Las lágrimas de Sansotre, la definición de Miritello, el ritual sagrado de la previa, las tribunas llenas y un equipo que cada día ilusiona más. Atrás quedó la derrota en Mar del Plata y ahora con un triunfo tan claro como merecido, el Santo se trepa a la cima de la tabla.
Es sábado, nublado, lluvioso, y no importa, a nadie le importa, para eso están los rompevientos, de KDY, Lotto, Kappa y hasta algún que otro Topper de la vieja guardia. Originales del Santo Store, truchos del Persia o El Bajo, da lo mismo, cada uno ajusta el bolsillo como puede, pero que a nadie le falten los colores sagrados aunque haya refrescado y la llovizna no deje mostrar la camiseta a los cuatro vientos.
Después deja de caer agua y la previa se pone hermosa, tan hermosa que una mamá y un papá que se conocieron hace cinco años en la tribuna Rondeau se animan a llevar al pequeño Lionel de cuatro meses a La Ciudadela por primera vez. Le cuentan la historia en la previa a eltucumano En Vivo: Hasta ahora no habían podido llevarlo porque con Morón el aforo estaba reducido a 300 personas y con Estudiantes de Río Cuarto se jugó de noche, y era demasiado tarde para el bebito.
Lionel vino con el triunfo bajo el brazo, ese que se empezó a construir en los pies de un Larralde que de a poco deja de ser el Iniesta de Varela para ser el Larralde de Ciudadela. Rompe líneas con giros de pura calidad, va para adelante y se pone el equipo al hombro, asume el rol de Tino y lo cumple perfecto.
Lo ayuda mucho Herrera que quita y le da el primer pase siempre redondito, al pie, como mandan los libros del buen 5.
Faltaba la puntada final, la convicción en los últimos metros para atacar el arco, para caérsele encima con la pelota y todo. Le faltó a Escalante que primero no se animó a pegarle un par de veces y que cuando lo hizo le pegó con la gaceta: sin fuerza, sin alma, sin sangre.
Pero Sansotre lee eltucumano, por eso no duda y se la juega, no hay tiempos para tibiezas ni en esta redacción ni en La Ciudadela, por eso se anima, le pega firme con destino de red, hay un desvió y la pelota se mete por el primer palo.
Estalla Ciudadela y Nicolás corre hacia el costado, se desploma, su hijo Felipe lo invade, tiene dos añitos y tuvo que viajar de urgencia con su mamá a Buenos Aires por un problema renal. Sansotre le dedica el gol mostrando una canillera con su imagen, con lágrimas en los ojos y sus compañeros abrazándolo desde todos lados.
Nadie lo merecía más que él, el mejor del equipo en esta primeras seis fechas. Tractor que va y va por la derecha, cada día más criterioso, cada día más convencido de sí mismo, cada día más imparable. Cuatro goles más podría tener en el torneo: Con Morón pegó en el poste, en Madryn se la atajó el arquero del ángulo, contra Río Curato fue pegadita al segundo palo, en Mar del Plata se la atajó Pedro Fernández y hoy entró porque ya tenía que entrar.
Después siguió el dominio, el manejo de la pelota y el pecado de todas las fechas: no terminar de cerrar los partidos, desperdiciar chances y sufrir un poco, porque un poco siempre se sufre.
En el entretiempo sale Sansotre y la defensa entera se moviliza, solo Diarte se queda donde siempre. Orellana pasa de lateral, entra Fernando González y se para de segundo central, Lópes pasa a la derecha. Hay zozobras y algunos pelotazos frontales se vuelven un problema. Por suerte esta Sand que pone el piecito para tapar un mano a mano increíble, era el empate cantado que no cantó nadie.
Pero si del pie de Sand hablamos, podemos decir que él y los centrales exageran en las salidas desde abajo, es evidente que se lo pide el técnico, pero es entonces cuando un rival sin armas preocupantes se vuelve peligroso, porque presiona arriba y alguna que otra roba, porque San Martín no es el City de Guardiola y por más bien que juegue, a veces se equivoca, y cuando se equivoca, paga, como el otro día, por suerte hoy no.
De Muner demora más de la cuenta en hacer una modificación cantada: Prokop por Escalante. Más vale tarde que nunca, la hace y entonces cambia el partido, el Santo recupera la pelota y el aire, Prokop y Larralde se asocian y las posesiones se hacen más largas y más prolijas.
También entran Celiz y Miritello, por Cano y Jourdan, los dos agotadísimos de tanto correr y pelear cada pelota como si fuera la última.
Ahora hay aire fresco. Herrera sigue siendo un pulpo y Larralde el cerebro que pega un freno, amaga con dársela a Celiz, pero levanta la cabeza y tira una puñalada a la espalda de la defensa, para que le caiga a Juan Bautista Miritello, el hombre con nombre y apellido de un cuento de Fontanarrosa, que define como los dioses mandan.
Y ahora no hablemos más de fútbol, hablemos de la fiesta en la tribunas esa que se desata del todo, ya sin nerviosismos ni sufrimientos. “Qué tranquilidad me trajo ese gol”, comenta un hincha, resumiendo lo que sienten todos.
Hay algunos que dicen que el dos a cero es el peor el resultado: ¿Qué saben esos? No hay nada más lindo que ganar dos a cero, liquidándolo al final después de un sufrido partido, de haber transitado por uno a cero chivo, de esos que te pueden empatar en cualquier momento ¡Qué lindo que son los dos a cero por Dios!.
“Pierde Belgrano”, avisa uno de los que ya mira la tabla, en la que ahora arriba de todos está San Martín, con 13 puntos bien conseguidos, y podría tener algunos más si no se hubiera pegado esa siesta en Mar del Plata. Pero ya fue, eso ya quedó atrás.
Los rompevientos que todos trajeron al pedo porque al final no llovió nada ahora se revolean por los aires y al descubierto queda la gloriosa casaca del Santo, de todas las marcas, de todas las épocas y de todos los colores, aunque siempre en el fondo es roja y blanca.
“Volveremos, volveremos, volveremos otra vez porque somos mayoría...”, cantan ahora, sí justo ahora, en la semana de los censos y por algo es. Canto de ilusión, canto de entusiasmo, porque falta mucho, muchísimo, pero que nadie te diga lo contrario: este equipo invita a soñar.