Se viene la recta final de un larga temporada, quedan 15 fechas y no hay margen de error ni lugar para los débiles. El Santo lucha, pero no debe ajustar más y aflojar menos para conseguir el objetivo que siempre justifica los medios.
Ya son 22 las fechas que se van a jugando de la Primera Nacional y la temporada, que parecía interminable cuando estaba empezando, ya transita su segunda mitad.
A finales del año pasado, con la continuidad de De Muner asegurada, San Martín empezaba a diseñar el plantel que tendría como principal objetivo el ascenso a Primera División.
A esta altura, no hay dudas de que el equipo, al menos, se mantiene con vida en esa lucha que nadie previó fácil, ubicándose en el segundo puesto de la tabla, lo que le garantizaría, en caso de conservar la posición, el derecho a jugar la semifinal por el segundo ascenso.
Que la campaña es buena es algo difícil de discutir, sin embargo, la diferencia que hoy sacó el puntero Belgrano impone caer en las odiosas comparaciones, por más que los jugadores del Santo suelan repetir que no hay que mirar a los cordobeses sino concentrarse en ellos mismos.
Justamente, teniendo en cuenta esto último, cualquier análisis arroja como conclusión una sensible baja en el rendimiento de San Martín que sigue sumando y perdiendo poco, pero que ya no luce como al comienzo, y tampoco logra hilvanar dos triunfos al hilo desde hace rato, acumulando cuatro igualdades consecutivas en condición de visitante.
Está claro que para descontar los ocho puntos que hoy le lleva el Pirata Cordobés, San Martín no podrá continuar apelando a la media inglesa (triunfos de local y empates afuera), porque con ese récord no le va a alcanzar para campeonar, teniendo como rival a un equipo que viene sacando casi el 80% de los puntos en juego.
Entonces, ¿Qué deberá cambiar San Martín para poder seguir luchando el primer puesto? Por empezar, deberá mostrarse más ambicioso en cada uno de los partidos que afronte de ahora en más, planteárselos a cada uno con la necesidad imperiosa de sumar de a tres, entendiendo que cada punto que se deje en el camino se lamentará.
Si bien el empate en Rafaela terminó dejando algunas satisfacciones sobre todo porque se lo consiguió sobre el final y con un jugador menos, no se puede dejar de decir que se jugó muy mal y que se dejó pasar la oportunidad de ganarle a uno de los peores equipos del campeonato.
Pero más alarmante que el resultado fue la tibieza con la que se encaró un partido en el que ya estaba el triunfo de Belgrano puesto y por ende solo servía ganar. Recién en el segundo tiempo se vieron algunos intentos más o menos loables de buscar el gol, sin que nunca termine de manifestarse la actitud esperable de un equipo que está pelando el torneo y que va perdiendo contra uno de los últimos.
La gran diferencia entre el líder y el Santo radica justamente en la actitud, en el ímpetu, en el hambre de gloria que los cordobeses muestran fecha a fecha, aun luciendo mucho menos que los de De Muner.
Mientras Belgrano se pasa gran parte de los partidos sin dominar, ni controlar a los rivales, pero luego termina imponiéndose en el resultado siempre; en San Martín, en cambio, hay demasiada preocupación en la “identidad” (una de la palabras que más usaba el entrenador cuando todavía hablaba con la prensa), en la propuesta y en las formas, en desmedro del resultado que al fin y al cabo es lo que manda. Cuando el objetivo está tan claro, los medios para conseguirlo deberían quedar en segundo plano.
Entonces, tal vez a veces sea más importante marcar a muerte en un córner para que no te anoten que empecinarse en salir jugando desde abajo incluso cuando están bajo presión; tal vez sea más necesario poblar el área rival de entrada que esperar a ir perdiendo o que queden pocos minutos para hacerlo.
Ya el año pasado, terminó faltando esa chispa necesaria que diferencia a los buenos equipos de los equipos ganadores y por eso no sumó algunos triunfos que hubieran sido determinantes para tener un final feliz, a pesar de haber dominado a casi todos los rivales, incluso al que terminó siendo campeón. Ahora está pasando algo similar.
Es acá donde entra la convicción como condición esencial para convertirse en un verdadero candidato y eso parecen tener los cordobeses: es como si tuvieran conciencia plena y absoluta sobre los que se están jugando y se lo ve absolutamente convencidos en cumplir el objetivo como sea.
Es todavía esperable una caída de Belgrano, puede suceder tranquilamente, sobre todo porque no ha mostrado grandísimas virtudes futbolísticas, el tema es ver si San Martín estará todavía al acecho y podrá aprovecharla, para eso es obvio que no puede dejar escapar ni un punto más.
Por supuesto que está también la otra lucha, al del segundo ascenso. En esa es muy importante terminar lo más alto posible, porque el segundo juega directamente las semis y el tercero juega los cuartos. Ninguna de las dos opciones son despreciables y son varios los equipos que vienen persiguiendo de cerca, especialmente All Boys e Instituto que no bajan los brazos y andan muy bien. En esa pelea, la media inglesa puede ser importante y sumar empates en todas las canchas sí sirve.
Con todo eso tendrá que luchar este plantel que tendrá que mirar para arriba y para abajo a la vez, sin bajar la guardia ni descuidar el objetivo principal que todavía está al alcance de la mano, sin apartarse demasiado del camino pero sabiendo que con esto solo no alcana. Es el momento de pisar a fondo.