Siempre con la mandíbula desencajada, con la boca llena de gol, con el corazón en la mano, el delantero parece un hincha que sabe bien lo que está en juego. El 9 que menos cobra y mejor paga sabe que San Martín es su paraíso y lo quiere aprovechar. VIDEOS
Locura Ciruja.
Festejar bien un gol no es tan fácil como podría parecer, no se trata de hacer coreografías ensayadas que se pusieron de moda en los 90 de las que participan varios jugadores haciendo trencitos, perritos, cunitas de bebés, panzas de embarazadas y todas esas puestas en escenas tan comunes de un tiempo a esta parte. Festejar bien un gol tienen que ver mucho más con el alma que se le pone al grito, con la reacción genuina de un sentimiento que brota desde adentro al haber conseguido algo por lo que se viene luchando, por lo que se viene desviviendo.
No siempre los goles generan estas reacciones esperadas y un ejemplo de esto es el silencio en la corrida solitaria de Solbes en el Bombonera en el año 92, dejando en claro que ese gol no fue tan deseado como otros. A veces pasa también que el goleador es tan frío para definir como para festejar, como el Cani que se tomó un segundo más para dejar en el camino a Taffarel en el 90 y después salió con trotecito suave, con una sonrisita tranquila y una leve sacudida del brazo, mientras más 30 millones de argentinos se arrancaban los pelos desgarrando sus cuerda vocales detrás de la pantallas entre alaridos y lágrimas de emoción.
San Martín hoy tiene a uno de los mejores festejadores de goles que se recuerden por Ciudadela y se llama Juan Bautista Miritello. Por eso cuando salta más alto que ninguno, le saca medio cuerpo a su marcador y clava un cabezazo perfecto que deja parado al arquero, después corre y se zambulle con el pecho en el césped como el Diego en el gol de Palermo ante Perú, emulando un festejo que supo patentar Pascualito Rambert bajo el nombre del “avioncito” allá por los 90.
El delantero acaba de romper una racha de cinco fechas con la pólvora mojada y como aquella última vez contra Tristán Suárez, ahora también lo grita con el alma, mostrando una remera que dice “Jesús te amo” mientras todo el plantel se le tira encima. Lo grita a corazón abierto porque sabe cuánto le cuesta, cuánto ha tenido que batallar para quedar frente al arco, para tener una chance de vez en cuando que no siempre puede aprovechar.
Sabe lo difícil que es jugar para un equipo que no juegan tanto para él, porque su función principal no es la de los 9 finalizadores de otros tiempos, no, para nada. Él no puede pararse en el área a esperar los centros, él tiene que correr, chocar, marcar, presionar, tirar diagonales y ahí sí, tal vez unita le quede y ojalá la meta y entonces el tipo sale con la mirada desorbitada de cara a la tribuna, la mandíbula desencajada llena del grito sagrado, mientras todos sus compañeros le hacen una montaña humana, recompensándolo después de tanta lucha.
Además, Miritello no solo sabe gritar sus propios goles, también es un gran festejador de goles ajenos, como el de Imbert ayer después de una jugada que él mismo había iniciado para luego correr y colgársele del cuello al ejecutor gritando desaforadamente. Esa imagen se repite cada vez que San Martín hace un gol: Miritello llega corriendo con la boca abierta de par en par, como un niño desbocado de alegría en un partidito del barrio, como los hinchas en la tribuna que se abrazan con cualquiera.
Estos gestos del delantero denotan su compromiso con la causa del ascenso y con este momento de su carrera. Pareciera que es totalmente consciente de lo que se está jugando, como si supiera que en pocos lugares te alientan más de 20.000 personas todas las fechas. Todos los años llegan decenas de jugadores al club y pocos logran comprender donde están parados, Miritello parece saberlo desde el primer día.
Según De Muner, Miritello es el 9 que menos cobra de la categoría y hasta esta altura es uno de los que mejor paga porque con ocho goles está entre los principales artilleros del torneo y cada vez que anotó, el equipo ganó: tiene dos dobletes en las dos goleadas del equipo, ha marcado en seis triunfos diferentes (tres de ellos 1 a 0), ha abierto el marcador el en 2 a 0 frente a Sacachispas y aportó el gol que liquidó un duro encuentro ante Almagro. Son prácticamente 18 puntos aportados de manera casi directa. Nada mal.
Al igual que pasaba con Estigarribia el torneo pasado, el estilo de juego que propone la Demunereta le quita brillo a los centrodelanteros que tienen funciones más afuera que adentro del área, generando el espacio para los que llegan por afuera. Aun así, Juan Bautista se las ingenia para meterla bastante seguido, en proporciones similares a atacantes con más credenciales previas (algunos le llaman jerarquía) como Vegetti, Bieler, Servetto y Mateo Acosta.
Formado en la inferiores de Defensa y Justicia donde llegó hasta la Reserva y con un pasó reciente por Talleres de Remedio de Escalda en la B Metropolitana, Miritello sabe bien que Ciudadela es su paraíso, que ser goleador acá no es para cualquiera y que si logra el ascenso escribirá su nombre en las páginas de historia de uno de los clubes más grandes país y eso es para gritarlo con el alma. Y así lo grita.