Jorge Larry, ingeniero electrónico, padre de tres hijos y apasionado del running, volvió a demostrar que su forma de vivir el deporte no tiene límites. Desde Concepción, hizo una actuación inolvidable en la maratón más icónica del mundo, siendo el primer argentino en cruzar la meta.
Jorge Larry, emocionado al cruzar la meta en la Maraton 130 de Boston.-
Pelo largo, dorado, sonrisa constante y una energía que parece no agotarse nunca. Es difícil llegar a la pista de atletismo de Concepción y no reconocerlo. Jorge Larry tiene 47 años, es ingeniero electrónico, gerente de producción en una empresa metalúrgica y padre de tres hijos. Pero, sobre todo, es una de esas personas que te inspiran a ser mejor.
Le dicen “El Loco Larry”. Y el apodo no es casual. Aunque lo intente, rara vez sigue un entrenamiento al pie de la letra. Corre a sensaciones: si termina una rutina y se siente bien, la repite hasta no dar más. Algo tan poco convencional como admirable.
Siempre con una sonrisa, siempre motivando a quien se le cruce, Jorge se convirtió en una pieza fundamental en cada entrenamiento. Su fuerza es contagiosa, su pasión innegociable y su continuidad, un modelo a seguir para muchos deportistas tucumanos. Lo hace de puro corazón y de pura cabeza, con mucha pasión, con mucho amor y sobre todo con mucha determinación.
Alegre, empático, amable e inspirador, así lo describen quienes lo conocen. Siempre fue un deportista distinto. Distinto por la pasión, por el amor y por la disciplina que le pone a cada cosa que hace.
Hoy, Jorge es noticia. Y no es casualidad. En la Maratón 130° de Boston, la más antigua y emblemática del mundo, fue el mejor argentino en cruzar la meta con un tiempo de 2 horas y 33 minutos. Una marca de altísimo nivel, con un ritmo de 3:37 por kilómetro durante los 42,195 km.
¿Sorprende? No. ¿Emociona? Mucho.
Desde Estados Unidos, habló con eltucumano.com con la emoción todavía a flor de piel.
"Haber corrido la maratón de Boston es una satisfacción inmensa… En el plano deportivo, es participar de la maratón más emblemática del mundo, la más antigua que aún se corre. Este año se celebraban 130 años, con muchísima historia encima”, contó.
Y agregó: “En lo personal significa todavía más… significa ser consecuente con mis sueños, con mis ideales, con mis valores… aunque sean utópicos, aunque suenen descabellados. Siempre podemos perseguirlos, y creo que nos lo debemos. Es la mayor muestra de respeto con uno mismo y amor propio”.
Sobre su logro como mejor argentino, fue claro:
“Convertirme en el mejor argentino acá no es algo que buscaba ni pensaba remotamente. Sí es una alegría inmensa, porque más allá de que competimos contra nuestro propio reloj, también lo hacemos contra otros miles de locos que tienen la misma pasión. Y eso es lo lindo de esto: ese desafío que nos empuja a dar lo mejor”.
Jorge pasó prácticamente toda su vida corriendo. Desde chico, detrás de una pelota o jugando a la "pilladita" con sus hermanos. Aunque su camino tuvo pausas. “La vida por ahí te va llevando a veces para otros lados. En algunos momentos nos encontramos en automático, haciendo cosas importantes, pero que quizás nos alejan de esos sueños de infancia. En mi caso, la carrera universitaria, el trabajo, la familia… hicieron que esto quedara en un segundo o tercer plano”, recordó.
Pero algo cambió. “Con el tiempo, ciertos eventos te ayudan a mirar las cosas con otra perspectiva, revisar tus planes y ajustarlos. Así volví yo a correr. Para mí es más que un deporte: es una forma de vida, un cable a tierra, a veces terapia. Me ayuda a reafirmar valores como el esfuerzo, la perseverancia, la constancia y la resiliencia”.
Tiene muchísima experiencia y muchas carreras guardadas en el alma y en la memoria. Eso jugó un papel muy importante en esta maratón. Jorge tiene clarísimo en que kilómetro suele sentir dolor, cansancio, fatiga, y en qué kilómetro puede recuperarse. A pesar de eso, contó que esta carrera fue totalmente distinta a cualquier otra que haya corrido alguna vez en su vida.
“La verdad es que cada uno vive las carreras de una manera muy particular. Yo trato de armar un plan, pero muchas veces largo sin estar seguro de lo que voy a hacer, improvisando según cómo me siento. Lo que sí hago es pensar en positivo antes de largar y repasar las cosas que me motivan. Eso te predispone emocionalmente para aceptar el desafío”, explicó.
También repasó los momentos más duros: “En el kilómetro 18 sentí que iba muy rápido y bajé un poco el ritmo para prepararme para las Newton Hills (subidas pronunciadas en el circuito). Cuando llegaron, pensé ‘me preparé mucho para esto’ y las encaré con ganas. Pasar Heartbreak Hill es clave. Después, entre el km 39 y 40, volvió el cansancio, pero ahí ya iba repasando mis ‘por qué’ y mis ‘por quién’ corro, y eso te da un plus de energía que creías que no tenías”.
“Salió una carrera muy prolija. Venía de sufrir muchísimo mi última maratón y eso me motivó a esforzarme tres veces más. Estaba preparado como nunca. Hice un entrenamiento infernal, con muchas horas, muchos kilómetros y mucho esfuerzo”, reconoció.
Y destacó el rol del entorno: “Me siento un afortunado por todo el cariño recibido. Tener gente que te acompaña, que adapta sus planes para ayudarte, que corre una pasada más con vos, que te contiene… eso es fundamental”.
A Jorge no le alcanzan las horas del día para hacer todo lo que le gusta porque, además de correr (doble turno), también es padre, va a gimnasio, hace un curso de fotografía, cursa francés y se divide para estar con su familia. Curiosamente, no se considera una con muchas habilidades, pero sí una persona que le pone el 100% a todo.
“Creo que no soy una persona talentosa, pero sí alguien que le pone el alma y mucha fuerza de voluntad a todo. Tengo una gran capacidad de esfuerzo y determinación”.
La repercusión de su logro lo sorprendió: “Estoy sorprendido de toda la gente que se alegró por esto. No tengo palabras para agradecerles a todos los que me escribieron”.
Finalmente, Jorge dejó un mensaje que atraviesa todo lo que hace: “Mi misión en la vida es aprovechar el tiempo, que es finito. No permanecer ni transcurrir, sino honrar la vida. Tratar de hacer lo que a uno le gusta, animarse, equivocarse, intentar. Porque de lo que más nos arrepentimos no es de lo que hicimos mal, sino de lo que no nos animamos a hacer. El tiempo no vuelve. Entonces trato de vivir así, haciendo lo que me hace bien y dejando un legado de valores como el esfuerzo, la perseverancia, la disciplina y la pasión”.
Jorge pasó por muchos altibajos, pero el momento más duro de su vida fue la pérdida de su padre, a quien le dedicó esta carrera y también las lágrimas en la llegada.