San Martín ganó en una cancha complicada gracias a un gran segundo tiempo en el que superó a su rival con ganás y ambición. El entrenador supo cambiar a a tiempo su propio mal planteo y los jugadores sacaron el ímpetu que se les venía reclamando. Victoria clave y muestra de caracter de cara a las últimas 11 fechas.
Hay tres jugadores de San Martín con números de dos cifras parados sobre la línea lateral a punto de entrar a la cancha, esperan la orden del árbitro para ingresar a la cancha y jugar el segundo tiempo que todavía no arrancó. Del otro lado de la pantalla hay miles de hinchas que exclaman: “¡Por fin!”, alguno no alcanzan a ver ni quiénes son y menos saben todavía quienes saldrán, pero celebran los cambios, porque eran necesarios después de un primer tiempo flojísimo en todos los sentidos, de los peores de este año.
Esta vez, De Muner se hace cargo de sus errores y entiende que el partido estuvo mal planteado de entrada, con un solo delantero, con dos volantes de contención, sin jugadores creativos. San Martín no renuncia a su idea de salir de abajo en todas, pero esta vez no tiene los jugadores para ejecutarla, porque Abregú y Herrera marcan mejor de lo que juegan, porque a los centrales les cuesta, porque el arquero no es el mismo de siempre, porque los laterales tampoco son los mimos. Entonces los sanjuaninos apuran y fuerzan errores como todos los que apuran, pero esta vez salir largo para un solitario Miritello tampoco es productivo. Todos esto pasa en el primera parte olvidable y revocada por una segunda mitad distinta, por suerte muy distinta gracias a los cambios.
Los que están por entrar son Andrada, Larralde y Droopy Gómez, los que salen son Imbert, Jourdan y Sosa. Son tres cambios, pero también son un mensaje del entrenador: “Perdón muchachos, me equivoqué, ahora busquemos el partido”. Sigue el doble cinco de marca, pero Larralde vuelve a ser el de las primeras fechas y trae el fútbol que no tenía Imbert, Andrada está mucho más picante que Sosa y Droopy, que no termina de despegar, se compromete más con el juego que Jourdan.
A todo esto le sumamos un cambio generalizado de actitud, abandonando la tibieza del primer tiempo y la de últimas fechas, para sacar pecho caliente y hacer pata ancha en una cancha que siempre costó mucho, en la que nunca en la historia se había ganado y en la que ellos llevaban 9 triunfos en los últimos 10. Pero no solo de actitud vive el fútbol, señores, no.
Entonces, cuando Abregú la empalma de zurda para clavarla bien abajo y bien al rincón, estallás del grito atragantado que tenés desde que Larralde le dio al palo 10 minutos antes. Lo gritás con el alma porque sabés cuánto cuesta ganar ahí, cuanto sirve guardarse estos tres puntitos en el bolsillo en esta siesta de jueves.
Ahora sí, con el 1 a 0 hay que aguantar y para eso está la defensa, con un Lópes descolante, con un Abreliano sólido, con un Pellerano experto y con un Carrizo infranqueable, que hoy ataja una impresionante contra el palo y la gritás como un gol y también puteás cuando Quiroz se lesiona y Lópes acumula la quinta amarilla. “¿Quién carajo va a juagar abajo el lunes?”. “Después vemos”, te preguntás y contestás vos solo. “Hay que aguantar ahora”, pensás.
Andrada, que alternó buenos desbordes con muchas pérdidas, engancha y saca un centro al corazón del área, Miritello salta como Cristiano Ronaldo y se lleva puesto todo para liquidar el partido. Ahora el grito viene con alivio, con tranquilidad. Y hay algunos que dicen que el 2 a 0 es el peor resultado.
Ya está, señores, ganó San Martín y dio la muestra de carácter que faltaba, era el día para eso, para agrandarse y volver ilusionarse. No quedan atrás las dudas, ni se instalan las certezas. Es un solo un buen triunfo, un triunfazo. Todavía hay mucho por mejorar tanto en el equipo como en el DT, pero sí hubo una muestra de caracter de los juagdores y también una señal de humildad del DT que supo corregirse a sí mismo y eso pagó con tres puntos de oro. No es poco.
Ahora vendrá Chaco, rival complicado al que habrá que enfrentar con muchas bajas, eso será el lunes y el entrenador tendrá un nuevo desafío: ganar dos partidos seguidos. Mientras tanto, vos te calentás la pava, te preparás unos mates, volvés al laburo y con el celular espias lo que dicen las redes, repasás los goles y te lees todos los diarios, hasta los de San Juan. La sonrisa de oreja a oreja no se te va, porque la vida es mucho más linda cuando gana San Martín.