análisis

Guapeza y carácter: la noche que San Martín volvió a ser San Martín

El Santo lo dio vuelta con corazón y buen fútbol. Apabulló a su rival y justificó largamente el resultado. Contagió a la tribunas y se dejó contagiar por ellas: epidemia de alegría popular en Ciudadela.

12 Feb 2023 - 00:58

“Estoy viendo un equipo que se parece a lo que es San Martín”, dice Pituto Bellomío, hincha con mil años de cancha y una pasión inclaudicable, que como tantísimas veces lo tiene hoy, en el regreso tan esperado, expectante, atento y sobre todo respaldando desde el comienzo. 

Pituto lanza la frase en el entretiempo, con una derrota parcial injusta y dolorosa. Y lo que dice, lo piensan todos, porque en la primera parte, San Martín fue San Martín: presionó arriba, fue al frente y buscó someter al rival con más ímpetu que fútbol, sin tanta vuelta, sin posesiones largas, ni búsquedas del tesoro eternas. Todo más simple, vamos para adelante y buscamos lastimar, en cada dividida nos matamos, si la perdemos corremos para recuperar, si la jugada viene peligrosa la reventamos. Fórmulas más viejas que el fútbol mismo, tan sencillas y básicas que a veces las olvidamos en el fondo de las complejidades innecesarias. Esto es San Martín, acá se mete todo el partido y en Ciudadela se gana, después vemos cómo. 

Sin embargo, eso que el equipo trasmitió en la primera parte y que a todos había conformado, se vio manchado por un gol tan inesperado como aislado de un rival que casi no había pasado la mitad de cancha. Pero el fútbol es así, un centro bien tirado, un arquero que sale mal y un cabezazo de un tipo que está en off side, son una combinación más que suficiente para que te emboquen y a llorar al vestuario. 

Y en ese vestuario, Delfino habrá dicho “Bien muchachos, sigamos así que lo damos vuelta”. Habrá habido también alguna puteada para con el árbitro demasiado permisivo con las faltas; perdonando amarillas a mansalva; anulando dos goles, uno por una falta que habría que ver de Imbert y otro a Verón por un off side dudoso; y, sobre todo, omitiendo cobrar un penalazo del arquero que le erró el puñetazo a la pelota y encontró la cara de Bravo. 

Arranca el segundo tiempo igualito al primero, San Martín ataca de entrada y los árbitros le juegan en contra porque no iban ni dos minutos cuando el mismo juez de línea que se comió el off side en el gol de ellos, no duda en levantar la bandera para anularle un gol a Verón cobrando posición adelantada de vaya a saber quién. Tercer gol anulado. 

Pero no importa hay que seguir jugando y con un Imbert enchufadísimo y un Andrada que crece mucho en el complemento, San Martín va y va, entendiendo que no queda otra y erra varias hasta que por fin acierta: peinada perfecta de Andrada para desviar un centro fuerte de Pombo, la pelota se convierte en un misil que estalla en el costado de la red, imposible para cualquier arquero, incluso para el de All Boys que hasta ahí parecía imbatible. 

La Ciudadela es un hervidero, todo saltan, todos cantan, contagiados por un equipo que empuja y mete contra al arco al rival. “Vamos que lo ganamos”, gritan algunos, lo piensan y lo sienten todos. 

Ingresan Dening y Colazo para refrescar el ataque y lo hacen bien, de entrada se conectan y pero el arquero ataja tres en una: un quemaropa a Colazo, el rebote a Imbert y una chilena de nuevo a Colazo. “¡No se puede creer no quiere entrar!”, reniegan en las tribunas, pero alientan y no dejan de alentar. 

San Martín cascotea el rancho, bombardea el arco, y aunque Colazo erre el mano a mano y el cabezazo de Pombo pegue en el palo, una tiene que entrar y Dening, desde el piso la puntea con el arquero invencible caído y otra vez vencido. 

Faltan 10, gana el Santo hay justicia, hay fiesta y hay que aguantar. Ellos nada de nada, no reaccionan y los defensores de San Martín no regalan una, van al suelo a trabar, rechazan todo lo que se mueve y Bravo se impone en todas en las divididas. 

El triunfo, largamente merecido, ya está en el bolsillo, los tres puntos se quedan en casa. San Martín se hizo fuerte en Ciudadela, ante su gente que no paró de alentar y que ahora revolea remeras mojadas de lluvia por el aire. 

Muestra de guapeza, de carácter que invita a la ilusión, esa a la que cada año el Pueblo Ciruja está abrazado pase lo pase, después habrá tiempo para las desilusiones que nunca faltan, pero para entonces quién te quita lo bailado, porque como dice Lucho Hoyos: aunque demore el milagro a este Santo siempre hay que rezar. 


seguí leyendo