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"Fue un lichamiento": el crudo relato de un árbitro atacado por hinchas en Burruyacú

Sucedió el último fin de semana en una final sub 17 de la Liga Departamental cuando el partido ya había terminado con absoluta normalidad: "Se abrió un portón y entraron a golpearnos salvajemente. Cuando me desperté ya estaba en el vestuario y no entendía nada". VIDEO.

12 Abr 2022 - 23:16

“Cuando me desperté ya estaba en el vestuario, sentado, no entendía nada, no me acuerdo como llegué hasta ahí. Tenía un corte y la cara hinchada. Mis compañeros estaban igual. Estaban a la par mía, les pregunté si estaba bien y nada más. Después vino la ambulancia”, así de crudo es el relato de Samuel Escobar, árbitro que el sábado pasado vivió un verdadero infierno en una cancha de fútbol. 

Fue en la final de la categoría sub 17 de la Liga Departamental de Burruyacú, jugaban Maracaná de La Ramada y La Huerta de Villa Burruyacú en la cancha de Dr Cossio (El Rodeo). El partido había transcurrido con absoluta normalidad y nada hacía prever un final oscuro como el que se vivió.

“Los dos equipos jugaron con total lealtad. Fue un partido ida y vuelta con solo dos amonestado. Los goles fueron de jugada, ni siquiera de penal o tiro libre, no hubo ninguna incidencia del arbitraje en el resultado. Empataron 1 a 1, se saludaron como correspondía y fueron a patear los penales”. 

Una vez finalizado el tiempo reglamentario, Samuel, que estaba de juez de línea, tuvo la primera alarma a la que no le dio demasiada importancia: “Cuando me dirigía al medio de la cancha para juntarme con el juez principal y el otro línea, cayó una piedra grande cerca mío. Fue una sola y por eso sugerí que hiciéramos los penales en el otro arco para evitar que golpeen a alguno de los chicos”. 

Vino la tanda y Maracaná de la Ramada se consagró campeón, como bien podría haber sido el otro equipo. Cosas del fútbol, y de cualquier juego, unos ganan, otros pierden. Nada raro, nada dramático, o que por lo menos no debería ser dramático. 

Samuel y sus compañeros de terna se juntan, se saludan, se felicitan por el trabajo realizado, se dirigen al túnel y en el camino arengan a los perdedores con palabras de aliento: “Les dijimos que levanten la cabeza que hicieron un buen campeonato y una final excelente, que no se pongan mal”, los chicos, que entienden todo mejor con los grandes, respondieron con respeto y agradecimiento. 

Todo parecía terminado, pero un portón que estaba cerrado, y así debía permanecer, se abrió y entró gente que nada tenía que hacer en el campo de juego: “Primero vino una mujer y nos increpó, nos dijo que había perdido por nuestra culpa, por detrás vinieron un montón directamente a pegarnos salvajemente. No fue una pelea ni una agresión, fue un linchamiento”. 

“Yo sentí golpes por todo lados, caí al suelo y de golpe se me apagó todo. No recuerdo más nada, veo en el video que me ayudan  a parar y que camino al vestuario, pero eso no lo recuerdo. Recuperó la memoria a partir de que estoy en el vestuario sin entender nada. Uno de mis compañeros está seguro que le pegaron con una piedra”.

“Nos llevaron en ambulancia y nos hicieron estudios. Pensaban que yo tenía fracturada la mandíbula, pero por suerte no. Ahora nos tenemos que hacer más estudios a los siete días de los golpes y después a los 15 porque la lesiones en la cabeza pueden aparecer hasta dos semanas después de los golpes”, agrega. 

En medio de la patoteada, los dos efectivos policiales son pudieron detener la golpiza y si no fuera por algunas personas que intervinieron nadie sabe en qué podría haber terminado todo: “El señor Gramajo, que siempre nos acompaña a los árbitros, intervino con sus hijos y lograron parar a los agresores. Ellos nos ayudaron a salir sino estaba yo no creo que la hubiéramos podido contar”. 

Samuel tiene 29 años y empezó a dirigir cuando tenía 20 y nunca había vivido algo así: “Es normal que te insulten y muchas veces se te acerca gente, se te ponen cara a cara, pero jamás me habían pegado. Ni a mí, ni a mis compañeros. Nunca habíamos vivido algo así”.

Su trabajo, el de árbitro, está siempre en el ojo de la tormenta y lamentablemente su exposición a la violencia es constante: “El problema es que la gente cree que los árbitros recibimos coimas o tiramos para algún equipo apropósito. Pero nosotros solo estamos trabajando y tratamos de hacerlo de la mejor manera posible. Nos equivocamos y es natural que nos equivoquemos. Se equivocan hasta en los mundiales. Es normal eso, hay jugadas que son muy rápidas y uno decide intuitivamente, a veces por inercia, y a veces cometemos errores. Eso no justifica que nos linchen”. 

“Con los años uno se va acostumbrando a los insultos y a las agresiones, pero la verdad que cuando se cruza límites, te hacen pensar, porque al final uno está trabajando y no hay derecho a terminar así en su trabajo”, finaliza. 

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