Con 10 jugadores y sin patear al arco consiguió un empate que en el contexto termina siendo valioso. Infantil expulsión de Herrera que será baja por varias fechas. Las dificultades de un equipo que fuera de La Ciudadela cada día juega peor y al que cada vez le rinde menos lo que propone.
Cuando el árbitro pitó el final, San Martín había acumulado casi 100 minutos sin patear al arco. Un disparo desde la casa de Lucas Diarte que tenía más pinta de centro que otra cosa fue lo más claro del equipo en el atardecer apático de Caseros.
Tibiecito como siempre cuando sale de Tucumán, al menos en los últimos meses, San Martín se dejó copar la parada ante un rival que acumulaba cinco derrotas, un empate y un triunfo en sus últimas siete presentaciones.
La actitud de uno y otro fue muy distinta, ellos pegaron tres o cuatro patadas como para marcar la cancha, mientras San Martín intentaba salir jugando como si fuera la tercera fecha, sin entender que el torneo se va y Belgrano también.
A esta altura, De Muner debería haberse dado cuenta que su equipo toca tanto como lo dejan, y que con solo presionarlo lo complican y lastiman. Pasa en todos los partidos: el Santo siempre sufre más por errores propios que por virtudes ajenas y hoy eso quedó más claro que nunca. Ahí radica el principal problema de los de Ciudadela: tienen una “identidad”, palabra que utiliza mucho el entrenador, que le vienen trayendo más problemas que soluciones y eso está a la vista de todos desde hace rato
Paradójicamente, hoy quedar con 10 le terminó haciendo bien, porque el gol de Estudiantes estaba al caer cuando estaba 11 contra 11: San Martín intentaba salir de abajo, ellos presionaban, quitaban y llegaban, por suerte estaba Sand en el arco. En cambio, con la expulsión de Herrera, el Santo renunció a la tenencia y el local tuvo que tomar la iniciativa y nunca encontró la forma de lastimar, simplemente porque no le dio el cuero. Es decir, cambiaron los roles y el Santo sufrió menos.
Esto deja una duda ¿Qué podría haber pasado si San Martín planteaba un partido con menos posesión, pero más adelante? Es decir, qué hubiese pasado si el equipo simplemente jugaba largo e iba a la segunda pelota y luego presionar la salida de ellos, en lugar de dar mil pases hacia atrás para los centrales cada vez más inseguros. Estas preguntas se aplican a todos los partidos.
Tampoco se entiende si ese empecinamiento por empezar todo de nuevo es una orden irrefutable del DT o es obstinación de los mismos futbolistas que no pueden cambiar el chip en el medio del partido, porque al fin y al cabo son ellos los que tienen la pelota en los pies y por ende los que deciden qué hacer con ella.
Párrafo aparte para el planchazo totalmente fuera de contexto que pegó Herrera ganándose una expulsión inapelable que lo marginó de los últimos 60 minutos de hoy y de, al menos, los dos partidos que vienen. Además, mantiene las cuatro amarillas por lo que es muy probable se pierda algún enfrentamiento más de acá hasta el final. Así, San Martín no dispondría de su jugador más regular en tres de las 13 finales que quedan. Pensar que contra Santamarina De Muner lo había sacado para cuidarlo.
Si bien tras la expulsión el equipo se ordenó y no sufrió tanto, jugar con 10 también lo condicionó en la búsqueda del triunfo que si había estado lejos con 11, con uno menos se volvió una utopía.
Así lo leyó el DT que debió conformarse con no perder y por eso sacó un delantero (Argañaraz) y puso a un defensor devenido en volante de marca (Abregú) con la clara premisa de sostener el orden y el cero en el arco propio a costa de tampoco modificarlo en el arco ajeno. Y no está mal.
Miritello, incansable, se convirtió en un delantero de marca que corría hasta los pocos hinchas de la tribuna, pero que lejos estaba de llevar peligro. Imbert también derrochaba más esfuerzo que fútbol y solo un intento sorpresivo del Diarte exigió al arquero de Estudiantes que hasta ahí no la había tocado.
También entró la Larralde que cuando pudo se asoció con Tino para recuperar la tenencia aunque se por ratitos y sobre el final, Costa pidió el cambio dándole lugar a un displicente Quiroz que perdió las pocas que tocó.
El entrenador se guardó dos cambios y se quedaron sentados Droopy Gómez y Andrada que podrían haberle dado algo de frescura al equipo y quizás generar algún que otro ataque, sobre todo en los últimos 15 minutos cuando Estudiantes ya no tenía piernas.
El propósito de cuidar el arco propio se terminó consiguiendo y San Martín se trae un resultado que si Belgrano no gana, cobrará más importancia. De todos modos, teniendo en cuenta la lucha por terminar lo más arriba posible, sabiendo que Instituto tiene una difícil visita a Chaco, haber sumado un punto de visitante, con uno menos y sin haber pateado al arco, no está tan mal. Sumar de a tres hoy, hubiera sido un premio excesivamente grande.