punto de vista

El 50% del aforo: el desvelo de los opinólogos que no tienen cancha

Desde sus estudios de televisión se horrorizan con las imágenes que le llegan por satélites: "Ahí hay más de la mitad de la capacidad", dicen y agregan "El Gobierno analiza medidas contra ellos". "Explota la cancha de San Martín", tuitean con estupor quienes nunca se sintieron apretados en el pasillo de la Pellegrini ¿Hubo realmente más gente la permitida la Ciudadela?

05 Oct 2021 - 02:38

Este fin de semana volvió el público a las canchas del fútbol argentino tras 19 meses de partidos jugados a puertas cerradas. La medida adoptada por el Gobierno Nacional permite vender entradas para un máximo del 50% del aforo de cada estadio, algo que de entraba no parecía tan sencillo de cumplirse teniendo en cuenta la cantidad de inconvenientes organizativos históricos que tiene el fútbol argentino. 

Hemos visto a través de las pantalla imágenes de distintos puntos del país en las que daba la impresión de que las tribunas albergaban un porcentaje mayor al permitido, generando revuelo en los comunicadores que las presentaban y abriendo un debate donde vuelve a caerse con la espada de damocles al fútbol como el gran pecador de nuestra sociedad. 

Entre los estadios más denostados estuvo La Ciudadela que según más de uno estuvo “repleta”, “al 200%”, “reventando de gente” y muchos bla bla más. Por empezar ninguna de esas afirmaciones son ciertas y lo digo no solo porque el lunes estuve presente en la cancha de San Martín, sino porque conozco la capacidad de ese estadio desde hace más de 30 años y no me es tan difícil diferenciar a simple vista cuánta gente más puede ingresar en esas tribunas. 

Sinceramente desconozco a ciencia cierta cuántos hinchas ingresaron a la cancha ayer y a decir verdad, ese dato fue históricamente muy difícil de conocer con precisión porque, por lo general, no hubo nunca transparencia a la hora de comunicar eso. En otros tiempos, los diarios solían publicar la recaudación de cada partido, aún entonces había más dudas que certezas sobre su veracidad, desde hace muchos años que esa información no se proporciona, por lo tanto, es todavía más difícil saber con exactitud cuántas personas presenciaron el partido. 

Más allá de eso, cualquiera que tenga algo de experiencia en La Ciudadela, o en cualquier otra cancha del fútbol argentino de clubes con buena convocatoria, sabrá que no todos las canchas llenas están igual de llenas y que las cantidad de gente que puede colmar una misma tribuna es muy variable y que, en perspectiva, es común ver un estadio que parece lleno, pero desde adentro no lo está tanto. 

Insisto en que desconozco la cantidad de entradas vendidas ayer y la cantidad de gente que finalmente ingresó a la cancha, pero si puedo asegurar haber visto a esa cancha con muchísima más gente que la que vi el lunes, no tengo dudas de que en partidos como contra Guaraní Antonio Franco del 2016, Boca del 2019, la final con Sarmiento del 2018, o, yendo un poco más atrás, la final con Patria del 2005, La Ciudadela albergó el doble de la gente que en este último encuentro y con solo comparar las imágenes podemos comprobarlo. 

Para diferenciar una cancha realmente repleta de bote a bote, de una con gente cómoda hay que observar los cuerpos de los espectadores: si somos capaces de ver los cuerpos casi completos, con sus camisetas y torsos a la vista, hasta algunas piernas e incluso, algunos escalones de fondo, no estamos en presencia de una cancha abarrotada, por más que la imagen panorámica de la impresión de una cancha llena. En cambio, cuando solo logramos diferenciar un mar de cabezas que sobresalen por encima de las otras cabezas y a casi nadie se le alcanza a ver ni el cuello, entonces, sí, estamos en presencia de una cancha hasta el moño. 

