El Santo se impuso a All Boys por la segunda fecha d ela Primera Nacional. Andrada, con un gran cabezazo, y Dening, a lo guapo, le dieron la victoria al equipo de Delfino.
Ese baldazo de agua helada que fue el gol de ellos empapaba más que la tormenta que en ese mismo momento caía en plena Ciudadela. Carrizo había salido mal, quedando a mitad de camino y un tal Pulusa la mandó a guardar con un cabezazo al arco vacío y con la complicidad del juez de línea que no vio, o no quiso ver, el claro off side.
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San Martín jugaba mejor, pero no la metía y la paciencia se disipaba, hasta que Andrada, más guapo que cualquiera, se metió al área sin que nadie lo espere ni lo marque, peinando el centro fuerte de Pombo. La pelota sale tan rápida que hasta la cámara de la trasmisión la pierde de vista y recién se la alcanza a ver con claridad cuando ya está inflando la red.
La Ciudadela se viene abajo, mientras Andrada se trepa al alambrado, en un festejo como los de antes, esos en los que los delanteros se abrazaban a la Rondeau y no la querían soltar.
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“Tanto va el cántaro a la fuente…”, de tanto ir e ir, San Martín, que ya lo había empatado, empieza a ganarlo, porque Colazo queda mano a mano y, aunque la controla larga, llega a puntearla forzando la atajada y el rebote del arquero. Pardo al captura y tira el centro, evitando la tentación que siempre trae un arco desguarecido, Pardo cabecea, la pelota, más caprichosa que nunca, prefiere el palo y el pie del arquero que la red, pero Dening no está para berrinches del esférico y la clava desde el piso y otra vez a alambrado, a abrazarse con al Rondeau y con los suplentes, porque todo el mundo sabe que los goles importantes se festejan con los suplentes.
Dos goles, dos escenas, el mismo final con beso y abrazo, alegría y fiesta, la película de un sábado más, que tras la lluvia y los baldazos, termina con el fuego de la pasión roja y blanca.
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