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Las viudas de Eduardo

La historia detrás del nombre del bar "El Árbol de Galeano"

22 Nov 2017 - 20:49

Hace 10 años, pasando con su camioneta, Fernando Ríos se enamoró de una casa vieja que estaba en alquiler en la, en ese entonces, Rivadavia 435. Se contactó inmediatamente con la inmobiliaria para verla y le advirtieron una sola cosa, que lleve casco. Muchos años pasaron sin que esa residencia se alquile, se estaba cayendo de a pedazos. Donde hoy es la sala mayor de teatro eran las habitaciones, esa parte había de demolerla completamente, nunca llegaron a conocer el fondo porque los yuyos eran tan altos lo tapaban. Pero Fernando sabía que tenía todas las cualidades para iniciar un emprendimiento.

La inversión para reconstruir era tan grande que inauguraron al principio sólo la parte de adelante, pero antes de eso contaban con un gran problema ¿Cómo se iba a llamar el lugar? En el frente había un árbol, que en realidad es un arbusto, y Fernando sabía que quería llamarlo “El Árbol de…” pero todas las ideas quedaban muy cursis y a nadie le convencía el nombre. Juan Pablo Piñero propuso un juego, cada uno debía volver a su casa y comenzar a buscar libros y palabras sueltas, pero no encontró algo que le convenciera, frustrado prendió su televisor y comenzó a hacer zapping, en Canal Encuentro estaba Eduardo Galeano, le mandó un mensaje a Juan Pablo diciendo “¿Y si se llama El Árbol de Galeano?, él le contestó “¿Estás viendo televisión?” Los dos estaban viendo el mismo programa y supieron inmediatamente que ese era el nombre.

¿Pero cómo iba a tomar la noticia Galeano? Que utilicen su nombre para fines comerciales. Con Eduardo no tenían relación alguna. Una chica de Uruguay que estaba por un curso de arquitectura paisajística fue a comer un día y notificó al famoso escritor el uso de su nombre. A los 15 días Ríos recibió un mail, con pocas palabras Galeano sólo agradeció y expresó sus ganas de ir a conocer y a “bebermorar bajo las sombras del árbol”. Sorprendido y fascinado por tan hermosas palabras, Fernando nunca se animó a contestar el mensaje. “Intenté contestar mil veces el mail, pero me sentía caer en lugares comunes ¿Qué le puedo contestar  a este tipo? Me deba haber tomado como un irrespetuoso”.
Tiempo después Elena, la esposa de Eduardo y oriunda de esta provincia, fue a comer al bar y pidió si se podía llevar una carta de menú, a los 15 días recibieron un paquete con libros autografiados de Galeano en agradecimiento por la atención que tuvieron con Elena. “Que increíble, del tipo que no le contesta el mail, encima le manda un libro” Fernando sonríe constantemente mientras cuenta esta anécdota.

En 2010 el escritor visitó nuestra provincia por una semana, “no quisimos invitarlo, sentir que tironeábamos de las partes de Eduardo, ni ponerlo en el compromiso de que venga”. El martes se acercaron familiares de Elena a reservar una mesa porque Eduardo quería venir el miércoles a conocer el bar. Compartieron juntos una mesa y se quedaron hablando hasta las 3 de la mañana, en un momento Eduardo lo agarró del brazo y lo llevó hacia un costado “El viernes que viene es el cumpleaños de Elena y queremos venir los dos a cenar aquí, voy a venir con una sola condición, que por favor nos cobren”.
Ese mismo viernes lo volvieron a recibir, les hicieron un lugar para que estén tranquilos. Terminada la cena los invitaron a formar parte y entre anécdotas y tragos recibieron el amanecer.

“Está muy bien merecido el nombre. Un tipo que fue puro corazón, que realmente su fallecimiento nos ha conmovido por la admiración que teníamos por él, por esta relación tan mágica que supimos construir a pesar de que nos vimos tan poco. Y los más impactante fue la cantidad de mensajes que recibí de la gente, casi como dándome el pésame, como si fuese otra viuda de Eduardo”.

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