El Santo no se repuso del partido con Tigre y hoy recibió otro mazazo aunque todavía está vivo en el torneo. Muchos defectos y pocas virtudes en un equipoa l que parece habérsele acabado la nafta. El Pueblo Ciruja volvió a acompañar y no pierde esperanzas de una remontada épica que le permita seguir soñando.
El golpe del lunes pasado fue tan fuerte que siete días después el equipo siguió mareado. Sin respuestas anímicas, San Martín se olvidó que tenía una segunda oportunidad tan valiosa como la primera y jugó el partido con Ferro como si fuera uno más del montón, una cuarta fecha o peor aún, como si fuera la despedida de un ciclo que ya quieren dar por cerrado. Lejos estuvo de aquellas recuperaciones históricas contra San Martín de Mendoza o Dálmine las que la memoria colectiva del Pueblo Ciruja se aferraba, y todavía se aferra, para sostener ilusiones. Lo de hoy, fue má sbine una prolongación de la derrota del otro día.
Tal vez ya no hay nafta ni en la reserva del tanque, y el torneo se le hizo largo a un equipo que tocó su techo en el último suspiro del partido con Agropecuario, que batalló con el último resto ante Quilmes, que intentó sin suerte ni fuerza con Tigre y hoy contra Ferro tocó fondo en su peor actuación desde la llegada de De Muner.
De Muner mostró la hilacha justo contra la dupla, a la que él había reemplazado. Orsi y Gómez se reinventaron tras su paso por San Martín, paso de éxito truncado por la pandemia y la injusticia. Derivaron en Ferro, enderezaron el barco y dieron una lección de contundencia ante una Ciudadela que los recibió con más indiferencia que otra cosa. Hubo sí, saludos y abrazos afectuoso con los jugadores, pero el Pueblo Ciruja tenía la cabeza puesta en ganar y ni miró el banco visitante.
Al entrenador de San Martín se le quemaron los papeles en los últimos partidos y no encontró la forma de plantear un equipo más ofensivo, mejor dicho: menos inofensivo. Con un Cano que no se sabe de qué juega, un Estigarribia al que lo mandan a batallar a de espaldas y a 30 metros del arco (lo hace mejor que ninguno), un Vella liviano y desganado, un Sansotre al que no se le cae un idea y no le sobra talento, solo quedan la jerarquía, ya avejentada, de Tino Costa y las ganas de Lucas Diarte como cartas de ataque, más que eso no hay.
"Creer", fue la palabra que el DT había convertido en hashtag cuando supo que debía definir el primer puesto con Tigre, los hinchas lo volvieron tendencia en las redes y realidad en las calles. Agotaron entradas el lunes pasado y este también, horas de espera en el hipódromo y de fiestaa/previa en Ciudadela. El Pueblo Ciruja tomó el mensaje de De Muner a rajatabla, duplicó la apuesta y creyó, y todavía cree, más que nadie. Tal vez fueron los jugadores, lo que no se lo creyeron porque la verdad es que a este equipo le costó siempre calzarse el traje de candidato, nunca se lo terminó de poner. Desperdició repetidas chances de agarrar la punta y salvo a Tigre en la primera rueda, no pudo ganar ninguno de los siete duelos que tuvo contra los demás clasificados.
Hoy tenían un nuevo desafío de esa magnitud y volvieron a fallar. Los otros, los de Ferro, se paran en la cancha con cierto orden, concentrados y con eso les basta para acertar un cabezazo en el primer corner y se ponen en ventaja. Es la segunda vez consecutiva que un equipo visitante se pone en ventaja sin esfuerzo, sin despeinarse. San Martín, en cambio, dominaba la pelota y hasta había tenido un clarita en los pies de Orellana.
Cinco defensores puso De Muner en la cancha, quiso volver a la zona de confort con tres centrales y dos laterales, esquema que tan buenos resultados le habían dado en sus primeros partidos al mando del equipo y que había cambiado por la línea de cuatro tras ese bajón que incluyó las derrotas con Quilmes, Alvarado y tres empates consecutivos sin goles al comienzo de la segunda rueda.
Está claro que esa seguridad defensiva no se plasmó en la cancha, y lejísimo de aquel equipo solidez que sostenía la valla invicta fecha tras fecha, Ferro le marcó cada vez que lo propuso. Como en segundo gol que Pellerano tenía libertad para jugar a la izquierda pero quiso profundizar, le interceptaron el pase, lo superaron en velocidad y marcaron el segundo. Quedó demasiado expuesto que el central no estaba para jugar y en el entretiempo fue reemplazado. Estaba pal cachetazo San Martín y se lo dieron nomás.
Si la serie no quedó definida del todo y todavía hay alguna esperanza de darlo vuelta en Caballito, es solo por Diarte se la llevó puesta con más ganas que otra cosa y descontó, haciendo que Ferro tuviera que resguardarse en el segundo tiempo y no se animara ni a contraatacar, con el 2 a 0 hubieran jugado más cómodos y vaya a saber de qué resultado catastrófico podríamos estar hablando.
A las faltas de variantes ofensivas en el 11 titular, no se le contraponen propuestas interesantes en el banco. Cháves, tan talentoso como tibio; Daniel González, una de cal y dos arena; Lucas González, con más entusiasmo que virtudes, son las opciones del equipo para cambiar el partido. Los tres entraron y en los primeros minutos del segundo tiempo el empate estuvo cerca en una buena combinación ofensiva que terminó en una mano a mano que Sansotre tiró afuera.
Cuando se juegan estos partidos tan a la desesperada, en las que las ideas no abundan, los espacios escasean, las piernas tiemblas y la pelota pesa, es fundamental tener buen pie en los centrales, porque tienen que asumir el rol de lanzadores o de salida del equipo, se vuelven protagonistas impensados y son los que más veces tocan el balón. Hoy falló mucho, demasiado, como nunca antes en el torneo, Hernán Lópes, que completó una buena temporada, pero contra Ferró eligió siempre mal, apurado e impreciso, haciendo que el equipo no pueda prosperar en el terreno, es verdad que los volantes no ayudaban, pero así, entre malas salidas y poco juego, los minutos se fueron pasando y también fue Lópes el que cometió la falta del en el borde del área que terminó en el tremendo zurdazo de Claudio Mosca, cumpliendo con la infalible ley del ex, pidiendo disculpa como corresponde, aunque casi nadie lo recuerda por Ciudadela.
Sobre el final hubo tiempo para que Estigarribia ensaye un taco que merecía ser gol, por su esfuerzo y sacrificio y por su intento que fue bueno de verdad, pero cuando no quiere entrar, no quiere entrar y el 3 a 1 final, por más lapidario que suene, es al todavía un resultado remontable.
Para eso De Muner tendrá que, primero, levantarse el ánimo a él mismo, después, a los jugadores que todavía tienen 90 minutos por delante, porque el lunes que viene, cuando salgan a la cancha en Caballito las teles estarán prendidas, las banderas colgadas, las camisetas puestas, las radios en las orejas, los corazones en la cancha y la fe intacta.
El lunes que viene a las 21.05 no habrá ni un solo Ciruja que haya dejado de soñar con el ascenso y si no pregúntale al abuelo que hoy salía de la mano de sus nieto de unos 10 años. Ambos caminaban por la Bolívar hacia la Colón. El niño le decía “es imposible que lo demos vuelta” y el abuelo, con la piel curtida, lo corregía “es muy difícil, pero para San Martín no hay nada imposible”. Nos vemos el lunes, como siempre.