabo, en el ya desaparecido Hotel del Sol. Ginarte concurrió con su ayudante de campo sin sospechar que lo deparaba una salida abrupta a pesar de encontrase cuarto en la tabla, acumulando seis partidos sin derrotas con tres triunfos y tres empates.

Ante el despido, el entrenador no podía salir de su asombro y se dirigió a su ayudante con el rostro desencajado diciendo: “¿A la mujer de quién te cogiste ahora?”. 

Chabay asumió en un empate a dos goles contra Maipú de Mendoza y logró extender a 25 los partidos sin perder y cumplió con la profecía de aquel dirigente: ascendió a Primera. Para ese logro, antes hubo que vencer a Arsenal; Atlético, en la famosa serie en la Guillén le atajó un penal a Cáceres; y alos dos próximos rivales del Santo, Chicago y Almirante Brown.  

La primera semifinal se jugó en Mataderos, un archivo audiovisual da muestras de como los locales buscaron ganar, pero San Martín aguantó con el corazón que lo caracterizaba. El cero a cero se festejó como un triunfo porque, con la ventaja deportiva a favor era, muy difícil que se escape en Ciudadela y así se fue nomás: en Tucumán, San Martín se impuso 1 a 0 con gol de Jorge López ante más 25 mil personas, sacando el pase a la final contra Almirante. 


El 19 de julio del 92, en una Ciudadela repleta, se jugó la primera final. Otra vez Jorge López fue el héroe y anotó el único gol del equipo que ahora debería defender la ventaja como visitante, a la inversa que en la tres series anteriores. 

La revancha se jugó el sábado 25 de julio en Isidro Casanova. Ocho mil tucumanos coparon las dos tribunas destinadas para ellos: una finita y muy alta, llamada la escalera al cielo; la otra larga y bajita, la cabecera detrás del arco que defendió Guillén en el segundo tiempo.

Todo el partido fue un parto, y los de amarillo se parecía a los de Brasil en el Mundial del 90. A nadie le sorprendió que Cardozo abriera el marcador, empardando la serie. El resto del partido siguió igual y los palos, el culo de Rescaldani y dos huevos gigantes, fueron las armas con la que San Martín resistió una cascoteada de rancho insoportable para los cirujas que miraban desde las tribunas y más todavía para los que lo seguía por Canal 9 Libertad.

La Bomba más famosa de Scime llegó en una de las pocas expediciones que el Santo hizo en el campo contrario, comprobando que si había vida del otro lado de la mitad de cancha. “¡Impecable Shime!, exclamaba un joven Elio Rossi tras el gol que olímpico, aunque nadie lo escuchó en medio de tantos gritos y abrazos en los comedores de las casas tucumanas. Con esa anotación el Santo se ponía 1 a 1 y solo tenía que seguir aguantando hasta el final. 

Ni el intento del arquero Mele que cabeceó desviada la última del partido, le sirvió a La Fragata que esa tarde estuvo más cerca que nunca de subir  a Primera. El Pitufo Grioni, que dos años después vendría a Atlético,  declaró que ya no creía más en Dios aunque se terminó dando el gusto de jugar en la máxima categoría como refuerzo de Lanús.

Este domingo arranca una secuencia de partidos similar, esta vez en el medio de la temporada, y no son ni semis ni final, pero Nueva Chicago y Brown se aparecen ene camino como rivales ineludibles a los que vencer para poder aspirar a un ascenso. El tiempo dirá cuál es el destino de este San Martín y si De Muner emulará a Chabay, o si Estigarribia se vestirá de goleador implacable en los duelos definitivos. Por ahora, para seguir soñando con el ascenso, el Santo deberá ganarle a Chicago y Almirante, no será fácil, pero no es nada que no haya hecho ya.  


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