¿Hay algo que no haga bien? ¿Es acaso el ser humano definitivo? ¿No juega cada vez mejor? ¿No está cada día más fachero? ¿Qué hizo ahora? ¿Qué se sentirá ser como Él? Si hay foto, ¡hay video!
Luis Miguel y amigos.
¿Hay algo que no haga bien? ¿Es acaso el ser humano definitivo? ¿No juega cada vez mejor? ¿No está cada día más fachero?
El señor Luis Miguel Pulga Rodríguez se pasea totalmente sin ropas por esta vida: como Dios lo trajo al mundo, heredero divino, con la pilcha de Atlético o la de Colón, todos los flashes son para él.
Sin lugar a dudas ya ha trascendido los campos del balompié y además de ser el mejor jugador del fútbol argentino por varios cuerpos es el mismo capaz de meterse en un auto para salvar la vida de una conductora que volcó en Santa Fe.
Es el mismo que emociona a un abuelo hasta las lágrimas, el que te saca campeón, el que nos hace llorar cuando le dedica un gol a una sabalera en silla de ruedas. ¿Qué más quieren? Ya durmió en una estación de tren en Europa, ya pasó hambre, ya hizo feliz a Simoca, ¿qué más?
Ahora, como si nada, es actor: sí, y no para la serie que Netflix debe guionarle para contar su vida de película sino para un documental de la historia de la camiseta de Colón.
Sentado como uno más, junto a un par de viejos santafesinos de buen beber y mejor mentir, le da mecha al truco.
¿Cómo le fue en la partida? “Se levantó y dijo que metíamos la uña”, reveló Hernán, quien dio a conocer la historia. Hasta eso hace bien el Pulga: perder contra la pareja de los viejitos de barrio El Pozo, en el corazón profundo de Santa Fe. ¿Cómo no quererlo? ¿Cómo no amarlo?
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