análisis

Nervios de punta: el milagro que no fue, las heridas graves y la ilusión de siempre

El Santo empató un partido durísimo en el que pudo haber perdido y casi lo gana al final. Perdió terreno en la lucha por el primer ascenso, pero mantiene expectativas legitimas. Se achicaron los márgenes y perdió varios soldados importantes. Aún así, las esperanzas están a flor de piel.

03 Oct 2023 - 12:42

Dos semanitas vas a tener que esperar para saber a ciencia cierta cuánto vale este empate, si suma o si resta, si sirve o no, si impulsa a la final o si obstaculiza el camino hacia ellas. Los sabremos tan pronto que no nos daremos cuenta. Mientras tanto, en tu casa, todavía herido por el gol que no fue de Pío Bonacci, tratás de contar, de hacer las cuentas: “¿Cuántas situaciones claras tuvimos?". Y te das cuenta de algo: fue solo esa del final, ese palo maldito que te ahogó el grito que no merecías, pero que estabas dispuesto a llevar hasta la locura. 

No fue gol la de Bonacci, no hubo, por ahora, milagro del Pontífice del Gol, que viene esperando su chance de jugar y que desperdició una inmejorable. Inmejorable como la de San Martín, que pudo haber quedado puntero a falta de dos fechas, pero para eso debía ganar y para ganar debía atacar, pero atacar todo el partido, no una sola vez cuando ya todo está terminando. 

“No se debe concurrir con atacar”, decía el viejo sabio de Luis Rey y acá le podemos agregar un “no se debe confundir dominar con merecer”. La combinación de un ataque sin peso con un defensa endeble propició que aunque San Martín haya jugado mejor en la primera mitad, Morón haya sido el que más cerca estuvo de abrir el marcador, convirtiendo a Darío Sand en la figura de la noche. 

A pesar del temple, las buenas intenciones y la actitud ganadora, en el primer tiempo San Martín desnudó sus falencias, su falta de talento, su incapacidad para producir desequilibrio, para generar volumen de juego, para crear situaciones claras. Aún bien plantado en una cancha difícil y ante un rival exasperado que solo atinaba a pegar con la anuencia del árbitro, el Santo jamás gravitó y dejó pasar su momento en el partido sin golpear, ni estar cerca de hacerlo. 

En el segundo tiempo la cosa cambió, porque ya no hubo ni tanto dominio territorial de posesión, el partido se quebró y el mediocampo se convirtió en una autopista de tránsito rápido, sin equilibrio alguno. 

Cansado, herido y con varios jugadores al límite, en San Martín se empezaron a notar las fatigas: Ciccolini empezó a perderla todas, Bucca a desaparecer y la delantero, inofensiva, a aislarse más aún. La idea de un triunfo se alejaba, Sand seguía salvando de la derrota y Frontini no reaccionaba. 

Cuando el banco al fin se movió, no hubo ninguno que le cambie la cara al equipo, ni mucho menos: Bordón impreciso, Andrada inexistente, Bonacci falto de fútbol, Prokop intrascendente y solo Enzo Martínez, increíblemente, termina siendo un ingreso positivo. 

Así, sin respuestas ni en la cancha, ni en el banco, pasar del 0 a 0 pasó a ser una quimera y aguantar el empata la única misión posible. Aun así, Bonacci casi anota y trae los tres puntos, pero ni la suerte, ni el palo izquierdo del arquero quisieron que así sea. 

De las ganas, de la actitud, esta vez, no se puede dudar, lejos de aquellas actuaciones donde reinaba la apatía, San Martín mostró coraje para competir en una cancha difícil ante un rival directo y el empate no estaría tan mal si no fuera que sale con dos heridas graves de cara a lo que se viene. 

Las inminentes suspensiones de Abregú (llegó a la quinta amarilla) y la expulsión de Banegas, estúpida e inadmisible a esta altura del torneo, dejarán al equipo sin dos de sus mejores jugadores en un momento clave.  

Lo de Banegas es imperdonable, insólito y repudiable para un futbolista profesional: pegó una piña artera, desde atrás a un rival a falta de dos minutos para el final, ganándose la roja y, probablemente, varias fechas de suspensión. Jugada que empaña su rendimiento en toda la temporada y hasta podría hacer rever las intenciones de comprarlo. 

Así, el nerviosismo que al comienzo parecía exclusivo de Morón, terminó apoderándose de San Martín que jugó buena parte del complemento con un hombre de más y nunca logró imponerse. 

Por un lado, se puede concluir que se sumó un punto en una cancha difícil en una noche en la que se pudo perder tranquilamente y no se hicieron los méritos como para ganar, el equipo mostró carácter al comienzo, se fue diluyendo y terminó nervioso, herido e inofensivo. Las chances de terminar primero siguen siendo muchas, pero no están intactas y ahora ya no hay margen para volver a empatar o perder, y se depende de algún traspié de Agropecuario. 

Por otro lado, se mantuvo a Morón abajo y prácticamente se lo sacó de la pelea que ahora es casi exclusivamente de tres equipos, y el puntito en el partido más difícil que quedaba, quizás termine siendo más valioso de lo que hoy parece. A eso lo sabremos en apenas dos semanas. Habrá que esperar. Ahí estaremos.  


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