Cualquier hincha con el ojo entrenado mínimamente puede respaldar esto que digo y ayer, La Ciudadela además de mostrar algunos claros innegables, sobre todo en La Pellegrini hacia el lado de la Rondeau y en las cabeceras, mostró a la gente agrupada hacia el centro de las tribunas pero con bastante comodidad, sin el amontonamiento que hubiera habido si las boleterías liberarban del todo. 

Además, el lunes, en la cancha de San Martín cualquier imagen de la platea demuestra que la mitad de las butacas, o más, no estuvieron ocupadas. Justamente en ese sector donde se pudo ordenar un poco al aforo, es donde se evidenció que no hubo sobreventa, o al menos no de manera desmedida como algunos pretendieron endilgar. 

Esto aplica para cualquier estadio: todas las populares del fútbol argentino que tengan el 50% de su capacidad ocupada, lucirán ante las cámaras completas, llenas, salvo que se tomara la determinación de amontonar a todos los hinchas en una mitad para dejar la otra mitad completamente vacía. 

San Martín podría hacerlo, podría clausurar la mitad de su cancha y que el resto esté totalmente ocupado, de esa forma aseguraría cumplir con una medida tan ridícula como insostenible. Algo así hizo Godoy Cruz que se mudó de su cancha al estadio Mundialista de Mendoza para vender más entradas y meter a todos sus hinchas en una misma popular. No hace falta ser epidemiólogo para saber que a los fines de evitar los contagios, una disposición como esa es contraproducente. 

Hagamos una suposición absolutamente utópica: imaginemos que la tribuna de la Pellegrini tuviera un escalón con gente, otro vacío y así sucesivamente de punta a punta. Cada persona respeta su escalón y no se mueve, dejando el de abajo y el de arriba vacío. Estaríamos entonces, ante la mitad de la capacidad, el tan mentado 50%, sin dudas ¿Cuál sería el aspecto que daríamos a la platea que está al frente, donde está las cámaras?, ¿Se percibiría ese escalón de por medio vacía, o sería tapado por los mismos cuerpos dando la sensación de tribuna llena? La respuesta es obvia. 

No hay ninguna manera de sostener distanciamiento en una cancha del fútbol argentino, ni siquiera en las plateas donde el espacio entre los espectadores, incluso dejando una butaca de por medio, jamás supera el medio metro.

Entonces, la discusión no debería pasar por si San Martín, Colón, Almirante Brown, Vélez, River o Rosario Central cumplieron con lo establecido por el Gobierno, sino por si la medida en sí es viable y efectiva. 

Si no están dadas las condiciones epidemiológicas para que el público vuelva a los estadios, que se siga jugando a puertas cerradas. Pero no le pidan a los clubes que vendan el 50% de las entradas y que por televisión parezca que hay el 10%, porque si venden el 50% las tribunas van a parecer llenas ante las cámaras siempre. 

A lo largo de la pandemia hemos asistido a miles incumplimientos cotidianos de las restricciones: bares con más gente de la permitida, fiestas clandestinas, funerales masivos,  manifestaciones políticas fomentadas y propagandiadas por los mismos comunicadores que hoy se rasgan las vestiduras cuando ven hinchas en las tribunas, los mismo comunicadores que también desalentaron la vacunación, dicho sea de paso. 

En fin, es probable que los estadios con gente propicien el contagio más que los estadios sin gente, también es real que el 50% es mejor que el 100%, pero sorprenderse porque la Pellegrini, o cualquier popular argentina, tenga sectores con gente aglomerada es, cuanto menos, hipócrita y forma parte de esa moralina barata que busca culpar siempre a las manifestaciones populares de cualquiera de los defectos de nuestra sociedad. 


Imagen del gol de Cano, con la tribuna d ela Pellegrini de fondo. Se observa que no hay amontonamiento entre los hinchas. 

Ángulo muy similar al gol de la imagen de arriba. Es el gol de Agudiak contra Guaraní Antonio Franco. Es clara la diferencia en la cantida de gente en aquella oportunidad. 

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