análisis

Bienvenido al Nacional B: San Martín y el primer cachetazo del torneo más difícil

Tras una gran actuación en la primera fecha, las espectativas eran altas, pero la realidad marca que nada será fácil y cada partido es un mundo aparte. El Santo fue más, mereció ganar, pero careció de muchas virtudes del sábado anterior y se tuvo que conformar con un empate sin goles.

20 Feb 2022 - 00:21

“Bienvenido al Nacional B otra vez” o “Primera Nacional”, como le llaman ahora. Así con esa frase te cachetea la cara este partido. Le pega de frente a cualquiera que se pudo haber creído que la cosa podía ser fácil, pero no papá. Acá cada fecha es un parto nuevo que a veces viene mal parido. 

Pero San Martín sabe bien como viene la mano, conoce la categoría porque  ha sido su protagonista en decenas de temporadas. Por eso no llama la atención que tras una presentación impecable en la primera fecha ante Temperley, aparezca una imagen mucho más pálida, más opaca, con menos brillo. Y sobre todo con otro resultado: un magro cero a cero contra un equipo del montón. Suele suceder, es normal esto. 

En este torneo casi todos los equipos parecen, o son, del montón y un montón de veces te complican la vida. Como hoy, que Morón vino a correr, meter con alma y vida, a defender cada pelota y sacar alguna que otra contra cuando pueda. Con eso le fue suficiente para llevarse un punto tan valioso para ellos, como insulsos para el Santo. 

Así es La B muchachos, durísima y no hay quien pueda jugar bien dos partidos seguidos, ni mal tampoco, ¡Ojo! Acá todos juegan más o menos, y se imponen los más contundentes, los que no perdonan, los que tienen oficio en el área rival y en la propia, o como les gusta decir a muchos: los que tienen más jerarquía. 

Hoy a San Martín le faltó un poquito de todo, más precisión en ataque, más creatividad en la gestación, más desequilibrio en los últimos metros. Digo "un poquito", porque de todo eso tuvo algo, pero no alcanzó. Jugó bien por momentos metió contra el arco a su rival, lo desbordó por la derecha y por la izquierda, lo atacó, pero no lo lastimó. 

“¿Ven? Esto es por no traer un 9 de jerarquía”, ya se quejan algunos en el segundo partido, y lo dirán en todos los que no se pueda hacer goles o no se pueda ganar. Es el precio de haber anunciado tanto algo que al final no se concretó.

Ahora será el tema de la semana, pero la verdad que Cano, el 9, sacrificado y movedizo, estuvo lejísimos del gol, pero no solo por él, sino porque no lo sirvieron en ninguna. La semana pasada lo habilitaron y la mandó a guardar, hoy no lo habilitaron nunca. 

“Necesitamos a nuestro público, hoy dimos mucha ventaja en ese sentido”, dijo De Muner en la conferencia de prensa pos partido, y algo de razón tiene, porque el silencio abrumador de las populares vacías que permitía escuchar la voz de mando de Pellerano o el grito “afuera Morón”, del buen arquero Galván, le daban al partido un clima de amistoso, de entrenamiento que no contagiaba  a los 300 Cirujas que desde la platea muy esporádicamente ensayaban un “vamos Santo vamos”. Se extrañó la gente, es verdad. Cómo negarlo.Pero que no se use a la gente, o a su ausencia, como excusa.

San Martín jugó como pudo, ni tan mal, ni tan bien, igual mereció ganar, porque empujó y porque se lo propuso, aunque es verdad que si no fue por Sand podríamos estar hablando de manos vacías y derrota sorpresiva. No pasó y el arquero se llevó las mayores ovaciones de los afortunados plateistas. 

Que Sansotre haya sido el mejor atacante del equipo habla tan bien de él como mal de los otros. El lateral hizo un surco en su banda de tanto ir y venir, metió un tiro en el palo en los que hubiera sido un golazo, dejó de cara al gol a Larralde en el cierre del primer tiempo y le metió centro perfecto a Diego Sosa sobre en el complemento. Impecable él, no tanto los demás. 

Mal la pasaba San Martín que no podía salir de abajo, que sufría a la peor versión de Hernán Lópes que se haya visto con esta camiseta. Entonces, De Muner metió varios cambios, pero principalmente metió EL CAMBIO: salió Prokop, cansado de tanto correr, y entro Tino Costa a jugar parado, pedirlas todas y dar una clase magistral de visión y pegada. 

Tino juega a otro deporte, es otro fútbol, uno que viene de vaya a saber cuál de todos los países por los que anduvo, un fútbol que a veces exaspera y otras veces deslumbra. Hoy fue la segunda: cambio de frente para aquí, cambio de frente para allá, tomala vos, dámela a mí, vos picá que yo te la tiro. Las pelotas salen teledirigidas siempre al pecho o la pie hábil de un compañero. Un guante de seda en esa pierna que cada tanto se desgarra y lo margina de las canchas por varias fechas, pero cuando está, hay que aprovecharlo, porque no hay muchos como él, o mejor dicho no hay ninguno. 

Hoy no alcanzó, ni con 20 minutos de un Tino inspirado, ni con un incansable Sansotre, ni con un seguro Sand. Serán muchas las veces que no alcanzará, porque así es  esta categoría: durísima. Quedan 35 fechas, un montón. A preparase para más de esto: una fecha buena, otra más o menos, y también habrá de las malas malas. Lo importante es pelearla siempre, hasta el final. Así que se venga Deportivo Madryn nomás, a ponerse el casco y prepararse para otra batalla. No queda otra.


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