Punto de vista

A la suerte hay que ayudarla: San Martín y claves de un equipo que ilusiona

De Muner llegó cuando el Santo naufragaba en la Primera Nacional, golpeado animicamente tras una pandemia demasiado dura, el camino penumbroso no ofrecía luces que ilusionen. El panorama ha cambiado y ahora lucha por el ascenso en la recta final del campeonato.

25 Oct 2021 - 22:30

Cuando la querida y recordada dupla integrada por Orsi y Gómez dejaba La Ciudadela tras una magra cosecha de tres empates y una derrota anodina ante Atlanta, nadie imaginaba que a tres fechas del final el equipo iba a estar peleando por el primer puesto. La pandemia, el TAS y la injusticia habían socavado un proyecto serio y virtuoso, desmoronándolo por completo. 

Aquel golpe de timón propiciado por una Comisión Directiva recién asumida y que a algunos les pudo haber parecido apresurado, hoy, con el diario del lunes, se percibe evidentemente oportuno. 

La danza de nombre no tardó en aparecer y tras varios intentos fallidos de contratar a un técnico “con experiencia en la categoría”, tomó fuerza el nombre de De Muner que venía de la Reserva de Defensa y Justicia lo que sonaba más a una contratación por descarte que a una apuesta fuerte. 

Ni bien fue oficializado como DT, De Muner no tardó en bajar a las expectativas: “Decirle a los hinchas que vamos a ascender este año es mentirle”, declaró, apuñalando la ilusión de un Pueblo Ciruja que lejos estaba de quererse bajar de la lucha por el ascenso. 

“De los dichos a los hechos hay un largo trecho”, dice un refrán popular y es eso lo que pasó en San Martín casi desde el primer día, cuando el entrenador asumió  tras un buen triunfo obtenido por la dupla interina (Floreal García y Matías Torres) en Mataderos ante Nueva Chicago. El empate  2 a 2 contra Almirante Brown, uno de los mejores equipos del torneo, en ese momento tuvo sabor a poco, pero un triunfo casi sin despeinarse en Córdoba ante Belgrano, fue el espaldarazo de confianza y el arranque de la Demunereta. 

Quince toques antes del primer gol de Estigarribia en el triunfazo contra Estudiantes de Río Cuarto, que por entonces estaba prendido arriba, empezaban a ser una señal inequívoca de una nueva identidad de juego. 

Ocho partidos estuvo sin perder estuvo San Martín desde el debut de De Muner. La primera caída fue ante Quilmes en Ciudadela, la segunda y hasta ahora última fue ante Alvarado en Mar del Plata. Dos derrotas, 13 triunfos y ocho empates en 24 partidos.

San Martín es por lejos el equipo que menos goles ha recibido a lo largo del torneo. Solo 16 en 29 fechas. Desde que llegó el entrenador actual fueron 11 en 24. En 15 ocasiones, el equipo terminó con la valla invicta. No solo son pocos los tantos que le convierten, sino que también es bajísima la cantidad de situaciones que le crean. 

El cuerpo técnico ha ido variando la disposición defensiva, primero con línea de tres, después de cinco y ahora con cuatro abajo. Los laterales son siempre los mismo: Sansotre y Diarte. Por el centro fijo la mayoría de las veces estuvo Pellerano, sus acompañantes fueron rotando entre Hernán Lópes, Maxi Martínez y Juan Orellana. Todos sostuvieron actuaciones similares, todos rindieron. 

Otra fase que cambió rotundamente es la de ataque: 29 goles desde que dirige Tomate. Se ha engrosado la cuota goleadora de una dupla que cada día se entiende mejor: Estigarribia tiene nueve goles, Cano seis. Además, cada vez que alguno de ellos marca, San Martín gana. 

También sumaron los cuatro goles de Lucas González; algunos de Imbert, Vella, Cuevas y un para en contra. 

El mediocampo, se reinventó sin Tino Costa que venía sosteniendo una seguidilla de partidos completos sin precedentes en los últimos años de su carrera, siendo la figura del equipo, sin embargo una previsible lesión lo marginó durante largos meses. Ya sin él, tomó protagonismo Ariel Cháves que se hizo dueño del juego y lo acompañaron Leandro Vella, el más regular, a veces Daniel González e Imbert. En la marca, Ballini tuvo buenas actuaciones hasta que una sanción lo marginó del partido contra Almirante Brown en el que Matías Herrera fue figura y no salió más, convirtiéndose en el cinco titular del equipo. Su incorporación desde la Reserva de Defensa y Justicia, fue un acierto absoluto del DT. 

Justamente en el empate sin goles contra el puntero Almirante, San Martín sacó chapa de candidato, mereciendo ganar el partido desde el comienzo. Algunos puntos dejados en el camino contra Belgrano, Estudiantes de Río Cuarto y Riestra, podrían haber posicionado al Santo aún más arriba. 

Desde que está De Muner, San Martín busca uno y cada uno de los partidos que juega, con más o menos ímpetu, con más o menos intensidad, pero siempre es más que su rival, siempre juega un poco mejor. Es real que ayer lo acompañó la suerte, esa misma que otra veces le faltó, pero una cosa es tener un poco de suerte y otra muy distinta es ganar de suerte. Ayer, el equipo mereció ganar y ganó bien, más allá de algunos pasajes en el que se lo pudieron haber empatado. 

No es casualidad que a esta altura el Ciruja esté en los primeros puestos de cara a un cierre de torneo que será para el infarto. Hay muchos fundamentos, defensivos y ofensivos, hay identidad, hay corazón y a veces un poquito de suerte, pero a la suerte hay que ayudarla, y San Martín la ayuda bastante.  


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