San Martín ganó uno de esos partidos que valen más de tres puntos, lo ganó con alma corazón y vida, con la fortuna que siempre viene bien y con el espíritu de un equipo que tiene la pasta que hace falta.
Acá está San Martín, señores. Por si alguien lo dudaba, por si alguien no creía. Acá está el Santo, papá, y los demás tiemblan, los de arriba, los de abajo, en la Matanza, en Córdoba, en Tigre, en Carlos Casares y también en Tucumán, donde hay algunos más pendientes Ciudadela que de su propio barrio. Pero no importa, señores, acá está el Santo y hoy quedó demostrado otra vez.
Acá el Santo, está con su gente prendida a la pantalla que tiene mano, de la tele, del compu, del celular, para esas trasmisiones que se caen y paralizan cada rato. Esa misma gente que ayer se pasó medio sábado renegando porque Chacarita parecía entregado contra Tigre, que después no sabía que resultado desear, el empate era lo ideal, pero el triunfo de Agropecuario no dejaba de ser tentador.
Hoy había que ganar “cómo sea” decían todos y cuando lo erró dos veces Lucas González y otra Sansotre, masticaban bronca, porque duele errar esos goles a esta altura del torneo. Los minutos pasan y el equipo no le encuentra la vuelta, las manos traspiran, los segundos corren rápido y el cuerpo envejece en cada jugada.
Nada es fácil en Ciudadela, “Si no se sufre, no es San Martín”, pensás para consolarte. “A nosotros nadie nos regala nada”, te decías y justo el Edgardo Díaz, de paso olvidable por San Martín, al fin hace algo bueno por estos colores y habilita a Cano que no falla, como cuando aprovechó un regalo similar en Carlos Casares. Cano que empezó a ganarse el corazón del Pueblo Ciruja a base de esfuerzo, de buenas actuaciones y de goles importantes, tan importantes que cada veces que hizo uno, el equipo ganó, igual que Estigarribia, porque es verdad que estos delanteros tal vez no hagan muchos goles, ¡pero cómo hicieron ganar partidos, che!.
“Lo que se regala no se quita”, dice San Pellerano cuando la saca de la línea y evita el empate. 40 del segundo tiempo marca el reloj: “Qué rápido se movía ese minutero antes del gol, qué lento se mueve ahora”. Y sí, el fútbol es así, la vida es así. “Qué lindo sería otro regalito”, estaba pensando mientras Cháves se perfilaba para tirar el centro. Lo que sigue es tan increíble que casi no te animás a gritarlo ¡Qué carambola hermosa! Gracias muchachos, gracias por tanto.
No queda nada y San Martín va a ganar ¿Sin sufrir? ¡No! Si sufriste un montón para ganar este partido chivo, chivísimo. Acá siempre se sufre porque esto es San Martín y no quepa la menor duda que es San Martín. El Santo de la gente, el que lucha hasta al final y acá está otra vez, luchando como siempre.
El resto del domingo ya te lo sabés de memoria: sonará La Mona, Walter Salinas, Los Redondos, Charly, Los Manseros, en ese orden, maestro. Ala bebida ponela vos, también ya sabés cual. Que los días más hermosos fueron y serán Ciruja, papá. Nos vemos el lunes, no mañana, el lunes 1º de noviembre, en La Ciudadela, juega el Santo y hay vigilia por los 112 años, andá haciendo la fila para sacar las entradas. Mientras tanto vos a seguir soñando y los demás a seguir temblando porque ya se acerca Ciudadé.