ANÁLISIS

¿Otra vez? La gran pregunta que invade a San Martín rumbo al domingo en Ciudadela

Cuando parecía que la página de la vergüenza contra Aldosivi se dejaba atrás y la ilusión asomaba de vuelta, anoche en Mendoza volvió a aparecer la preocupación. Aquel equipo que fue una decepción en la final de Rosario fue el mismo que el que jugó la semifinal contra Gimnasia. ¿Qué pasa?

26 Nov 2024 - 18:43

Una sombra en Mendoza. Foto: CASM Oficial.

¿Y si entraba la última? ¿Hasta cuándo se puede tentar a la tragedia? ¿El empate sirve? Sí. Pero no de esta manera. Al menos no se festeja ni nadie siente que la serie esté cerrada aún con el resultado positivo y la ventaja deportiva que el empate supone. ¿Qué pasa?

Hay formas de ganar. Hay formas de empatar. Y hay formas de perder. La forma de empatar en Mendoza se pareció demasiado a la forma de perder en Rosario. El golpe de la derrota contra Aldosivi volvió a aparecer. Parecía olvidado, sedado, curado, pero el dolor volvió a aparecer.

Cuando parecía que la página de la vergüenza contra Aldosivi se daba vuelta y la segunda oportunidad asomaba, anoche volvió a aparecer la preocupación en San Martín. Aquel equipo que fue una decepción en la final fue el mismo que el que jugó la semifinal contra Gimnasia. 

La única diferencia con Rosario fue el palo del primer tiempo y Darío Sand, único héroe en este lío, número uno y capitán brillante en la más absoluta soledad. Ahora, si alguien cree que con un arquero enorme alcanza para llegar a Primera, se equivoca. Dejándolo todo librado al azar y a las manos del arquero es más probable que pierdas. Y esta vez sí que no hay más margen de error. ¿Cuántas veces el arquero y los palos te pueden salvar? ¿Es que no se ha aprendido nada de la caída de rodillas ante Aldosivi?

La calentura es grande en la mayoría de los hinchas de San Martín este martes. El pase de ronda contra San Telmo parecía disimular el sentimiento de fondo que dejó Rosario, pero anoche las actitudes en el campo de juego volvieron a tocar la paciencia de los hinchas, actitudes que ya no se toleran más, actitudes que volvieron a coquetear con una derrota que te hubiera dejado con el corazón en la boca el domingo. 

¿Para qué? 

¿Por qué no salís a jugar de otra manera? ¿De verdad te intimida Gimnasia? Jugando así, colgados del travesaño, ¿no te das cuenta que la única ilusión que alimentás es la de un rival que vendrá a Tucumán con las mismas limitaciones a buscar la final? Y si hablamos de limitaciones, ¿este plantel de San Martín es el mismo que se llevó a todos los rivales puestos en la zona? No. ¿Entonces qué pasa? ¿Se subestima al otro? ¿Se ha dejado de creer en lo propio? ¿Hay algo más? Es tan raro lo que le pasa a San Martín que las teorías conspirativas más absurdas tienen cabida y habitan el imaginario popular.

Los mismos jugadores que convencieron a los hinchas del ascenso son los mismos que ponen el objetivo en duda. ¿De qué overol habla Flores? Se entiende (se quiere entender) que las críticas serán puertas adentro. ¿De qué partido inteligente habla Dáttola? ¿Qué le pasa a Diarte? ¿Qué le ocurre a Abregú? ¿Dónde quedó Caco García? Fedele se enoja cuando grita un gol contra San Telmo. Cuevas solo habla en Instagram. Arias se molesta cuando le recuerdan la final.

¿Y si vuelven a hablar en la cancha? El fin de semana hubo un registro que fue un modelo a imitar: cómo jugó Racing la final en Paraguay. ¿De verdad hay que buscar ejemplos en otros equipos para despertar a un equipo que en una semifinal de ida vuelve a parecer dormido?

No hay margen para sueños ni mucho menos para pesadillas en San Martín. La búsqueda del ascenso a Primera, la última que queda, tiene que ser una realidad. Y esa realidad se construye de otra manera, no como el planteo papelonesco en Mendoza, de equipo chico, sin respetar la grandeza de San Martín. ¿Ni una vez vas a patear al arco? 

Da la sensación de que se tensa la cuerda. Y cuando la cuerda se tensa solo hay dos destinos: o se da en el blanco o se rompe todo. Hace solo 23 días los hinchas de San Martín confiaban en el ascenso. Hoy, aún con ventaja deportiva y todo, dudan. Y la duda es terrible. La duda te carcome. Por eso la única manera de despejar esa duda, de volver a jugar una final, de convencer a todos de que es posible, de que no es una quimera, es dejándose de joder, de salir a comer al rival en cualquier cancha: en Mendoza, en Ciudadela y, si Dios quiere, en la final sea contra el rival que sea. 

No hay lugar para el titubeo, para el tembleque, para la tartamudez. Hay que hablar en la cancha. El idioma es uno solo: el que se habla en las tribunas y debe traducirse en la cancha. Lo sabe El Traductor. Tiene que saberlo. Ya debería saberlo. Pero con saberlo no alcanza. Tiene que entenderlo. Y tiene que hacérselo saber a los que juegan. Los dirigentes no pueden dejar librado nada al azar. Es muy grande lo que está en juego. Demuéstrenlo. De una vez por todas, demuestren que todo lo que hicieron (lo bueno y lo malo) no fue en vano. La historia todavía tiene una página reservada para llamar a la gloria. Cambien el chip. O la misma historia será la que los juzgue.


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