ANÁLISIS

De Halcones y Palombas: por qué pasa lo que pasa en Atlético Tucumán

Una crisis a cielo abierto estalló ante todos en el Monumental y, detrás de todo lo visto y lo vivido anoche, queda una semblanza de un fútbol que fue y de un fútbol que ya no es. | Por Alfredo Aráoz

21 Oct 2025 - 03:31

La imagen de la noche.-

“Cuando tenés jugadores pesados que toman decisiones es complicado porque entre ellos no coinciden”. La frase pertenece a Aldo Paredes, un aguerrido defensor formoseño que integró el Boca Juniors campeón del 92 marcado a fuego por el título que coronó aquella tarde contra San Martín (y el gol que Solbes no gritó) y un vestuario dividido en dos grupos: Halcones y Palomas. El Beto Márcico, de un lado; el Mono Navarro Montoya, del otro.

Víctor Hugo Palomba fue uno de los mejores jugadores de la historia de Atlético Tucumán. Crack dentro y fuera de la cancha, su melena enamoraba y un talento único heredado del mejor Independiente de todos los tiempos fue el que encandiló al Monumental de 25 de Mayo y Chile.

Junto a Ricardo Julio Villa, Lito Espeche y el Kila Castro formaron el mejor mediocampo de todos los tiempos. Salvo Villa, los Palomba, los Espeche, los Castro, no corrieron con la misma suerte de los jugadores modernos, de los actuales, de los que reclaman premios, de los que en su buena ley ganan su dinero, pero cuyas figuras resultan incomparables en cuanto a salarios y a todas las ventajas que reciben para entrenar, para concentrar (cuando quieren) y para salir a la cancha a brillar.

¿Cuánto valdría Palomba hoy? Al Palomba inmortalizado en La Marcha del Maestro Avelino, ¿cuántos premios deberían darle?

Desmanejos del pasado, pifiadas o aciertos del olvido, hay una imagen que no puede dejar de ser más contrastante: la imagen que dejó el propio Palomba anoche lunes, en la cuadra más importante de Tucumán, la de Congreso al 100, la de la Casa Histórica, y también la del modesto hotel Brisa donde hoy vive Palomba.

Luego de la noche de anoche marcada por los buitres del palco y los cuervos del campo de juego, apenas habían pasado unos minutos de la derrota, todavía Leandro Díaz y Bebe Acosta pagaban con los hinchas el precio de haber no concentrado por tres premios y Palomba, el gran Palomba, la figura Palomba, la leyenda Palomba, se cruzaba al kiosco de San Lorenzo y Congreso para bajar la calentura por la derrota con una Sprite retornable de dos litros.

El hombre, el ex futbolista, la leyenda, el que camina por atriles torcidos de tanta patada recibida en las noches del Viejo y Glorioso Decano, ahora volvía con la gaseosa a sentarse frente a la tele donde con los muchachos (Orlando, el dueño del hotel Brisa, y otros amigos que alquilan la pieza) vieron el partido.

Andá a explicarle a los Palomba lo que es una deuda. Andá a cantarle a Gardel que no concentrás por tres premios. ¿O no es así? ¿La historia no es así? ¿Está historia está mal contada, como dicen Díaz y Acosta? ¿Por qué no la contás como es? ¿Por qué no decís lo que pasa? ¿Se fumaron la plata que reclamás en la campaña para las elecciones? ¿Por qué no les respondés a los dirigentes antes de jugar y (quizás) te ahorrás que los plateístas te tiren billetes? 

San Lorenzo, para no irse tan lejos, hace tres meses que no cobra el sueldo. Los premios, ya ni los reclama. Entonces, las comparaciones con los rivales, con los jugadores de antes, todo te deja en deuda. Pero sobre todo quedás en deuda con la gente que se endeuda para ir a la cancha.

“Respeten al hincha, somos cuatro en la familia los que venimos por partido. No tienen idea del esfuerzo que hacemos para venir aquí”, le decía un padre de familia a las cámaras de La Terna Deportiva anoche a la salida del Monumental.

Hay muchas preguntas para hacerse y, ante el silencio atroz de Pusineri que balbucea respuestas y que dice que no miró las imágenes escandalosas de Leandro Díaz queriéndose pelear con los plateístas, hay preguntas que salen esta mañana.

Una mañana del día después donde, para colmo de males, el presidente Mario Leito chicanea y se jacta de estar cerca de mantener la categoría, de seguir en Primera: “Si ganábamos nos asegurábamos otro año más, ¿no? Ya son 11 años en Primera, ¿no?”.

Que Leito crea, a esta altura del partido, que al hincha de Atlético le conforma solamente seguir en Primera es grave: es no conocer al hincha de Atlético que tanto dice conocer. 

Entonces, volviendo a las preguntas que quedan picando en el aire: ¿era el momento de este escándalo a cielo abierto? ¿Por qué salta ahora el conflicto y no antes? ¿Hasta dónde cede el jugador? ¿Hasta dónde cede el dirigente? ¿No es carísimo el precio que pagó Atlético anoche? ¿Con este clima puede clasificar a los playoffs? ¿O como dice el propio Leito tiene que concentrarse y conformarse con salvarse del descenso?

Con Halcones y Palomas lejos de Tucumán, éstas y muchas preguntas las puede responder y las responderá esa leyenda que vuelve a su pieza de hotel con una gaseosa de dos litros mientras los muchachos juran que no fue por plata en los pasillos del Monumental.

Si tenés dudas, aprovechá que aquí lo tenés. Andá a sentarte con él, con el gran Palomba que sabe de fútbol, de vestuarios y de los famosos códigos. Andá y pedile que te convide un vaso de Sprite y decile que te cuente cómo eran sus épocas, como eran las noches tristes como las de anoche y sobre todo cómo fueron las noches más felices. 

Preguntale lo que quieras. 

Pero sobre todo no te olvides de una cosa: no te olvides de preguntarle cómo y quiénes hicieron grande a Atlético de verdad. 

Víctor Hugo Palomba.

       

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