Ningún Decano olvidará jamás lo que vivió el 7 de febrero del 2017. La trampa de las demoras en los vuelos, las camisetas y botines prestados, la angustia incesante, el mensaje del Diego, los huevos de un equipo inolvidable y un cabezazo para la eternidad. Fotos históricas, el relato de Gustavo Cima y el capítulo de "la gente".
Festejo Decano en Quito. (Foto: Clarín)
Este sábado 7 de febrero se cumplen 9 años de la histórica Hazaña de Quito del Club Atlético Tucumán, cuando clasificó a la siguiente fase de la Copa Libertadores tras vencer 1-0 a El Nacional. Era un partido histórico para El Gigante del Norte, pero todo lo que pasó en la previa del cruce de vuelta lo convirtió en una verdadera hazaña sin precedentes: demoras burocráticas en Guayaquil forzaron al plantel a viajar a último momento, salir a la cancha sin calentar y con camisetas prestadas por la Selección Argentina Sub 20.
Una de las páginas más gloriosas de la historia de Atlético se terminó de escribir aquella noche cuando Fernando Zampedri conectó aquel centro de Fernando Evangelista para festejar con la 9 de Lautaro Martínez en su espalda y conseguir la clasificación a la siguiente ronda tras el 2-2 en la ida en el José Fierro.
El drama Decano tuvo en vilo al país y hasta El Diego alentó al Viejo y Glorioso Decano en la noche que "fue La Selección". El por entonces embajador argentino en Ecuador, Luis Juez, también tuvo un rol central y protagónico. También quedó para la posteridad el fuerte descargo del técnico Pablo Lavallén tras el partido: “Fue descarado lo que nos hicieron, nos pararon un avión en la pista. No sé quien. Entramos a la cancha sin hacer calentamiento, nos estaban amenazando que llegábamos y no jugábamos el partido. Ahí tienen, Dios es justo... ¡DIOS ES JUSTO!", sentenció.
Aquella noche histórica, Atlético Tucumán formó con Cristian Liucchetti; Leonel Di Plácido, Bruno Bianchi, Ignacio Canuto, Fernando Evangelista; Guillermo Acosta, Nery Leyes, Rodrigo Aliendro, Leandro González; David Barbona, Fernando Zampedri. Luego ingresaron Cristian Menéndez, Enrique Meza y Pablo Rosales. En el banco se quedaron Josué Ayala, Favio Álvarez, Javier Mendoza y Luis Miguel El Pulga Rodríguez, ni más ni menos.
Resumen del partido con los relatos de Gustavo Cima
No hay Decano que no se acuerde cómo vivió aquella jornada histórica. En Quito, en Tucumán, en distintas partes del mundo. La histórica noche que el Deca fue la Selección en Quito, quedó reflejada años después en el libro publicado por Rodolfo Gerez Cardozo (periodista, ex integrante de la redacción de eltucumano.com) y Silvio Nava (jefe de prensa e historiador del club), y tiene un capítulo dedicado especialmente a "la gente".
Fragmentos del capítulo 6, "La gente"
Capítulo en memoria de Facundo García, un joven hincha de Atlético que seguía por televisión aquel partido cuando sufrió un infarto.
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El cabezazo de Zampedri que terminó adentro del arco de El Nacional quitó la última porción de cordura que les quedaba a los hinchas de Atlético que habían podido llegar hasta el Estadio Olímpico Atahualpa. Hombres y mujeres, grandes y chicos, amigos y familias perdieron los filtros en el momento de mayor éxtasis de la noche de todos los tiempos. Se tiraban al piso, rodaban por las escaleras, se paraban para saltar, para abrazarse, para llorar un poco y volvían de nuevo al piso, en un instante inmortal en el que la felicidad fue tan grande como el desahogo.
Además de todo lo que sufrieron en la previa del partido, esa reacción podría explicarse a través de un breve viaje al pasado. En la historia más reciente del club, los fanáticos fueron testigos de muchos más tropezones que festejos: los intentos frustrados por subir a Primera en la década del 90, el descenso al Argentino A, los años de peregrinar en la tercera categoría para volver a la B Nacional y un paso fugaz por la élite del fútbol nacional en 2009/2010. Fueron años de encontrar las mismas caras en las mismas tribunas, en las canchas más recónditas del país, persiguiendo siempre el mismo sueño y, casi siempre, con un final para olvidar. Pero ahora era distinto. Había llegado el momento de la recompensa.
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En la localidad ecuatoriana de Cantón Huaquillas, a 570 kilómetros de Quito, unos 58 tucumanos que habían iniciado una travesía de tres días en ómnibus saltaron sobre las sillas de un bar que les cobró una entrada de 5 dólares e improvisó dos pantallas gigantes para que pudieran ver el partido. Llegaron hasta allí con las caras largas y el corazón estrujado, tras haber sido estafados por una empresa de turismo.
A la hora de vender el viaje, la compañía había aclarado que el micro en el que salían desde la Terminal de Ómnibus de San Miguel de Tucumán no tenía los permisos para ingresar a Ecuador, pero que en Tumbes, Perú, los iban a esperar dos minibuses de una firma local para hacer un trasbordo, cruzar la frontera y llegar hasta el estadio. Esos coches nunca aparecieron y, en el afán de llegar como sea, los hinchas pasaron el límite migratorio a pie.
Una vez en el país de los hechos, se subieron a una docena de taxis. El último y desesperado intento para ver al Deca involucraba llegar hasta el Aeropuerto Regional de Santa Rosa, ubicado a media hora de la frontera. Averiguaron por internet el precio del pasaje del último vuelo que les diera tiempo para llegar al partido, hicieron una colecta para que nadie quedara afuera y, una vez que llegaron a la terminal aérea, se enteraron de que era tarde: el avión acababa de despegar.
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Y así como hay hinchas que no llegaron, y otros que dejaron el alma para ver aunque sea el segundo tiempo, hay un grupo mayoritario que estuvo ahí, bancando en la tribuna, detrás de la inmensa bandera que dice “La Inimitable”, el nombre que identifica a la barra de Atlético. Cada uno de ellos guarda en su corazón una experiencia única e inolvidable.
La invasión de estos hinchas a la capital de Ecuador había comenzado tres días antes. En avión, en colectivo y hasta en autos particulares, la gente fue llegando a la ciudad y con el paso de las horas eran cada vez más los que se reconocían caminando por las calles con alguna prenda de Atlético.
El lunes 6 de febrero, un día antes de la noche eterna, la pintoresca Plaza Foch se impregnó de tucumanidad. Cientos de hinchas se reunieron en un inolvidable banderazo para compartir unos tragos y unos cantos, para gritar desde el centro del mundo los himnos de su corazón. “¡Jugaste la liga, y yo juego la Copa!”, el hit del momento, pero también los clásicos de siempre: “Desde que yo nací, yo siempre te alenté, yo lo recuerdo…”.
Fotos inolvidables de La Hazaña de Quito, desclasificadas por Atlético Tucumán en su cuenta de Facebook el 7 de febrero de 2024: